Martes, 28 de Marzo de 2006

En aquellos días impunes

Francisco J. Chavanel

[Canarias Ahora, 27 de marzo de 2006]

Mi querido Séneca (permíteme que te mantenga en el anonimato al menos hasta que cesen a Parramón): Es curioso, amigo, cómo el amargo acontecer de los tiempos nos demuestra que más segura es una carta arcaica, escrita a mano si es posible, entregada al remitente en su domicilio a través de un propio, que esa abrumadora colección de avances tecnológicos que dejan huella hasta de tus pensamientos.

Me preguntas hasta dónde llegará esto. Muy lejos, Séneca, muy lejos. Después de lo del delegado territorial de Dragados ni siquiera los santiagos están seguros. Un pata negra va a caer, se huele en el ambiente, lo dicen los astros cada noche; esta insensatez de detenciones en cadena, a la vista de todos, como si nosotros, los empresarios, fuéramos delincuentes de alcantarilla, los días en remojo en comisaría, los medios de comunicación que cuentan lo que sucede antes de que pase, todo esto sólo puede terminar en un último acto trágico en el que cualquiera puede ser la víctima, pues muchos cualquiera hablaron con Toñi Torres y fueron acariciados por el viento.

¿Y cuál es nuestro delito? ¿Pagar?… ¿Y qué otro remedio tenemos cuando las condiciones las imponen los “representantes del pueblo”? La gente se olvida que hay un elemento esencial que se llama “financiación de partidos”, la cual ejecutan los denominados “agentes democráticos”, es decir, aquellos que deben vigilar por la decencia y la honorabilidad de actos ajenos y suyos, sin que hasta el momento por parte de alguno se le hayan visto ganas de legalizar la madre del cordero de la corrupción en España.

Piden antes de iniciarse las elecciones. Y nosotros damos. Es más: si no damos, los consejos de administración se nos echan encima. Damos a todas las fuerzas parlamentarias que nos lo reclaman, en función de su representatividad y opciones de victoria. Y si hay celos entre partidos de similar fuerza, porque alguien duda de nuestra equitatividad, ya ha ocurrido que hemos citado a los recaudadores en el mismo sitio, a la misma hora, y todos han visto los dineros que allí se ofrecían.

Esas cantidades las cobran personas de alta relevancia política. El que es honrado lo entregará todo a su organización, y el que no lo es se quedará con determinadas cantidades. Por desgracia más de una vez nos han reclamado financiaciones entregadas en su momento. Contaría decenas de anécdotas. Desde un alcalde al que le paró un empresario de camino al Ayuntamiento y le dijo: “si te pagué 25 millones de pesetas, ¿cómo es que no has resuelto lo mío?”, a un presidente de partido que tuvo que conformarse con la mitad, pues la otra mitad se la quedó por la cara el recaudador.

También existe el concepto “financiación continua”, que es lo que hacen ciertos jefes insulares y municipales durante la legislatura. Te comentan que es para financiar el partido, pero lo cierto es que tú pagas una cantidad por cada obra, concurso, adjudicación directa o amañada, que te dan. A partir de ahí tú pierdes el rastro de tu dinero. Habrá quien lo comparta, y otros que lo guardan para sí. Este comportamiento es general. Amigo, ambos lo sabemos…, a los grandes no nos importa demasiado, pagamos y siempre recibimos más a cambio; pero los pequeños…, para ellos ganar una adjudicación es casi acrobático, digno de un premio circense. Si no pagan cierran, y por eso alguno se pone nervioso y acude a los tribunales. Debemos entender sus tentaciones esquiroles.

De modo que ellos son los corruptores y nosotros los corrompidos. Los tiempos en que acudíamos a su vera a contarles nuestros proyectos, y en un instante circunstancial le sugeríamos la mordida, han concluido. Ahora hay modelos muy sugerentes, dependiendo de la calidad del político. Los grandes optan por el intermediario con conocimientos profundos de la banca internacional, y son ellos los que le colocan el dinero en paraísos fiscales. Cuando no se fían de nadie la operación la cierran ellos en persona. Es sencillo. Te dan un número de cuenta y tú colocas la pasta allí. La operación más sensata, la que apenas registra rastro, es la que se efectúa entre bancos extranjeros. De ahí que las operaciones con multinacionales sean tan perfectas, y tan amadas por la aristocracia política.

En fin, Séneca, existen muchas variantes. Sin embargo, lo que hemos sabido con los asuntos Eólico y Faycán es barriobajero y descuidado. Hasta cerraron operaciones en restaurantes. Sólo por ello, por su estupidez, debieran de ser condenados. Ah, ni se te ocurra pagar nada ahora. Aguanta.

Firmado: Norlito Pinto.