Jueves, 29 de Junio de 2006

Ejes y puentes

José H. Chela

[Canarias Ahora, 28 de junio de 2006]

Eso de que Canarias tiene que ser el eje de no sé cuantos y aquello de que nuestro Archipiélago debe convertirse en puente de no sé qué más, lo viene uno escuchando y leyendo desde que asomó las narices a este mundo de nuestros pecados. Y de nuestras alegrías, por qué no. Quiero decir que no han estado muy originales ni los políticos isleños ni el ministro de Exteriores, señor Moratinos, cuando en el encuentro de estos días han repetido casi a coro la matraquilla de que las Islas han de ser el eje del desarrollo de África o el puente –no ya tricontinental, que es lo que se dice siempre– de las ayudas y la cooperación con los países vecinos, a los que ahora se les quiere echar con urgencia una mano porque hemos visto las orejas al lobo de la inmigración imparable.

Que no hay más metáforas, parece. Y lo cierto es que puentes y ejes, hasta la fecha, no han sido más que eso: tópicos símiles nunca convertidos en realidad. Veremos qué pasa en esta oportunidad.

Existe ya –y ya era hora– unanimidad en que la mejor receta para que los africanos se queden en sus lugares de origen consiste en desarrollar sus economías y en mejorar –o establecer– sus democracias para que vivan digna y libremente. Eso implica grandes inversiones y esfuerzos diplomáticos, sobre todo. Y, en ese sentido, Canarias, en efecto, no puede ser otra cosa que un lugar de paso –un puente– de esas ayudas y de esos trabajos. Bastante haría nuestro gobierno regional con intentar resolver los múltiples problemas sociales que afectan al terruño. Por ejemplo, tomar algún tipo de medidas para lograr el descenso del porcentaje de canarios que malviven en los umbrales de la pobreza. Sin ir más lejos.

Las iniciativas que se toman ahora con el objeto de paliar las miserias africanas no son altruistas, por supuesto. Responden al objetivo de frenar la inmigración ilegal, ya se sabe, aunque convenga repetirlo. Y conviene porque Europa debiera haber dado ese paso mucho antes para saldar su deuda histórica, política y hasta moral con el cercano continente. De la nefasta labor colonizadora de los países europeos, de su reparto caprichoso de territorios creador de fronteras artificiales, de su apoyo a la corrupción dictatorial, de su desinterés por la educación –en todos los sentidos, democrática también– de los nativos, se deriva la actual situación. Y de aquellas lluvias vienen estos lodos. O, si prefieren otro dicho popular, se está recogiendo lo que se sembró.

A partir de estos momentos y cuando las teorías pomposas que hoy se proclaman se lleven a la práctica, con mayor o menor fortuna, con menores o mayores medios, habrá que procurar, mayormente, que los dineros no se queden en los caminos (o en los puentes, que todo pudiera ocurrir) y que lleguen a manos e instituciones honorables y honradas, algo que no está garantizado ni mucho menos en según y qué países de los que estamos hablando.