Viernes, 26 de Mayo de 2006

EL PTEOT, ‘entre buenos y malos’

Pedro San Ginés

Pareciera que algunos ilustrados del pensamiento profundo se empecinen en simplificar el debate como una lucha entre “los buenos” que se arrogan en exclusiva la conservación del territorio y “los malos” a quienes nos atribuyen por principio la depredación del mismo, lo cierto es que, al margen del cúmulo de contrastados errores, incongruencias y falsedades de “los buenos”, el redactor del PTEOT explicó hasta la saciedad la senda de insostenibilidad en que ha entrado la isla en términos de consumo de agua, energía, tratamiento de residuos, etc., la no sustitución de oferta alojativa obsoleta, la falta de modulación del crecimiento por incumplimiento de su ralentización, la disminución del gasto medio por turista, la pérdida de rentabilidad del sector, el incremento de población impulsada por la construcción no acompañada de un incremento del número de turistas como hasta ahora, fundamentalmente por la falta de desarrollo de equipamiento diferenciado. ¿Cuánto tiempo más de meditación se precisa?

En definitiva, lo que a todas luces sólo cabría calificar de rotundo fracaso en el logro de los objetivos planteados por las políticas de gestión del territorio llevado a cabo en los últimos ¿15 años? –que supongo no eran precisamente esos– por parte de quienes han tenido la responsabilidad en esa materia, probablemente no tanto por falta de voluntad, como por la falta de instrumentos de control de cumplimiento de las normas, donde la responsabilidad es, esa sí, ciertamente compartida por distintas administraciones sin que ninguna pueda sustraerse de ella. Podríamos pues concluir que, o bien el análisis de la realidad es erróneo, o incontestable el diagnóstico de fracaso. Máxime si a ello le añadimos la falta generalizada y patente de consenso en todos los órdenes, y los múltiples contenciosos urbanísticos que mantienen en jaque permanente a distintas corporaciones municipales y al propio Cabildo.

Fracasos y responsables aparte, el tremendo aparato de “los buenos” pretende ahora confundir y hacer creer a la opinión pública que la Presidenta y todos los demás aspiramos sólo a abrir el debate especulativo de la oferta de ocio en suelo rústico, cuando la realidad es que quien únicamente ha sido acusado directamente de ello y de proponer hoteles y tremendas instalaciones en 1.5 millones de metros cuadrados de suelo rústico, es el propio equipo redactor y consejero del área –-tal vez atinadamente– sin que ese particular haya sido desmentido de forma clara. La verdad es que me resulta un insulto a la inteligencia pensar que, tal cual están las cosas, a un alcalde se le pase siquiera por la cabeza la posibilidad de que prosperase tamaño atrevimiento si no fuera con la anuencia del Cabildo Insular. Lo que se cuestiona aquí es ¿por qué sí a la oferta de ocio que aparece en el PTEOT y que no ha sido consensuada absolutamente con nadie por más que fuese en suelo turístico que no lo es?, o al menos eso denuncian la totalidad de los alcaldes o ¿por qué sí a los acuerdos con determinados promotores obviando discriminadamente la posibilidad de hacerlo con el resto?

No sé si algún empresario se está frotando las manos por si las cosas cambian de manos, como no sé si algunos ya se las han pelado de tanto frotar estando en manos de quienes han estado casi tres meses desde que se culminó el PTEOT sin ser presentado siquiera al grupo de gobierno, y como no lo sé, así como “los buenos” acusan sin fundamento, también “los malos” nos hacemos preguntas fundamentadas. Lo que sí sé es que ni a la Presidenta, ni a quien escribe, ni a tantos y tantos otros que así pensamos, nos mueve otra cosa distinta que consolidar a futuro la industria que a todos nos da de comer, conjugando inteligentemente desde una perspectiva insular los distintos intereses municipales, sociales y empresariales, mediante el tan traído y llevado, como nunca alcanzado, “Pacto Insular por el Territorio”, efectivamente desde las coordenadas de restricción y mínimo consumo del territorio que normativamente siempre nos ha caracterizado, pero desde el consenso y la seguridad jurídica que siempre nos ha faltado.

En tal sentido, sinceramente creo que pueden estarse dando las condiciones para que no se esté tan lejos de ese objetivo, y que se ha planteado un conflicto que tiene que ver más con las formas y las banderas políticas que algunos quieren capitalizar, que con el fondo. Claro que a lo mejor soy simplemente un ingenuo soñador, pero si algo es seguro, es que sencillamente no es posible alcanzar consenso alguno sin ni siquiera intentarlo. Ése es el reto responsable que algunos sí queremos asumir aunque se nos tache de terroristas medioambientales y depredadores del territorio por ello.

Y si eso implica un cambio en torno a quién o quiénes deben liderar ese proceso como “los buenos” tanto temen, pues permítanme pensar que no sólo no veo donde está el trauma en ello, sino que además pareciera lo conveniente si ha de servir para alcanzar los objetivos tal cual se proponen y no los que otros nos quieran imputar, despejando como vengo defendiendo, que ni los autopostulados como “los buenos” –-aunque lo sean-– son necesariamente los más inteligentes o acertados, ni quienes somos para ellos “los malos” depredadores del territorio pretendemos llevar a la isla a la destrucción total a la que sí nos llevaría, de ser cierto, el propio diagnóstico de “los buenos”. No obstante, insisto en apelar a la presunción de buena intención de “buenos y malos” mientras no se demuestre lo contrario.