Lunes, 26 de Febrero de 2007

Análisis de izquierda sobre Santana Cazorla

Jorge Marsá

Han pasado ya tres semanas desde que fue detenido Santiago Santana Cazorla. Pues bien, aún no hemos hemos tenido la oportunidad de leer o escuchar un auténtico análisis de izquierda sobre el personaje. Como nadie más cualificado que yo lo ha hecho, déjenme intentarlo. Pregunta y resumen: ¿no resulta en exceso simple responsabilizar de todo a un pobre hombre que, al fin y al cabo, no es sino un producto del “sistema”?

Cargan contra un empresario que se educó en un país dominado por una dictadura corrupta. Arremeten contra una persona que se pasó su infancia y adolescencia viendo películas de Hollywood en las que el respeto por las reglas del juego brilla por su ausencia, en las que se banaliza, cuando no se enaltece, la violencia y la trampa como sistema de resolución de los conflictos. Se ceban contra quien se hizo adulto durante una transición política que se significó por dejar a todo tipo de culpables sin castigo.

De hecho, la emprenden contra el resultado de un sistema económico en el que prima la competencia por encima de todo; un producto más de esta locura consumista que se sostiene sobre la máxima de cuanto más, mejor. Atacan ahora a quien no tuvo más remedio que competir en ese sistema de corrupción generalizada que es la promoción urbanística en Canarias. Le echan en cara que haya tenido que sobrevivir en un entorno político en el que sin la corrupción resultaba imposible alcanzar los grandes objetivos. En realidad, le acusan de anteponer el fin a los medios, de haber seguido la consigna por excelencia del sistema capitalista en el que está obligado a desenvolverse: el éxito a cualquier precio.

Digo yo que, para mantener la coherencia, debería la izquierda aplicar al empresario lo mismo que se aplica normalmente a tantos delincuentes: la culpa no es del individuo sino del sistema. No podemos responsabilizar a la persona de unos actos que son en buena parte consecuencia del ambiente. Porque cansados estamos de escuchar que la libertad individual no es más que una entelequia, que en realidad somos el producto de la cultura en la que estamos inmersos.

Lo más curioso de todo es que en este caso la izquierda renuncia a aplicar su conocido análisis y… lo retoma la derecha y el empresariado. Han sido los adalides de la iniciativa privada y la responsabilidad individual quienes han salido a la palestra para preguntarnos que cómo es posible hacer negocios sin tener en cuenta el ambiente político-económico, para decirnos que la detención de Santana Cazorla provoca inseguridad, que se puede producir una “fuga de inversiones” porque se rompen las reglas del juego. Dicho de otro modo, que corre riesgo nuestra identidad cultural porque se alteran bruscamente las costumbres a las que estamos habituados. En fin, que tan sólo les falta encontrar la forma de implicar en el asunto al imperialismo estadounidense para cerrar el círculo.