Martes, 30 de Enero de 2007

Barreto o Perico: Elegir una alternativa

Pedro San Ginés Gutiérrez

Aunque alguien dirá, no sin parte de razón, que los cargos son inseparables de las personas, no escribo esto ni como consejero del Cabildo, ni como cargo orgánico de CC, sino como ciudadano a quien en su día también le removió algún cimiento aquello que vino a llamarse el “Espíritu de Alternativa”. Y aunque en mi caso lo políticamente correcto fuera decir aquello de “no voy a opinar sobre los problemas internos de otras formaciones políticas”, esta vez sí que voy a mojarme en el problema de las siluetas sin rostro. Sí, esas donde sólo ha habido prácticamente dos caras y bastante duras por cierto.

La verdad es que me da mucha pena por las cada vez menos personas válidas que me consta que aún secundan ese proyecto y las que se han ido, aquellas con las que aún queda un hilo de esperanza para gestionar nuestras diferencias como a alguno de ellos tanto gusta decir, aquellas a quien siempre dije, y mantengo, que si el Sr. Barreto o Perico representan la alternativa que a ellos les mueve “guárdenme una cría”. Y guárdenmela porque –a mi juicio, claro está– Andrés Barreto políticamente sólo representa una de las figuras más indecentes del panorama político insular. Créanme que entre muchos podríamos escribir una mala novela con su más que cuestionable, y para muchos detestable trayectoria “profesional”, sus famosas andanzas de una total falta de catadura moral al servicio siempre de sus propios intereses, o sus tan reiterados como frustrados intentos de oportunismo político, que le han llevado a militar hasta en tres formaciones políticas y a presentarse a las elecciones por diferentes partidos hasta la fecha. Pero creo haberle dedicado ya más líneas de las que merece este personaje, que de ningún modo puede representar ni aquel “espíritu”, ni ningún otro de nobles intereses.

En la otra esquina del ring , “Perico”: Parece que algunos acaban de descubrir lo que yo hace mucho que sé, y es que a Perico le votaron más de 3.000 personas y le importa un carajo lo que diga la Asamblea, como le importa ídem arremeter contra respetables técnicos de la Corporación sólo por hacer daño político y luego llenarse la boca defendiendo la dignidad de los trabajadores públicos, ni tampoco le importa en realidad si lo que hace el grupo de gobierno es bueno o malo, porque para él siempre será malo. A no ser que alguien sea capaz de decirme una sola cosa, ¡una!, que hayamos hecho bien en estos tres años y medio de legislatura, aunque fuera por equivocación, por error, sin intención de hacerlo vaya… alguno de los otros 22 consejeros (hemos gobernados todos menos él y dudo que lo haga nunca a este paso), y que Perico se lo haya reconocido al gobernante: Jamás. Aunque sí que lo hace en los pasillos y entre bambalinas, pero jamás ante un micrófono o una cámara, qué va, en un ejercicio de demagogia e hipocresía política, en el que hay que reconocerle que es un verdadero artista de la puesta en escena y el uso del verbo. Así desde luego que resulta imposible gestionar ninguna coincidencia, cuanto más diferencias.

El problema de AC es que su modelo –que pudo tener razón de ser en su nacimiento– sencillamente no tiene encaje en una democracia moderna. El modelo asambleario es una quimera en nuestro modelo social y por eso no funciona de manera real en ningún país democrático, que yo sepa. Para que todo el mundo pueda entenderlo, mientras no acepten que los afiliados puedan delegar la representatividad de su voluntad en órganos de gobierno del partido, o de igual modo los ciudadanos en órganos de gobierno institucional –sin que ello signifique que no se instrumenten mecanismos para escucharles y conformar criterio durante todo el mandato–, mientras esto no se acepte así, sería tanto como pretender que si AC ganase las elecciones, en el pleno del Cabildo las cuestiones serían debatidas y votadas por toda la ciudadanía que estaría invitada a sus sesiones. Muy bonito, pero una utopía que entre otras cosas nos llevaría a preguntarnos: ¿para que las elecciones?

Tan utópico es el modelo asambleario, que sin gobernar ya ha demostrado cuanto podía dar de sí. Si AC quiere hacer honor a su nombre, a mi juicio su única oportunidad pasa por dotarse de una estructura de partido –y ojalá lo hagan– que les permita entrar en el debate político insular con todas las garantías que el resto de partidos necesitamos para avalar una interlocución válida o jamás gobernarán, a no ser que saquen mayoría absoluta. El resto son discursos para la galería, a los que tan acostumbrados nos tienen los dos elementos protagonistas de este artículo, y 50 más en estos días.

Quién sabe, a lo mejor por esto logro unirlos al menos un poquito en su enemigo, aunque eso no sería nada nuevo. En cualquier caso, si no tuviera otra alternativa que elegir compañía en una isla desierta, o no me quedase ni siquiera la opción de estar solo, sin duda, entre las dos, elegiría la “Alternativa menos mala, la de Perico”.