Miércoles, 29 de Marzo de 2006

No hay prisa

Josechu Pérez Niz

No se preocupen, ellos no tienen prisa. Hassan no la tiene, y menos aún Coulibali. Ellos, subsahariano y guineano, no tienen prisa. Volverán a sus países. Verán el pasado que deseaban olvidar. Esperarán a ahorrar unos cuartos. Tardarán tanto en reunirlo, y tan pronto lo desembolsarán al patrón de la barquilla. Y probarán, otra vez, suerte. Resultará la cuarta tentativa en busca de la fortuna. O la décima. Qué más da. Cuatro, seis o diez viajes jugándose la vida se resumen en una máxima: “A ver si hay suerte”.

Suerte para que no los pesquen. Suerte para contactar con alguno de los suyos. Suerte para ser explotados durante el tiempo que haga falta. Suerte para compartir piso en Arrecife con otros diez buscasuertes. Suerte para amontonar unos dinerillos, enviar parte de éstos a los suyos que siguen allá y soñar con los pocos cuartos que puedan ahorrar. Suerte para comer tres veces al día. Suerte para, cansados de una semana de sol a sol, con el pico y la pala, mover las caderas un rato en cualquier terraza al ritmo de una cumbia o una samba. Y suerte para, con el tiempo, poder echar raíces, papeles en mano, y clamar un vigoroso: “El futuro no es lo que era”.

Sin embargo, es muy posible que Hassan y Coulibali no tengan fortuna y se les trinque en alta mar, después de seis días de travesía, soñando a duras penas con la posibilidad de tener suerte. Y que, acto seguido, sean trasladados a Puerto Naos por Salvamento Marítimo. Y que, vivas a España y señales de la victoria mediante, pasen a disposición judicial. Y que, comprobadas sus procedencias, sean trasladados a Guacimeta donde unas camas mal apiladas, cuatro paredes, un váter a todo meter y un par de duchas serán sus principales acompañantes durante los 40 días de retención. Un mes y diez días de convivencia, si a ello se le puede llamar convivencia, y los meterán en un avión con destino al lugar del que partieron en barquilla hace, pues eso, 40 días aproximadamente.

La espera en Lanzarote no cuenta con un espacio digno. La pasan en el Aeropuerto. Pocos han podido ver la infraestructura. No la he visto, pero la imagino: Infraestructura, un decir. Hoy nuestras autoridades debaten a trompicones qué municipio será el encargado de acoger en su suelo el futuro, si llega, Centro de Internamiento de Inmigrantes. Una infraestructura digna, que hará más llevadera la espera de los 40 días previos a la extradición. Oyendo a nuestros responsables públicos, parece que debaten sobre dónde debe depositarse un paquete de papas podridas.

Hassan y Coulibali deben ser eso, papas podridas, huevos chuecos, unas zapatillas destartaladas, un traje de nochebuena desfasado, una lavadora estropeada…En suma, unos trastos, material inservible.

Juzguen ustedes mismos. El Centro de Internamiento (CI) tenía un destino inicial, Güime. Hace medio año de este debate, seis meses, 180 días. El grupo de gobierno de San Bartolomé se opone porque, dijeron hace seis meses, el Delegado del Gobierno, Marcial Martín, lo quería imponer sin consenso. En busca del consenso piden clemencia al Cabildo. Y ella, tan humana, los acoge en audiencia. Ni una solución.

Pasa el tiempo y algunos vecinos de Güime proclaman que en su pueblo no quieren un Centro de Internamiento. Inés Rojas deja caer la alternativa de Tahíche. Su compañero de partido y teniente alcalde de La Villa manifiesta en Diario de Lanzarote el sábado pasado que Teguise se opondrá enérgicamente a albergar el CI. El lunes Inés Rojas cambia de opinión: Rojas optó por “aprovechar alguna de las infraestructuras existentes” en el aeródromo para construir un centro “mínimo”, pero con “la mejores garantías humanitarias”, sigue informando Diario de Lanzarote. A la misma hora en que se producían estas declaraciones de la presidenta, el consejero de Política Territorial, Carlos Espino, consideraba, por el contrario, que la alternativa más adecuada “sigue siendo Tahíche”.

Afortunadamente, Inés Rojas aclara algo el asunto: en tono conciliador, apostilla la crónica del diario electrónico, la presidenta apeló a la “serenidad y la tranquilidad” para lograr un acuerdo entre todas las instituciones para que no se juegue políticamente con un tema tan delicado. “No actuaremos en contra de la opinión de nadie. Pero es lógico que si los vecinos de Güime no quieren el centro en su pueblo, el resto se niegue ahora a aceptarlo. No debemos entrar en este tipo de discusiones”. ¿Serenidad y tranquilidad para lograr un acuerdo entre todas las instituciones? Pero si hace unos cuatro meses que se reunieron y todavía espera el dinero para construir el Centro de Internamiento.

Güime, Tahíche, Guacimeta. Es posible que logren el acuerdo unánime de ubicarlo en Guacimeta, ese centro mínimo, pero con las mejores garantías humanitarias, como señala Inés Rojas, es decir, que desechamos un espacio confortable, digno y con las mejores garantías humanitarias, y AENA se opone. En ese momento, es posible que el argumento empleado por Rojas no se vuelva a utilizar. AENA no vota, los ciudadanos de Guime y Tahíche sí. AENA huele a los madriles, Teguise y San Bartolomé es lo nuestro.

Y pasa el tiempo. Y Hassan y Coulibali han tenido tiempo, casi, para dos viajes en barquilla jugándose el pellejo. Tiritando de frío, a escasas millas de Lanzarote, soñarán con la suerte. Es posible que la tengan. Te la deseo, Hassan. Te la deseo, Coulibali. Sin embargo, también puede pasar que no tengan suerte. Y acabarán, nuevamente, en la pocilga de Guacimeta. Donde esperarán otros cuarenta días para ser deportados. Mientras, Inés Rojas, Carlos Espino, Domingo Cejas, Miguel Martín y el resto de autoridades se romperán la cabeza, mareando la perdiz, en la búsqueda del consenso. No se estresen, Hassan y Coulibali no tienen prisa. Ninguna. No quieren el Centro; necesitan suerte. Así que no se agobien.

No sólo de vergüenza ajena debe vivir el hombre. Si fuera un poco decidido, ya me estaría organizando para reunirme con unos cuantos y manifestar mi repulsa ciudadana ante tanto despropósito y tanta gilipollez.