Miércoles, 31 de Enero de 2007

La verdad

Francisco Pomares

[La Provincia, 30 de enero de 2007]

Con su tradicional despreocupación por lo coreográfico y con la voz instalada en un principio de afonía, Adán Martín despachó ayer su disertación en el discurso del debate sobre el Estado de Canarias realizando un prolijo catálogo de objetivos cumplidos en materia de creación de empleo, establecimiento de condiciones para una mayor igualdad entre los canarios, mejoras en sanidad, justicia y seguridad, negociación con Europa y presencia de Canarias en el exterior, desarrollo sostenible, red de comunicaciones y -por supuesto- avances en el autogobierno.

Fue un catálogo parco, como corresponde a alguien que presume tan poco como Adán Martín, pero realizado desde la convicción de que la legislatura que termina no ha sido tiempo perdido, sino un tiempo abierto a lo extraordinario y marcado por acontecimientos extraordinarios: Martín se refirió a tres de esos acontecimientos: los atentados del 11-M, que precipitaron el giro político en España y en Canarias; la llegada masiva de inmigrantes africanos y los más recientes escándalos de corrupción que han salpicado la región. Explicó las reacciones de su Gobierno ante esos acon- tecimientos, y se sintió moderadamente satisfecho por los resultados.

Pero el catálogo de problemas y soluciones no fue lo realmente enjundioso de un discurso leído sin apasionamiento, y haciendo ímprobos esfuerzos de voz por mantener el tono. Lo mejor, como siempre en las intervenciones de este presidente tan ajeno a las cosas de la política, fueron las reflexiones filosóficas finales. Porque definen bastante mejor que el resto del discurso el actual estado de ánimo de un hombre -Adán Martín- que empezó la legislatura preocupado por la felicidad de todos, proponiéndose inaugurar una etapa de ética y responsabilidad en la gestión de lo público, y la concluye con una amarga reflexión sobre el valor de la verdad en política. Heterodoxo y esta vez hasta algo extraterrestre, el presidente recurrió a la bestia negra de la derecha española -Felipe González- para citar una afirmación suya en un reciente artículo publicado en El País: “En política, la verdad es lo que los ciudadanos perciben como verdad, no lo que los dirigentes creen o saben que es verdad”.

La verdad…

La verdad es que Adán Martín no será recordado por lo que su Gobierno hizo en esta legislatura extraordinaria, sino por lo que al final él no hizo. Cuatro años dedicados al Gobierno hasta el límite mismo del agotamiento personal, cuatro años trajinando expedientes desde fuera de la política, cuatro años de fracasos llamativos y aciertos silenciosos, sorteando escollos desde el Gobierno con menos apoyos -propios y ajenos- de toda la Autonomía. Y todo eso para cerrar con un final cosaco: ser recordado como el primer presidente de la historia de Canarias que -por negarse a seguir las reglas no escritas de la política- entregó su Gobierno, su gestión y su recuerdo a los políticos más desalmados.

La verdad: un tipo curioso, Adán Martín.