Lunes, 30 de Octubre de 2006

Puritanismo de izquierdas

Jorge Marsá

El puritanismo se asoció siempre con personas de talante reaccionario y retrógrado. Sin embargo, hace ya un tiempo que los puritanos de izquierdas reclaman un puesto de vanguardia en el combate para erradicar las prácticas “contra la moralidad”. Lo curioso es que parece que los de ahora y los de otrora coinciden en los manjares que mayor disfrute proporcionan a sus no muy finos paladares: la prostitución y la pornografía. Siempre obsesionados con el sexo.

A las putas se las persigue, faltaría más, por su bien. Antes, para librarlas del pecado que las condenaba, y en defensa de no se sabe muy bien qué visión de la decencia pública. Ahora, se estigmatiza a las putas de forma más radical, por su condición de mujeres: sostienen los nuevos puritanos que su trabajo es “una actividad indigna y degradante para las mujeres”. Así que, liderados por el gubernamental Instituto de la Mujer, se proponen estos nuevos cruzados de la moral lo mismo que los antiguos: prohibir la prostitución. Y es que no conciben, hoy como ayer, que la libertad de las personas pueda anteponerse en el espacio público a su muy estrecha moralidad.

Y en la cruzada por la salvación de las mujeres, también de sí mismas, no pueden por menos que ignorar un aspecto de la realidad que deja al descubierto el desatino de su intento de regeneración moral: que es creciente el número de mujeres acomodadas que recurren a la prostitución masculina. Porque de tenerlo en cuenta, se pondría de relieve que poco tiene que ver la persecución con la dignidad de las mujeres, que la cuestión sigue siendo la misma que antaño: que les parece inmoral que dos personas libres intercambien favores sexuales por dinero, que les parece tan indigna y denigrante como a las viejas beatas esa forma de practicar el sexo.

Pero cuando la obsesión apretaba… siempre surgía, junto a las beatas, algún cura o estirado burgués dispuesto a colaborar en la estimulante tarea de dar rienda suelta a la indignación. Como hacía el sábado Andrés Trapiello en su columna en el Magazine: “Doscientas organizaciones feministas han pedido a los periódicos la supresión de las páginas llamadas de contactos, y los periódicos han dado la callada por respuesta”. Pues sí, indignado estaba el hombre con que los diarios se hubieran negado a secundar la persecución contra las putas y el intento de hacerles el trabajo imposible en tanto no llega la prohibición.

Claro que si pecado es practicar el sexo de forma inconveniente, no lo es menos mostrar imágenes de tan denigrante actividad. Razón por la cual la pornografía les resulta intolerable. Y el sábado nos informaba El País de que los nuevos puritanos se han ido, en corto y por derecho, a por una de sus más señaladas manifestaciones en nuestro país, a por el Festival de Cine Erótico de Barcelona. Y como tampoco pueden prohibirlo, se han limitado a lo que se hacía en los viejos tiempos, a echarles de la ciudad:

Romà Gubern, intelectual pionero en el estudio de la pornografía y miembro del jurado del festival, considera que la decisión es jurídicamente inatacable, pero penosa en términos morales: “Nos hace retroceder al puritanismo de la era Reagan. La legalización de la pornografía es una conquista que se da en Occidente entre los años setenta y ochenta del siglo pasado. En el siglo XIX, era un lujo elitista y aristocrático. Con la cultura de masas, los ricos perdieron ese privilegio. Ahora que estaba democratizada, algunos se empreñan en volver atrás”.

Pero es, otra vez, por el bien de la mujer: “El Ayuntamiento dice que el festival trata a la mujer como un objeto sexual” (de nuevo resultaría inconveniente referirse a cómo trata al varón, y al también creciente consumo de pornografía por parte de las mujeres), y el “pleno municipal aprobó el jueves no renovar el contrato con los organizadores en 2008”. Y no hablamos de un pequeño ayuntamiento sin importancia, porque Hospitalet tiene cerca de 300.000 habitantes. Y su gobierno de izquierdas. Y su alcalde socialista: Celestino Corbacho Chaves, concejal desde 1983, alcalde durante los últimos doce años y actual presidente de la Diputación de Barcelona en sustitución de José Montilla.

Pero es el caso que lo que fue bien considerado durante nueve ediciones, el festival, se ha convertido en un serio problema desde que se aposentaron en el Gobierno de la nación las puritanas feministas del PSOE. En fin, que en algunas cosas no parece haber tanta diferencia entre el puritanismo de la era Reagan y el de la era Zapatero. Aunque unos se dediquen a perseguir a las putas y a defendernos de la pornografía por reaccionarios y los otros, por progresistas.