Sábado, 30 de Septiembre de 2006

Más vale tarde…

Editorial

[La Voz de Lanzarote, 29 de septiembre de 2006]

A regañadientes, pero Marcos Páez ha terminado presentado su dimisión como consejero de Pesca del Cabildo. No quería hacerlo y en principio estaba respaldado por muchos miembros de su partido, pero al final la presión ha podido más. Especialmente la del Partido Socialista, que tras pedir abiertamente su dimisión, no podía permanecer impasible mientras Páez continuaba en su cargo, pero también la de Coalición Canaria, que no lo hizo público pero no se sentía nada cómoda con lo sucedido.

Y ni siquiera Inés Rojas, que aspira a volver a convertirse en presidenta del Cabildo en 2007 bajo las siglas de Coalición Canaria, podía permitirse el lujo de alargar esta situación. Y es que algunas de sus declaraciones, como la de denunciar que no se estaba tratando a Marcos Páez como a un “ciudadano normal” en el asunto de la denuncia por marisqueo ilegal, lo único que consiguieron fue echar más leña al fuego. Porque guste o no guste, Páez no es un “ciudadano normal”. Es un cargo público y, además, nada menos que el responsable insular de Pesca. No es sólo un pescador, ni el presidente de la Cofradía de Pescadores de La Graciosa. Es el mayor representante en la isla en esta materia, y por tanto el primero que debería dar ejemplo para que las leyes se cumplan.

Y muchos podrán pensar que coger “un puñado de lapas” no es tan grave, o incluso (lo que es más razonable) que hay que hacer valer la presunción de inocencia. Pero lo que no se puede permitir es este rifi rafe público, porque por más que los lanzaroteños ya estén curados de espanto en lo que a la política y las instituciones insulares se refiere, lo cierto es que todavía se merecen un respeto.

Por eso, aunque la medida llega tarde, ahora Páez ha hecho exactamente lo que tenía que haber hecho desde un principio: dimitir hasta que se aclaren los hechos y se resuelva el expediente de la denuncia. En lugar de eso, hasta el momento lo que habíamos presenciado era un cúmulo de desatinos. Porque si grave es que precisamente un consejero de Pesca esté denunciado por practicar pesca furtiva, no es menos grave que éste responda acusando al técnico de Medio Ambiente poco más o menos que de haberse inventado la denuncia. Si es así, la solución también es sencilla: denunciarlo ante los órganos competentes, que sin duda en este caso no son los medios de comunicación. Y si se llegara a demostrar que la denuncia es falsa o está manipulada, el peso de la ley tendría que caer sobre este técnico, que por supuesto también tendría que ser alejado de su cargo.

Pero lo que no pueden hacer ni él ni la presidenta del Cabildo es por un lado defender la presunción de inocencia de Marcos Páez, y por otro justificar una presunta violación de la ley afirmando que los isleños “llevan en la sangre” eso de salir a lapear, o que las mareas invitaban esos días al marisqueo. Esas expresiones se podrían entender si vinieran de una “persona normal”, es decir, de un vecino cualquiera opinando en la barra de un bar o en una tertulia de esquina, pero resultan cuanto menos poco adecuadas viniendo de un representante público.

En cualquier caso, lo importante ahora es que por fin se ha dado el paso que se tenía que haber dado desde un principio, y sin duda eso debe ser destacado en una isla donde la palabra dimisión parece que no figura en los diccionarios políticos, e incluso algunos han llegado a llevarse sus cargos hasta la mismísima cárcel.

Ahora sí, la denuncia y el expediente deberán seguir su curso. Ahora sí, Páez se acerca más a ser un “ciudadano normal”, porque aunque sigue manteniendo su acta de consejero, al menos ya no tiene áreas de Gobierno delegadas. Ahora sí, cada cual tendrá que demostrar sus acusaciones, tanto el denunciante como el denunciado. Porque lo que no se merecen los ciudadanos de esta isla es seguir acostumbrándose a lo que es totalmente anormal, como que un consejero de Pesca sea acusado de mariscar ilegalmente, o como que un técnico, o incluso el responsable político de Medio Ambiente, sean acusados de emprender campañas de persecución contra Marcos Páez “inventándose” esta denuncia.

Uno y otro extremo se tienen que aclarar, y también se tendrá que aclarar si es cierto que dos semanas y media después de que se presentara la denuncia, ésta aún no había sido tramitada por la Consejería de Medio Ambiente, porque eso sí podría despertar muchas suspicacias. Sobre todo considerando las primeras declaraciones de Páez, en las que hizo especial hincapié en que no había pruebas.

Lo concreto es que la denuncia no adjunta fotos y tampoco se pudo pesar la cantidad de lapas supuestamente recogidas por el consejero, con lo que la acusación se basa en el testimonio del técnico de Medio Ambiente y en el de otros tres testigos. Por lo tanto, el hecho de que no haya pruebas tangibles no significa que la denuncia sea falsa o inventada, pero tampoco habría derecho a que se guardara en un cajón por tiempo indefinido, por miedo a que sea archivada. Así que se tendrá que aclarar todo punto por punto, porque no se puede consentir que se siga alimentando la confusión y el ruido en medio de acusaciones tan graves. Si en esta isla “somos así”, ya es hora de que dejemos de serlo.