Los 36 políticos justos

27 de Abril de 2007 · (Política)

Fernando Marcet Manrique

Hay una leyenda judía que habla de 36 hombres justos. 36 hombres sobre los que se asienta el mundo entero. Cuando uno de ellos muere, otro nace instantáneamente para sustituirlo, permitiendo con su mera existencia que la humanidad no caiga presa de sus propias maldades. No serían grandes personajes en el sentido por nosotros entendido, sino individuos anodinos, camuflados entre la multitud, desconocidos para todos, hasta para ellos mismos, pues de tan justos serían incapaces de considerarse mejores o más valiosos que nadie. Siendo su celo por no llamar la atención el colmo de su humildad, que les lleva a desempeñar los cargos y labores más ingratos y desagradecidos, sin quejarse o incluso quejándose a propósito para no parecer demasiado buenos.

Repasando las listas de los distintos partidos que se presentan a las próxima elecciones en Lanzarote, me llamó la atención, en primer lugar, la cantidad de gente que había metida en listas. Más de 1.300 personas, sin contar los suplentes. 1.300 aspirantes a concejales, consejeros, presidentes y alcaldes. Superada la primera impresión, no pude evitar preguntarme: ¿cómo separar el grano de la paja entre toda esta gente? Es más: ¿habrá acaso grano entre la paja? Seguramente que sí. No me cabe duda de que sí. Lo que pasa es que el grano, precisamente por su condición de grano, tiende a caerse al fondo, quedando cubierto por los montones de fibra vegetal mucho más ligeros y vanos. Salvo afortunadas excepciones.

Vayamos un poco más lejos ¿Y si hubiera entre esos 1.300 nombres 36 personas verdaderamente justas? Para empezar, tendríamos que indagar un poco más en el concepto de justicia, con el fin de saber exactamente de qué estamos hablando cuando decimos de alguien que es una persona justa. Como hemos señalado, y tal cual está presente en la tradición judía, el hombre verdaderamente justo habría de portar, entre todos los rasgos, una humildad a prueba de bomba. Pero íntimamente ligada a esta virtud hay otra acaso igual de importante, cual es la capacidad de ponerse en lugar de los demás, o empatía. Los que desde la humildad sincera, es decir, desde la certeza de no ser mejores que nadie, son capaces de entrar en la piel de quien tienen enfrente, cuentan con todas las papeletas necesarias para poder ser considerados individuos justos.

Pero, claro está, hablamos de políticos, no de santos. Son personas normales y corrientes que aspiran a ocupar un cargo para el que se sienten capacitados, o simplemente que les permita tener un sueldo a final de mes. Sin embargo, convendremos en que el puesto que ocupa un político electo no es un puesto como cualquier otro. Sobre sus capacidades y buen juicio recaen las vidas de muchísimas personas que dependen de sus decisiones. Si hay un puesto de trabajo que requeriría superar ciertos requisitos, ese debería ser el puesto que desempeñan los políticos cuando son elegidos. Se podría argüir que la mejor de las pruebas es haber sido votado por determinada cantidad de gente, pero lamentablemente sabemos que la mayoría de los que hemos de elegir a nuestros mandatarios pocas veces conocemos siquiera sus nombres.

A lo que voy es a que tal vez deberíamos tener en cuenta los dos aspectos mencionados a la hora de depositar nuestro voto en la urna. Humildad y empatía. ¿Qué políticos entre todos los políticos presentan estos rasgos en Lanzarote? ¿Quienes no? Veámoslo con ejemplos prácticos y tal vez se me entienda mejor.

¿Un político humilde saldría constantemente en los medios de comunicación reclamando su valía sobre la de todos los demás?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los ciudadanos dejaría que estos hubieran de ir de un lado para otro por sus propios medios, sin proporcionar transportes públicos eficientes?
¿Un político humilde saldría de un partido a la busca de un puesto mejor en las listas del otro o, por el contrario, se iría sólo como última opción y dejando en cualquier caso que los que llevan en su nuevo partido mucho más tiempo trabajando le precedan?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los ciudadanos dejaría que nos enfrentásemos a un futuro incierto por culpa de una nula inversión en energías renovables?
¿Un político humilde se dedicaría a descalificar a los rivales en lugar de dirigirse única y exclusivamente a los votantes con sus propuestas?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los demás se quedaría impávido ante la certeza de que los chavales para practicar deporte tienen que saltar muros de escuelas, porque no hay parques públicos ni canchas suficientes?
¿Un político humilde aguantaría en su puesto contra viento y marea o estaría dispuesto a retirarse si percibiera que algo ha hecho mal?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los demás sería incapaz de saber cuándo ha hecho algo mal y mucho menos reconocerlo en público?
¿Un político humilde empapelaría las calles con su rostro y con su nombre?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los ciudadanos se preocuparía por estos todos los días, o sólo cada cuatro años?
¿Un político humilde no podría escuchar o leer una crítica y se rodearía exclusivamente de quienes le doran la píldora?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los ciudadanos tendría la desvergüenza de aceptar regalos de empresarios mientras desempeña su labor?
¿Un político humilde viviría en una casa de campo a docenas de kilómetros de aquellos que han de sufrir sus gestiones?
¿Un político que se pusiera en el lugar de los ciudadanos antepondría los intereses de su partido a los de sus administrados?

En fin, para no aburrirles, son algunas preguntas que se me ocurren, seguramente se puedan hacer muchísimas más. Creo que tal vez sean de cierta utilidad si alguno está interesado en reconocer a los justos entre los 1.300. No tienen más que formularlas e ir descartando, a ver con cuantos se quedan.

1 Comentario

  1. LZ-III

    11:00 am · 27 Abril 2007

    En fin, que si son esas las preguntas que se le ocurren, me da que tiene usted todas las papeletas para votar en blanco o para quedarse en su casa el 27 mayo. Claro que peor lo llevo yo, que me basto con una sola pregunta: ¿tiene el candidato capacidad para sacar adelante la institución a la que se presenta? Y como venía a decir antes SG a cuenta de los del Cabildo, incapaces totales.

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