Jueves, 30 de Noviembre de 2006

Pactos, ¿a cualquier precio?

Teresa Cárdenes

[La Provincia , 29 de noviembre de 2006]

Confirmado: ni el Partido Socialista Canario ni su candidato a la Presidencia del Gobierno, Juan Fernando López Aguilar, le harán ascos a un pacto poselectoral con el Partido de Independientes de Lanzarote (PIL) de Dimas Martín si los escaños aportados por esta organización pudieran facilitarle el camino de la gobernabilidad.

Es un clásico de los decálogos de campaña que ningún partido quiera anticipar sus previsiones de alianzas poselectorales, como lo es que sus candidatos repitan hasta la extenuación que van a por las mayorías, si no absolutas, sí al menos lo suficientemente holgadas como para aspirar a formar gobierno. Pero empieza a ser un secreto a voces que los socialistas no sólo no van a despreciar al PIL como eventual socio de una alianza, sino que acarician la idea de tocar gobierno con la llave de los escaños que pudieran sumar el partido de Dimas Martín o la Nueva Canarias de Román Rodríguez y sus compañeros de andadura en Lanzarote.

Se trata de una contradicción evidente: si lo que venderá el PSC como motor de su campaña es la idea de un cambio político, resultaría una incongruencia total que los abanderados de la transparencia y los bolsillos de cristal acabaran aliándose con una organización cuyo líder es el paradigma de la irregularidad y se enfrenta hoy mismo a otro exhorto de ingreso en prisión por malversación de fondos públicos en el complejo agroalimentario de Teguise. ¿Pactos y gobierno a cualquier precio? Nadie va a discutir al PSC la legitimidad para, llegado el caso, buscar en el arco parlamentario cualquier acuerdo que le permitiera poner fin a trece largos años de invierno en la oposición y operar en efecto un cambio político. Pero el gesto tendría a su vez un alto coste, el primero de ellos la renuncia de Juan Fernando López Aguilar a distanciarse de quienes practicaron formas de hacer política por definición aborrecibles.

Pero hay un segundo riesgo, y radica en la creencia de que la condición de primera fuerza política que apuntan las encuestas asegurará al PSC el Gobierno aunque sólo obtenga una mayoría relativa. De hecho, los socialistas acaban de dejar en la cuneta en Cataluña a quien formalmente ganó las elecciones. Y aquí no es tan remoto el peligro de morir de éxito.