Viernes, 30 de Junio de 2006

Mundo irreal

Job Ledesma

[La Opinión de Tenerife, 29 de junio de 2006]

En el mundo de verdad hay millones de personas que se mueren de hambre mientras otros millones estiran el sueldo hasta fin de mes culpándose por tener sueldo y fin de mes. Es un mundo habitual, de hipotecas, de facturas, de ahorrar para algún caprichito o enredarte en cuotas para hacerte con la pantalla plana de turno (o la consola portátil o el home cinema o las vacaciones en un cuatro estrellas que no pueden ser pero serán). En el mundo de verdad se vive como se puede, tirando, sin alegrías pero sin lujos disparatados. Se intenta ser feliz con una cierta dignidad.

El mundo de verdad se sostiene en que existe un mundo irreal posible: una vida de jets privados y de caballos de pura raza. Era un mundo escondido hasta que hace poco se decidió a mostrarse sin vergüenzas.

Es el mundo de partidas de póker donde se pasean hasta tres millones de euros por la mesa. Dicen que ahí, en una timba de estas, empezó la pelea que culminó con el desbarajuste de Marbella. En la partida también estaba el que fuera dueño de Air Europa, con lo que piensas qué parte de esos tres millones corresponden a la comida que ya no te dan en los vuelos y a los asientos estrechos en los que no encajas los michelines.

El mundo irreal posible se erige sobre la base de los consejos de administración. Mientras no me convenzan de lo contrario, siempre tendré la idea de que lo ideal es que te nombren consejero delegado de una empresa para ganar así una pasta sin hacer nada. A José María Aznar lo acaban de erigir en una historia de estas. Él no sabe hablar inglés, pero formará parte del consejo de dirección de un emporio de la comunicación anglosajón, emporio que lleva unos años pagándole a una empresa de José María (porque el señor Aznar tiene también sus empresas) por un servicio de asesoría. ¿Qué es la asesoría? Hasta que a este Ledesma no lo convenzan de lo contrario, una manera de pagar sin recibir nada a cambio.

Así que mientras tú te contentas con tu sueldo, existen seres humanos a los que se les paga porque son quienes son. No buscan en ellos grandes ideas ni descubrimientos; quieren que callen y lean, que asientan y se quiten y se pongan las gafas. Es imprescindible para que así ellos, los dirigentes de Fórum y Afinsa, ese Roca que dejó a Marbella limpia como un baño recién instalado o aquel presidente de las Azores, el Prestige e Irak –y los atentados de Madrid–, sigan con su vacilón. Unos se pasan y los pillamos, pero otros seguirán con las risas toda su vida.