Miércoles, 28 de Junio de 2006

No a la Italia plural

Jorge Marsá

Los italianos han votado en su referéndum contra la propuesta de la Italia plural. Como decía la crónica de ayer de El País: “Italia rechazó de forma tajante la nueva Constitución federalista propuesta por el centro-derecha”. Esa es la gran diferencia con nuestro país, que es la derecha, la Liga Norte y Forza Italia, la que propone la Italia plural.

Nada más lógico que sean Bossi y Berlusconi quienes hagan el papel que en España defienden nacionalistas y socialistas. Lo de aquí es lo raro, que sean, por ejemplo, los socialistas catalanes los que aboguen por limitar la solidaridad de las regiones más ricas hacia las más pobres. No extraña que Bossi declare que “en las zonas más avanzadas del país se ha impuesto el , mientras ha votado no la parte que sigue creyendo en el asistencialismo”. Francesco Speroni, eurodiputado de la Liga Norte, es aún más claro: “Los italianos dan asco, han ganado los que quieren vivir a cuenta de otros”. Cuánto parecido con las declaraciones que en su momento hicieron Maragall y Castells.

Continúa resultando lógico que las regiones más ricas de Italia, Lombardía y Véneto, hayan votado mayoritariamente a favor de una descentralización administrativa que disminuyera su aportación a la caja común. Es lo mismo que sucede en España con Cataluña y el País Vasco. Por el contrario el no fue abrumador en Calabria, Campania y Sicilia, en las regiones más pobres del país. Lo que resultaría más difícil de entender es que las regiones más necesitadas se empeñaran en sumarse a la carrera identitaria, a trocear un poder central que no puede más que beneficiarlas; exactamente lo que ocurre en España.

Y es que en Italia las posiciones de las distintas fuerzas políticas con respecto a lo que conocemos aquí como el problema territorial parecen bastante más congruentes con sus postulados ideológicos: el nacionalismo de las regiones ricas, la derecha de la Liga Norte, es quien más decididamente apuesta por la solución federal; la derecha de Berlusconi se presta a apoyar esa vía, aunque sin tanto entusiasmo; el centroizquierda que ha propugnado el no se muestra partidario de una solución menos radical; y la izquierda se niega como gato panza arriba a abrir el melón constitucional para que se ponga en cuestión la solidaridad entre regiones y la igualdad de todos los italianos.

En fin, que nada que ver con lo que pasa por estos lares, en los que la izquierda, moderada o radical, se entregó hace tiempo a la obsesión nacionalista, es decir, que abandonó en parte su tradicional lucha por la igualdad para aceptar el combate nacionalista por las diferencias entre los ciudadanos según a qué región o cultura pertenezcan. Y al contrario que en Italia, aquí se llaman progresistas los defensores del viejo tradicionalismo reaccionario que pone el acento en la diversidad cultural y en supuestos derechos históricos que tan mal se llevan con cualquier proyecto realmente progresista, esto es, democrático e ilustrado.