Viernes, 30 de Marzo de 2007

Deshonestidad

María Pallarés

A veces cuesta imaginar cómo se verán algunos políticos de la Isla cuando se miren al espejo por la mañana, cómo se las apañan para que su comportamiento deshonesto no les cree serios problemas de conciencia. Me limitaré a escribir sólo sobre los más recientes casos de lo que en mi opinión es una conducta deshonesta, sobre cuatro políticos: Inés Rojas, Alejandro Díaz, Miguel Ángel Leal y Pedro Hernández.

No debe verse Inés Rojas como lo que ciertamente es, una tránsfuga, que ya es bastante muestra de deshonestidad, sino que ahora añade además a su currículo la desvergonzada campaña publicitaria de promoción personal emprendida a cuenta del Cabildo que preside. Y por lo que vemos en los medios de comunicación, la cuenta va a ser importante. “Juntos, estamos diseñando un gran futuro”, dice la publicidad de la presidenta. Mucho más cierto resultaría si se dijera: “Juntos, me están pagando todos los lanzaroteños un gran futuro”. Pero si la campaña avergonzaría a cualquier político de lugares más desarrollados, lo que prefiero no calificar es el intento de hacerla pasar por una campaña informativa de la primera institución insular.

Alejandro Díaz tiene en su haber algunos momentos en los últimos años que pueden considerarse dignos, y tiene motivos sobrados para mostrarse disgustado con su antiguo jefe, con Soria. No obstante, se mire como se mire, Alejandro Díaz es ahora un tránsfuga, es decir, que está incapacitado para dar lecciones morales a nadie. Pero a la deshonestidad que supone el ser un tránsfuga ha decidido sumar la de abrazar la causa que llevaba años combatiendo desde su antiguo partido: “Alejandro Díaz presenta para el CCN una proposición no de ley sobre Residencia en el Parlamento” (Diario de Lanzarote). Lo que ayer le parecía políticamente indecente, le resulta hoy de lo más conveniente.

No puede considerarse que Miguel Ángel Leal sea un tránsfuga, aunque a los efectos prácticos parezca que ahora trabaja en la política al servicio de los intereses de Coalición Canaria. Pero hace falta haber perdido el Norte y el más mínimo resto de pudor para que, quien ejercía un férreo control del socialismo lanzaroteño hasta hace pocos meses, hable como si se diera cuenta de lo malo que es lo que hasta ayer le parecía la norma de funcionamiento: “Hay mucho adulón por ahí porque hay algunos puestos que no están repartidos y por eso hay que aguantar, y a eso le llaman disciplina, eso no es más que disciplina militar”. Y dice más: “la ‘babosería’ de muchos que ‘aguantan’ para no tener que “incorporarse a sus puestos de trabajo” (Crónicas de Lanzarote). El dictadorzuelo parece haber descubierto la democracia.

El último caso de deshonestidad al que voy a referirme es el del último tránsfuga de Lanzarote. Sin embargo, también Pedro Hernández debe pensar que no le vale con ser tránsfuga, sino que se esfuerza por dar muestras de una mayor deshonestidad: utilizando los más barriobajeros recursos para descalificar a sus antiguos compañeros de partido. Su último gesto ha consistido en “okupar” la página web de Alternativa Ciudadana con un patético texto contra esa organización y un enlace final al partido político que acaba de crear para poder presentarse a las elecciones.

Y como ya no tengo palabras, pues terminaré con las mismas con las que comencé: a veces cuesta imaginar cómo se verán algunos políticos de la Isla cuando se miran al espejo por la mañana, cómo se las apañan para que su comportamiento deshonesto no les cree serios problemas de conciencia.