Jueves, 30 de Noviembre de 2006

Oxígeno

El Voyeur y Josechu Pérez Niz

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No estamos sobrados de oxígeno en Arrecife. Las potencialidades de la capital lanzaroteña, en nuestra opinión, prosiguen desaprovechándose sin lógica alguna que sostenga tal desatino. A nuestro entender, esta ciudad olvidada se escenifica claramente en El Charco. Vale que hoy resulta un pulmón pero a este, entendemos, que lo respiramos a medias, en la mejor de las percepciones, o inspira aire de manera muy deficiente a tenor de lo que podría oxigenarse.

No es momento de clasificar las excelencias de El Charco. Una simple mirada a su enclave y entorno facilitan la comprensión de que algo falla cuando el aire se limita a un paseo, hoy maltrecho, y unas propiedades aún por explotar. Entendemos que se precisa un pacto político-empresarial que mire de frente a la ciudad de Arrecife pero éste pasa, ineludiblemente, por El Charco de San Ginés.

A nadie se le esconde que los ciudadanos de esta capital o sus posibles visitantes huyen de Arrecife para pasar su tiempo de taperío o mesa redonda, almuerzo mediante, o para extender sus actividades lúdico-deportivas. ¿Qué tiene El Charco para su aprovechamiento?

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Aire libre, buenas vistas y contacto con la naturaleza. Desechamos recordar por donde pasa la revitalización de esta franja de la marina arrecifeña, mas lo subrayamos, abrirla al mar. Sin embargo, décadas de espera por una apuesta decidida no impiden a Arrecife apostar por una oferta rotunda de tiempo libre en El Charco, aglutinando la conservación de algunos puntos de interés patrimonial con, por ejemplo, el aumento de una exquisita, o no tanto, incorporación de puestos de restauración y tapeo en la Ribera capitalina.

La gente camina y corre y se reune en los pocos puntos de encuentro en El Charco. Nos parecen pocos y, además, cerrado su disfrute cuando mayor tiempo libre posee la ciudadanía arrecifeña. ¿Por qué El Charco tiene más vida entre semana que durante los sábados y domingos? La respuesta es obvia: ni hay cultura de aprovechamiento de nuestros más importantes recursos ni hay, lo que es peor, proyecto alguna sobre esta franja vital para Arrecife.

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Un proyecto compartido entre empresarios y el Ayuntamiento capitalino parece obligado emprenderlo. Maximizar con sentido los recreos vivibles en El Charco merece ese esfuerzo, con los consecuentes beneficios para esa ciudad fantasma que resulta Arrecife cuando cierra la vidilla comercial de su arteria central, a eso de las 14 horas de cada sábado.

El espacio soñado resultante debe partir de las siguientes premisas:

El Charco debe ser una zona residencial, tranquila, donde los ciudadanos van a relajarse, con restaurantes, bares y terrazas al aire libre, sin música, sin máquinas tragaperras, sin ruidos.

Un pulmón donde los niños puedan jugar sin miedo a pisar excrementos de perro. Donde te puedas dar un chapuzón o coger un jolatero, una piragüa o pescar.

Y para ello es un objetivo que se gestione la correcta utilización de la lámina de agua para el fondeo de barcos de recreo y/o pesca, limitando su número, tamaño y actividades, sobre todo las de reparación. Así como, lo principal, acabar definitivamente con los desagües y filtraciones (si se puede, que se puede) y retirar los pasos cerrados “provisionalmente” con el fin de que vuelvan a circular las mareas con más fluidez.

El recorrido de tapeos y cañas, la opción de una buena comida o cena, la posibilidad de acceder a una piragua y navegar por el litoral arrecifeño, el paseo con el amigo o la pareja, el respiro, el ocio y, en suma, la vida pueden y deben partir de El Charco.