Jueves, 30 de Marzo de 2006

Participación

Jorge Marsá

El lunes se publicaba en Diario de Lanzarote una entrevista con Francisco Déniz, «uno de los impulsores» de la agrupación de electores ‘Sí se puede’ que, según el diario, intenta reproducir en Tenerife el ejemplo de Alternativa Ciudadana en Lanzarote. Y el titular de la entrevista era ciertamente rotundo: «El modelo político en Canarias excluye, no atiende a las necesidades ciudadanas». Como se ve, estamos ante la ya habitual reivindicación de la participación ciudadana, que, a lo que parece, es excluida por el modelo político imperante en el Archipiélago.

Nos deja en la duda el entrevistado sobre cuál sea la diferencia entre el modelo político canario y, por ejemplo, el que rige en Murcia o en La Rioja. Y, la verdad, no alcanza uno a ver las diferencias existentes entre esos modelos u otros próximos y no tan próximos, pero es de imaginar que sabrá Déniz a qué se refiere aunque no nos lo diga.

En cualquier caso, lo que a tenor de la entrevista parece quedar claro es que el modelo político canario excluye la participación de los ciudadanos, por lo que no atiende sus necesidades. Suena un poco excesivo, desde luego; aunque resulte incuestionable que la inmensa mayoría de los ciudadanos no participa en la gestión de la cosa pública en Canarias. Así que quizá tenga razón el tinerfeño, y el que sean tan pocos los que participan quiera decir que el modelo excluye la posibilidad de que los ciudadanos lo hagan.

Y si ese es el punto de vista, me gustaría sumarme a la denuncia del entrevistado añadiendo algunos otros modelos que deberían ser cuestionados por idéntico motivo. Puedo afirmar, y con conocimiento de causa, que el modelo político de la comunidad de propietarios de la finca urbana en la que vivo excluye la participación ciudadana, porque ahí no participa ni un alma. Y lo mismo vale para el modelo político de la Asociación de Padres de Alumnos del colegio al que en tiempos asistía mi hijo, que excluía la participación, porque apenas pasaba nadie por allí. Qué decir de las asociaciones vecinales de esta Isla, que excluyen la participación de tal forma que casi puede afirmarse que los vecinos son en ellas especie desconocida. Estuve unos años en el grupo ecologista El Guincho –antes de que desapareciera, claro–, y aparte de los integrantes de su Junta Directiva, y no todos, no pasaba ni Dios por aquel local, y no lo harían, supongo, excluidos por el modelo político de la asociación. Y aquí me paro, porque los ejemplos serían interminables.

No obstante, lo realmente curioso es que lo mismo ocurre con el ejemplo que inspira a Francisco Déniz, con Alternativa Ciudadana, cuyo modelo político debe excluir también la participación de los ciudadanos, porque a las asambleas de este partido tampoco parece que acuda apenas nadie. En realidad, más o menos el mismo número que asiste a los comités dirigentes del resto de los partidos de Lanzarote.

Cierto que en ese modelo hay una diferencia sustantiva con respecto a los demás partidos: el componente asambleario. Y la diferencia estriba en que, como sabe cualquier conocedor de la historia política contemporánea, la asamblea ha tenido un papel destacado exclusivamente en los contextos políticos en los que la democracia brillaba por su ausencia (o en grupos humanos de reducido número). La razón debería ser obvia: la asamblea funciona medianamente cuando quienes la integran muestran una gran afinidad en sus ideas y objetivos políticos; por el contrario, cuando se contrasta el pluralismo de las ideas y de las propuestas, la asamblea no sólo se muestra escasamente funcional, sino incluso contraproducente desde el punto de vista democrático, por constituir un instrumento mucho más fácil de manipular por demagogos y populistas que los comités o congresos reglados de los partidos más tradicionales.

Resulta evidente que los partidos o los «modelos políticos» no se caracterizan por facilitar la participación de los ciudadanos. Y estoy de acuerdo en que algo mejoraría nuestro sistema político si lo hicieran los mecanismos que permitan participar a quienes lo deseen. Pero lo que debería estar más claro que nada en esta historia es que los ciudadanos son los que son, y no los que le gustaría a Francisco Déniz que fueran. Dicho de otro modo, que por muchos mecanismos de participación que se instituyan, y por acertados que sean, la gran mayoría de la ciudadanía continuará ejerciendo su derecho a no participar en la vida política, y preferirá, como prefiere, delegar en los profesionales de la política la gestión de la cosa pública.

Nos guste o nos disguste, esa es la realidad. Y tiene toda la pinta de seguir siéndolo durante mucho tiempo, porque la virtud que determinadas ideologías políticas le exigen a la ciudadanía, su deber de participar, choca, y a veces frontalmente, con la forma en que tan a menudo los ciudadanos ejercen sus libertades individuales: eligiendo no participar.

En cualquier caso, ya sabemos en Lanzarote lo que significa ese acento en la participación ciudadana como seña de identidad de un nuevo proyecto político: que se está escondiendo el partido tras la cortina de la participación. Y practica Francisco Déniz la misma «ceremonia de la confusión» a la que hemos asistido en esta Isla, y por eso nada queda claro en la entrevista, y por eso se entremezclan plataformas y colectivos (Asamblea por Tenerife, ‘Sí se puede’ y Alternativa Popular Canaria) que confunden al lector. En fin, que vuelven a vendernos como novedad la vieja moto del partido político de nuevo tipo. Y vuelve a ser el mismo que en Lanzarote. Si quieren saber cuál es el proyecto que se ofrece, acudan al sitio web de quienes están montando el partido, el de Alternativa Popular Canaria, y comprueben que en su página de enlaces, entre lo que denominan «organizaciones amigas», sólo ha encontrado cabida una de allende las fronteras del Archipiélago-nación: Esquerra Republicana de Catalunya. Efectivamente, ya sabe usted de qué Alternativa y de qué participación estamos hablando.

[PD. Quizá tenga sentido aprovechar el momento para elucubrar algo más sobre la moda de la participación, que lo mismo vale para un roto que para un descosido, para el Déniz de allí como para la Déniz de aquí, así que veremos si en próximos días encontramos alguna idea que colgar en este blog.]