Miércoles, 25 de Abril de 2007

Un respeto a los barrios de Arrecife

Heraclio Sánchez

Vivo en un barrio de Arrecife y siento una especie de desconsuelo por el talante ultraprotector de los partidos políticos que concurren a las próximas elecciones. Percibo un descaro absoluto a la hora de volver a faltarnos al respeto a los ciudadanos residentes en la periferia capitalina, con mil y una atenciones que están por verse concretadas. Pero mi desconsuelo y rabia se incrementa cuando nos plantean obras faraónicas en los barrios de Arrecife como premisa para equipararme en ciudadanía con los habitantes del centro.

Un buen ejemplo de tal proceder se infiere de la lectura del artículo propagandístico de Lorenzo Lemaur pro alcaldía de Reguera, y el PP, publicado hace unos días en Diario de Lanzarote. La sorpresa proviene de uno de los primeros párrafos donde Lemaur, que concurrirá junto a Reguera en las listas populares a la capital, desecha entrar en las siguientes cuestiones: “No entraremos, pero se podrá hacer en cualquier momento que se reclame, en la forma de gestión corresponsabilizando a la ciudadanía y a todos los colectivos en ella. Tampoco nos vamos a ocupar de la gestión de la hacienda municipal y la apuesta por una fuerte economía que sería la que luego hiciera posible el conjunto de actuaciones, ni en la gestión indirecta de los servicios municipales, que abarató sus costes a la vez que se hicieron más eficaces, que sí es de los que nos vamos a ocupar en este artículo”. Estos ejes, como él mismo señala imprescindibles para el normal funcionamiento y el progreso de una institución, no le motivaban. Ya que estamos y usted lo manifiesta, “se podrá hacer un cualquier momento que se reclame”, se lo reclamo, hábleme de las cuestiones básicas y explíquenoslas con sólidos argumentos, pros y contras a poder ser, sin banalidades ni florituras, también si puede ser.

El artículo propagandístico asentó su base de comunicación en otro asunto: “Durante la Alcaldía de Cándido Reguera, el Ayuntamiento fue trasladado a su nuevo emplazamiento en la Vía Medular, y los terrenos sitos entre las calles Vargas y Colegio fueron recuperados para el Mercado Municipal de La Recova, devolviendo a Arrecife parte de su idiosincrasia antes perdida. Además, el resto del espacio se convirtió en plaza, donde muchos vecinos comenzaron, cada día más, a ir por las tardes a sentarse para hablar, leer, mientras merendaban divisando el mar, con vistas al Puente de las Bolas y al Castillo de San Gabriel”. No le veo problema a un posible cambio de ubicación de la sede consistorial, aunque prefiero que esté siempre en el centro y, sinceramente, percibo pocas opciones de traslado a otro punto mejor: aparcamientos amplios en el Francés y El Charco muy cerquita del edificio, facilidad de acceso en guagua (aunque ésta podría incrementarse) y colindante también a la mayor parte de servicios, comercios… Sin embargo, lo que más me llama la atención resulta de esa intención igualitaria. Interpreto que la Vía Medular escenificaría el punto medio en la distancia entre los barrios y el centro. Es decir, que la mayoría de ciudadanos que vive en Altavista, las Arganas, San Francisco Javier o Los Geranios tendría que recorrer similar número de metros que los que viven en La Plazuela y alrededores. O lo que es lo mismo, si antes tenía que movilizarse la gran mayoría de ciudadanos para acudir al Ayuntamiento, ahora lo harán todos, a excepción de los ciudadanos de La Vega y Titerroy, sin contar con las inversiones multimillonarias para construir aparcamientos subterráneos (sólo hay que ver la previsión en el centro de salud de Titerroy… la de aparcamientos existentes) o posibilitar una guagua circular a la medular en contraposición a la apuesta por guaguas rápidas que unan el Cabildo con la Escuela de Pesca. Que todo sea para que mi colega de la calle real camine los mismos metros y tenga similares incomodidades que yo. Si me jodo porque soy de barrio, que se joda él, señorito por vivir en el centro. Igualdad, sí señor.

Pero los barrios no se pueden quedar ahí. Precisan de ocio y cultura, con mayúsculas. Lemaur sigue narrando: “Cándido Reguera, tras múltiples gestiones ante el Gobierno de Canarias y el Cabildo Insular logró que, después de tantas promesas de otros, se hiciera realidad el Espacio Cívico Maretas (conocido entonces como Proyecto Maretas) donde, además del Centro de Cultura Contemporánea de Lanzarote y el Observatorio Lanzarote en la Biosfera, se construyó la gran Plaza Maretas, donde el día de su inauguración, 12 de octubre de 2010, actuó Julio Iglesias y luego, cada 12 de octubre, se siguió celebrando la Fiesta de las Culturas. A la Plaza Maretas llegan, aún hoy, cada día, muchas guaguas de turistas que conviven, a diario, con los niños y jóvenes de los colegios e institutos de toda Lanzarote. Aquella actuación supuso un tremendo revulsivo para San Francisco Javier y Argana Baja, pero también para Argana Alta, Maneje y Titerroy, cuyos vecinos vieron cómo se revalorizaron sus terrenos y propiedades. Así se creó el tercer gran centro de interés de Arrecife, después del Centro Histórico y la Vía Medular”.

Algún comentarista en Diario de Lanzarote se cachondeaba de la prometida actuación de Julio Iglesias en la futura Plaza Maretas. Subestiman el poder popular. Cándido Reguera ha hecho migas con Eduardo Zaplana (colega personal de Julio Iglesias, cantante de gran éxito como todos sabemos y simpatizante del PP a muerte), e incluso algunas copas se echaron en Playa Honda en la visita del número tres popular a nivel nacional. Lo cachondo no es el anuncio en sí, el concierto de Iglesias. Lo cachondo es que Reguera lo da por hecho para 2010, y puede ser, pero Lemaur lo incluye en su particular mundo feliz de barriada como anticipo. Anécdotas al margen, subyace en este segundo bloque lo que me parece una muestra de localismo exagerada y una especie de complejo, alimentado, es verdad, por el tradicional olvido a los barrios (el centro también está abandonado pero menos que la periferia), que aspiran a competir con otros polos de la ciudad, en este caso con el Centro Histórico y la Vía Medular e incluso con otras latitudes lanzaroteñas, como los Centros Turísticos, en ese objetivo de erigir Maretas en lugar frecuentado por, según Lemaur, “muchas guaguas de turistas que conviven a diario, con los niños y jóvenes de los colegios e institutos de toda Lanzarote”.

Nada tengo en contra de Maretas, pero centrar todas las mejoras de los barrios en este proyecto, (”aquella actuación supuso un tremendo revulsivo para San Francisco Javier y Argana Baja, pero también para Argana Alta, Maneje y Titerroy, cuyos vecinos vieron cómo se revalorizaron sus terrenos y propiedades”) resulta, además de un timo, un evidente desatino. Entre revalorizar mis terrenos y propiedades en el barrio en que resido y vivir en éste con aceras dignas, pequeños o medianos espacios de encuentro y descanso vecinal al aire libre, pequeños o medianos parques, unas pequeñas o medianas instalaciones deportivas, un servicio de basura regular y limpio, unos vecinos educados que no chillen ni me pongan la música a todo volumen o un par de pares de buenas papeleras limpitas, yo me quedo con las aceras, los parques, las instalaciones deportivas y los vecinos educados. Prefiero que los esfuerzos de mi alcaldesa o alcalde ante los gobiernos central y autonómico se intensifiquen en estas cuestiones que en malgastar miles de millones de las antiguas pesetas en una sola cosa que parece que lo tiene todo, es un proyecto cultural, social, vecinal, ecológico, turístico…¿Qué tal si se queda en Cultura y Observatorio?

Atento estaré a la próxima entrega de Lemaur. “La próxima semana les seguiré contando. Prometido”. Vale, hasta la semana que viene. Como diría Julio Iglesias, o casi, “siempre hay a quien culpar y a quien timar”. Un respetito ahí.