Jueves, 29 de Junio de 2006

Transición

Josechu Pérez Niz

El dimismo, como el franquismo, tiene dos salidas. O romper con él, por lo sano, o transicionarlo. Nos ha calado hasta los huesos el dimismo, ¿o será el lanzaroteñismo el que nos tiene caladísimos? Tanto monta, oiga, porque quien ha comprendido a la sociedad de Lanzarote, y bien, es Dimas. Y el que la ha modelado o templado y el que la ha ajustado a su medida.

Así las cosas, resulta normal que los poderes fácticos de la isla y la lógica interna que los ha movido hayan girado alrededor del dimismo. No lo ajustaron, no lo condicionaron a él. Él los ajustó a todos. Y desde entonces, desde su irrupción y pleno liderazgo insular, desde la adaptación generalizada al modus operandi del dimismo, Lanzarote no ha hecho otra cosa que perder: perder el tren, perder avances, perder madurez, perder oportunidades. Y su sino, el del precursor del dimismo, ha ido aparejado al nuestro. Ante la pérdida tan absoluta de posiciones siempre estamos saltando un pasito por delante hacia la enésima salida desesperada que, también siempre, conduce al mismo sitio: a estar más retrasados, a perder más oportunidades, madurez, avances y el tren, el jodido tren, cada vez más lejos… Lejísimos. Bemoles que tiene la cosa.

Así las cosas, resulta completamente lógico que este barco no tenga ni pajorera idea del lugar al que se dirige y que los múltiples inventos que se nos plantean ni convienen ni encajan. Normal pues que usted y yo, en frío y trabajando algo el coco, nos preguntemos, ¿pero dónde estoy metido, qué es esto, qué clase de paranoia colectiva se apropia de nosotros? Cierto es que lo peor de un barco a la deriva proviene de una desorganizada dirección para salir del atolladero, de una suma de compartimentos estancos que tiran cada uno por su lado sin tener en cuenta el todo y que la tripulación, la inocente, sólo ofrezca palos de ciego y berrinches en los compás de espera con mal ron y peor cerveza mediantes.

Así las cosas, en mi opinión, resulta compleja tarea la de romper con el dimismo. ¿Practicadores del dimismo rompiendo por lo sano con el fenómeno social que los ha guiado en sus vidas? Difícil y estéril, porque en la calentura, en la rabieta, en el éste no soy yo, fácil es reconocerse impoluto, pero en frío, muy en frío, sabemos, nos consta, que tanto retraso se debe en buena parte a nuestras pequeñas, medianas o grandes dosis de dimismo. Las que hemos practicado y las que seguirán practicándose.

Así las cosas, pienso que sólo queda transicionar al dimismo. Observando los mimbres, manifiesto mi absoluta creencia de que conllevará múltiples esfuerzos y que el camino, de emprenderse, será largo. Una pequeña parada, una mirada serena y reflexiva, al tiempo que vayamos descargando la de kilos que cargamos de victimismo, localismo interesado y variadas modalidades de la baja volada conejera y, así, quizá bien que podría transicionarse al dimismo.

Buff, demasiado lío para hacer todo al mismo tiempo. Empiezo por pararme y voy a echarme una mirada. A ver.