Viernes, 30 de Junio de 2006

Una cruz de hombre

José A. Alemán

[Canarias Ahora, 29 de junio de 2006]

Es lógico que los servicios jurídicos del Parlamento rechazaran la recusación de Alberto Santana al macho Soria en la comisión de investigación eólica. Ni al más avezado de los redactores del reglamento de la cámara podía ocurrírsele una situación semejante. No estaba prevista e hicieron lo que tenían que hacer: rechazar la recusación por falta de normas a aplicar. También influiría el hecho de no ser políticamente aceptable, a mi entender, que una persona sin representación pública pueda proceder así contra un diputado electo.

Sin embargo, lo insólito de la recusación no es que se presentara sino los motivos de Santana para hacerlo. Porque, al margen de los derechos que le correspondan a Soria como parlamentario, no es de recibo que imponga su presencia en la comisión eólica como investigador, interrogador y compareciente él mismo. La decencia democrática debió aconsejarle no sobrecargarse tanto de trabajo, no vaya a darle un yuyo esquizofrénico. Pero no se le pueden pedir peras al olmo.

Los juristas parlamentarios añadieron a su rechazo de la recusación que Santana puede ser interrogado sobre su vida personal y profesional y la ingenua recomendación de que no se atente contra su honor e intimidad. No sé dónde rayos estará el límite de una cosa y la otra y sospecho que es asunto que traerá a Soria al fresco. Su estrategia de juez y parte le exige aplicarle a Santana el mismo patrón que utilizara contra Francisco Cabrera. A quien, por cierto, no le ha contestado acerca de la investigación que ordenara de sus actividades privadas en busca de algo, lo que sea, para descalificarlo.

No sé si esa investigación que denunció Cabrera tuvo lugar; pero en el supuesto de que así fuera, habría que preguntarse ya no sólo si el Cabildo le paga los abogados sino si también abona los honorarios de los detectives.

Pero esa es otra cuestión. De momento, hay motivos para pensar que Soria no atenderá a las recomendaciones y tratará de crucificar a Santana tratándolo como reo con él de fiscal cuando es sólo un compareciente. Por eso dice Santana que así no vale, teme su indefensión y se plantea no comparecer ante la comisión parlamentaria, mañana, viernes. Entre otras cosas porque defenderse del acoso soriano le obligará a violar el secreto del sumario judicial de la trama eólica decretado por el juez Parramón. Lo tiene claro la presidente de la comisión eólica. Y el propio Parlamento que no va a salir precisamente bonito de esta historia.

Ahora se entienden las prisas de Soria al solicitar la comisión investigadora. Una repentina sed de verdad que choca con su bloqueo sistemático de iniciativas de esa índole en el Cabildo. Y un mal uso de su condición de diputado, con aprovechamiento del secreto sumarial incluido para mejor escaquearse. Una cruz de hombre. Ni hecho de encargo, oye.