Martes, 19 de Diciembre de 2006

El saber de la tradición (II)

Jorge Marsá

La necesidad de aprender de la tradición o de nuestros mayores se remarca en multitud de ocasiones cuando se habla de los edificios en Lanzarote, donde son bastantes quienes sostienen, como en otros lugares en las últimas décadas, que no podemos continuar construyendo nuestras viviendas como hasta ayer, que hay que remontarse a anteayer para encontrar un saber arquitectónico ligado a nuestro medio ambiente.

Parece que la vivienda bioclimática es la del pasado. No es cierto. Aunque sí lo es que la casa terrera de la tradición insular muestra algunas características que hoy consideramos bioclimáticas. Unas pocas, pero no demasiadas. El concepto de vivienda bioclimática va mucho más allá de la mera reivindicación de las casas tradicionales de los diferentes climas del planeta. La moderna investigación ha dado lugar a diversas tipologías constructivas que se sostienen sobre materiales y diseños que tienen elementos tanto tradicionales como actuales. La tecnología bioclimática en la arquitectura actual deja obsoleta la antigua casa terrera lanzaroteña. No puede ser el saber de la tradición la principal herramienta para un buen diseño bioclimático, sino los nuevos conocimientos y la recopilación de los de otros lugares, aunque obviamente haya que tener en cuenta algunos de los locales; pero insisto en que no son tantos como suele pensarse.

No obstante, la recreación típica de la antigua casa terrera que se acometió en la Isla, lo que algunos dieron en denominar la “lanzacasa”, muy poco tiene que ver con el modelo que reivindica ni con ningún criterio bioclimático. La “lanzacasa” no tiene del viejo modelo más que algunos detalles estéticos aislados. Aunque hay que reconocer que ha sido una apuesta exitosa y que se ha adaptado bien no a la tradición ni al medio ambiente pero sí al “parque temático”.

Además, las viviendas aisladas suponen una solución claramente insostenible. De hecho, la demanda de casas terreras, por parte de lugareños y foráneos, constituye hoy una de las grandes amenazas para el territorio y el paisaje insular y sólo pueden estar al alcance de una minoría. Como se ha puesto de manifiesto en un estudio tras otro, la única vía respetuosa con el medio ambiente insular es la de densificar los núcleos urbanos, la de vivir más juntos. Dicho de otro modo, hacer ciudad.

Desde esta perspectiva, Arrecife cobra una especial relevancia por ser la única ciudad de la Isla. Pero me resultan sorprendentes algunas propuestas para hacer ciudad, como las que hacía C. Miguel en los comentarios a la imagen “Fachada horrorosa” hace bien poco:

¿Tan difícil es para estos pseudo creadores la fusión de modernidad y tradición? Les bastaría con echar un vistazo al libro “Arquitectura Inédita” de Manrique, donde obtener una base para desarrollar posteriormente nuevas creaciones. […] Si ese libro no puede servir de referencia (que no para copiar o adornar con) para hacer una arquitectura moderna, apaga la luz y vamonos. […] Además y desde mi punto de vista, de la única manera que podemos competir con otras ciudades, europeas o americanas, es partiendo de nuestra arquitectura tradicional.

Y es que si por algo se caracteriza la tradición insular es por la ausencia de ciudad. Arrecife fue un pueblo hasta no hace mucho. Y lo que vino después, cuando comenzó a transformarse en ciudad, no conozco a nadie que lo reivindique –salvo cuatro excepciones–. Por lo tanto, difícilmente podrá construirse la ciudad a partir de una arquitectura tradicional que tan poco tiene de urbana. Y el libro de Manrique es buena prueba de ello.

Así debieron entenderlo quienes se dedican a salvaguardar el legado de Manrique: cuando la Fundación César Manrique planteó proyectos para Arrecife acudió a expertos en la construcción de ciudad que nada sabían de la tradición local, ni falta que les hacía, a los arquitectos Carlos Jiménez, Enric Miralles y Juan Navarro Baldeweg.

En fin, que tampoco para la construcción de la vivienda y la ciudad encontraremos las soluciones más adecuadas en el saber de la tradición, sino en los conocimientos y las tecnologías de la actualidad.