Miércoles, 31 de Mayo de 2006

Ocios alternativos

Fernando Marcet Manrique

Hablemos un poco de ocio alternativo. U otras alternativas de ocio, que viene a ser más o menos lo mismo. Reflexionando un poco sobre ello, se me ocurren unas cuantas que no tienen nada que ver con verdis ni grines. No se si interesarán tanto, tampoco estoy seguro de cuáles son las características que han de tener para interesar. Oyendo a Mario Pérez el otro día en Lanzarote Televisión, comentaba que cuando uno sale de turismo por ahí lo que busca no sólo es un buen hotel donde alojarse, que también, sino sobretodo una buena oferta de ocio donde ir con la familia. De ahí la importancia, concluía el señor Pérez, de que en un plan como el PTE se incluya un concepto tan crucial para el turismo como es el ocio.

Indudablemente, no hay ningún pero que objetar a este razonamiento. La mayoría de políticos tienen esa rara habilidad, nada desdeñable, que es la de convencer argumentando y luego decepcionar actuando. Pongo un breve ejemplo: el señor Pérez explicitó la importancia del ocio alternativo como la posibilidad de tener un lugar al que llevar a los hijos, y sin embargo a mí no se me ocurre que nadie lleve a sus hijos a pasar un agradable día jugando al golf. Se me dirá que la oferta de ocio alternativo no consiste exclusivamente en campos de golf. Es cierto, también están los puertos deportivos. Otro magnífico lugar al que llevar a tus hijos para pasar el día… sobretodo cuando no tienes barco. Se me dirá que no sólo están los campos de golf y los puertos deportivos. ¿Ah, no? ¿Dónde están esos otros proyectos entonces?

Lo que a la inmensa mayoría de la población mosquea, por decirlo suavemente, es que se huele que eso de “ocio alternativo” no es sino un eufemismo de otra cosa con un nombre mucho más feo: pelotazo urbanístico. Dicho así, con todas sus letras. Porque si realmente se tratara de ocio, si de entretener fuera el asunto, se habrían propuesto otras alternativas. Otras opciones mucho más adecuadas para que los turistas, y los mismos lanzaroteños, puedan pasar un día entretenido, a poder ser sin que les cueste un ojo de la cara. O incluso aunque les cueste un ojo de la cara.

Parques, por ejemplo. No existe en toda la isla, y digo bien, en toda la isla, un parque digno de llamarse así. He vivido en Huelva, y allí había parques. Parques de verdad, con sus árboles, césped, canchas de baloncesto, de fútbol sala, pista de tierra para hacer footing… Y estoy hablando de Huelva, no de Nueva York. Estuve en Córdoba, y había parques. En Gran Canaria hay parques. Fíjense, estuve el otro día en Tenerife, y en un pequeño pueblo llamado Bellavista, un lugar no mayor de lo que puede ser Famara, había un gran parque en el que te podías tumbar ricamente a la sombra de un árbol.

Más ocio alternativo. Museos. Hay mucha gente que cuando viaja lo primero que hace es descubrir los museos que puede visitar. Es cierto que en este apartado estamos algo mejor que en el de parques, pero invertir en museos no es tirar el dinero a la basura jamás, especialmente si son buenos museos.

Más ocio alternativo. Teatros, cines, auditorios. Lo de los días C está muy bien, pero ¿por qué estamos obligados a salir de nuestra isla si queremos escuchar una ópera, aunque fuera por curiosidad? Es obvio que hacen falta más salas de Cine, demanda existe ¿Por qué no las hay entonces? ¿Por qué tenemos que esperar a que las películas lleguen al videoclub para poder verlas? Todo esto es ocio, no sé si alternativo, pero sin duda ocio.

Aunque de todas ellas, la mejor alternativa de ocio para la isla de Lanzarote es precisamente esa que ha demostrado su eficacia en todo este tiempo. La misma isla. Sus volcanes, sus playas, su Cueva de los Verdes, su Mirador del Río. Cuando los alemanes vienen, o los ingleses vienen, es porque otros alemanes y otros ingleses vinieron antes y les dijeron que estuvieron en un lugar diferente, un lugar en el que había unos paisajes volcánicos sorprendentes, así como unas atracciones turísticas, diseñadas por un tal César Manrique, que por sí solas hacían que el viaje valiera la pena. Entonces incentivemos eso, cuidemos eso ¿Será posible que desde que desapareciera César no haya habido ningún proyecto semejante, que tomara la misma isla como base fundamental y que valiera la pena hacerse? No me lo puedo creer. Seguramente habrá habido proyectos. Lo que pasa es que no han interesado. O no se ha insistido suficientemente en su elaboración. Porque yo soy de los que piensan que César era un gran genio, pero también un gran cabezota. Tal vez necesitemos no tanto al genio como al cabezota.