Martes, 30 de Enero de 2007

Previsiones

Adrián Rodríguez

Ayer lunes se inauguró oficialmente la segunda fase de ampliación del Hospital General de Lanzarote. En la primera, año 2002, siendo presidente del Gobierno Canario Román Rodríguez, se reconoció que con ese estadio cumplimentado quedaba chica la infraestructura sanitaria por el fuerte incremento poblacional en la Isla.

Ayer, un lustro después, se expuso con la boca pequeña que durante 2008 finalizará la puesta al día del eje principal de la Sanidad lanzaroteña con la entrada en funcionamiento del nuevo servicio de urgencias, actualmente en obras. Habrán tardado, por lo tanto, casi diez años en ajustar el Hospital General de Lanzarote a las necesidades que se preveían, pues eso, hace una década, coincidiendo con los picos más altos de crecimiento demográfico en Lanzarote.

¿Qué ha pasado? La realidad del ritmo de ejecución de los planes sanitarios desvela una deficiente planificación de la red de infraestructuras sanitarias de esta Isla por parte del Ejecutivo regional. Paradójicamente, la misma Administración nos vende sus proyectos de ajuste como sacrificios extras hacia y para Lanzarote: El ya famoso Plan de Acción Social para la Inmigración de José Carlos Mauricio.

Una muestra, esta del Plan Marshall-Mauricio, vendida y revendida, del mayor fracaso asumible por una administración, llegar demasiado tarde, totalmente a destiempo, con la paciencia agotada y adaptada del personal médico y de los pacientes pacientes. Y encima nos plantean como favor adelantar las partidas definitivas para esta, el Hospital General, y otras intervenciones en el campo de la infraestructura sanitaria.

Ante los desajustes evidentes y la notable falta de previsión, cabe plantearse una disyuntiva: ¿Estamos padeciendo los efectos de una administración incapacitada para planificar en condiciones? ¿O nos topamos con una banda de cafres que, desde las esferas regionales, se han frotado las manos frente a la desvertebración institucional y política de Lanzarote? No sé ustedes, yo prefiero haber padecido a un Gobierno canario incapacitado aunque, sinceramente, me entran dudas sobre si no afectó la segunda posibilidad.