Miércoles, 28 de Junio de 2006

Nuevas perspectivas

Ángel Tristán Pimienta

[La Provincia, 27 de junio de 2006]

A trancas y barrancas, Gran Canaria ha ido adaptándose a las nuevas tendencias turísticas, aunque bien es verdad que no siempre lo ha hecho a tiempo, y como se supone que debe hacerse en un negocio tan móvil como éste, que constituye su auténtico motor económico. Parece que aún perdura la idea del turismo masivo de sol y playa casi como elemento excluyente; pero, si uno se fija, las hamacas para el veraneo perinquén ya no están siempre llenas. Los turistas han ido evolucionando: cierto es que los grandes países del bienestar europeo siguen enviando charter repletos, pero cada día hay más extranjeros que buscan un descanso distinto, más ´al dente´, más conforme a sus propios gustos y hobbies.

El aumento del nivel de vida tiene mucho que ver con las nuevas modas: el alemán, el escandinavo, el británico, que sale a navegar en su propio yate en los mares del Norte puede sentir interés en hacerlo en el Archipiélago. Muchos podrían tener su embarcación en las islas seis o más meses al año. Pero el problema es que no hay suficientes atraques. En realidad, no hay plazas en muelles deportivos ni siquiera para la demanda náutica interior. Hay aquí un enorme pozo de posibilidades sin explotar.

Lo mismo que el ´turismo residencial´ o de larga estancia, que aumenta su potencial gracias a la generalización de una serie de factores: las jubilaciones anticipadas, la mayor expectativa de vida, y el trabajo a distancia mediante el ordenador. Sin embargo éste es un capítulo poco explorado en Gran Canaria, si bien en Tenerife y en Baleares, o en la costa levantina, se tiene más experiencia. La existencia de zonas enfocadas hacia este segmento colocará en un plano más real los proyectos de futuro: no es sensato seguir con el concepto de hoteles sin ciudad, de una especie de ciudades sin ciudad, que a la larga cubren las necesidades residenciales con la degeneración de los alojamientos turísticos.

Además, es una salida francamente interesante para las áreas en declive, como San Agustín, Playa del Inglés o Campo Internacional, en donde muchos bungalós, que se han retirado del mercado turístico, se están convirtiendo en infraviviendas de fin de semana, o de semana completa. La rehabilitación de estos enclaves debe contemplar las nuevas tendencias. Lo que se hizo en su día, en su día respondió a unas coyunturas determinadas, que hoy pueden valer, o no. Empeñarse en mantener una concepción, en prorrogarla sine die, es miope.

El interrogante es: ¿qué papel pueden cumplir los puntos pioneros para seguir a la cabecera de la estrategia y de la rentabilidad turística?, ¿qué hay que innovar?, ¿qué nuevas metas hay que plantear?.

Estas son las preguntas del millón, o mejor, de los muchos millones.

Muchos expertos dicen que el sector se encuentra encorsetado, haciendo, o diseñando, más de lo mismo, sin decidirse a asumir proyectos innovadores que, aunque sean inicialmente pequeños, van sumando. Por ejemplo: los centros comerciales que se abrieron cuando Playa del Inglés era el eje indiscutible, en la actualidad han perdido su sentido, en gran medida por una doble razón: por una parte el turismo ha huido hacia otros puntos, más al sur, en la conquista del Oeste: Maspalomas, Meloneras, Pasito Blanco, El Salobre, Puerto Rico, Amadores, costa de Mogán…, y por la otra, el crecimiento de San Fernando de Maspalomas constituye un indudable polo de atracción para los nuevos inquilinos, sean turismo local o empleados o pequeños comerciantes.

El Cabildo ya ha planteado numerosos estudios sobre la materia. Los políticos tienen ahora el desafío de poner en marcha, en el terreno de las realidades, un nuevo modelo que pase de las abstracciones teóricas a la práctica, y que combine una doble sostenibilidad: la sostenibilidad del negocio, que ya no tiene marcha atrás, y que si se produce una recesión no episódica provocaría una tremenda catástrofe, con un desarrollo sostenible compatible con un respeto inteligente al territorio.

En realidad, todo está ya inventado. Las ventajas del turismo rural, la protección del paisaje, el uso de la naturaleza como un factor de promoción turística, del que depende el futuro, los puertos deportivos, los recintos deportivos y culturales, los congresos, los parques temáticos - el mejor de todos, la agricultura tradicional- las áreas residenciales con la vista puesta en la Europa fría… La cuestión es que hay que moverse a velocidad constante, y en la buena dirección.