Viernes, 4 de Mayo de 2007

El alien de la poesía

Alfredo Martín-Górriz

[Bloc de Anillas, 3 de mayo de 2007]

La entrega del Premio Cervantes a José Antonio Gamoneda deja un sinfín de noticias y declaraciones, una de las pocas oportunidades que un poeta tiene para llegar a bastantes personas debido a lo minoritario del género. Se pueden repasar algunas de las entrevistas donde aparecen las impresiones de este autor. El ovetense ha dejado todo un lapidario esparcido por los medios de comunicación, desde la afirmación de que la poesía es un arte de la memoria pasando por el mantenimiento de que no es literatura sino emanación de la vida hasta las sentencias del tipo “no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis palabras ya escritas”, “yo tendía a encontrar mi voluntad y mi destino en una hondura terrestre”, “Creo que no es malo sentir la consunción de este extraño accidente temporal que se produce entre la existencia y la inexistencia”, “(…)La interpretación, pienso yo, debe ser otra: en una percepción explicable, en una subjetivación que no va a ser existencialmente real, yo me siento vivir en un ser que, eso sí, va, espero, a sobrepasar a la muerte (…)”.

En caso de ser interlocutor del poeta, la posición idónea para asimilar tales sentencias requiere unos requisitos mínimos. Por ejemplo un mirada fija, con los ojos vidriosos y un poquito cerrados, el leve asentimiento, la mano con el pulgar sosteniendo la barbilla, la expresión uhum apenas susurrada con tono grave cada ocho segundos. Esa profundidad en las aseveraciones obliga siempre al receptor a mostrar una actitud defensiva, con una defensa basada en la calma, como el que afloja la tensión en los glúteos para recibir una inyección del practicante. La rigidez produciría dolor. Y así fluye la corriente metafísica entre ambos, que si no no hay manera de darle salida.

Platón expulsó a los poetas de su república ideal, y Platón era un hombre con la cabeza en su sitio, y griego. A partir de ahí podemos reflexionar sobre un curioso fenómeno, el de las actividades que entontecen al que las practica. Y hablo de actividades que entontecen sin que la propia actividad tenga que ser tonta. En este aspecto quizá el ejemplo más conocido sea la tauromaquia, simplemente porque los toreros sí que tienen bastante acceso a los medios al ser parejas habituales de alguna modelo o cantante. En sus explicaciones nos solemos encontrar con el toro, el toro. El toro por doquier. Venga toro. La supuesta extracción social de algunos de los toreros no explica ese vacío mental. Los toros, incluso aunque se detesten, suponen un riesgo y la posibilidad de tener una vida extraña y apasionante. Pues no hay mas que balbuceos y el toro, el toro, el toro. Este es el caso más conocido de actividad que entontece sin ser tonta, como, entre otras, algunos tipos de coleccionismo o prácticas sexuales como el intercambio de parejas, que obligan al que las realiza a soltar un cúmulo de idioteces reiterativas para exponer una serie de datos sobre lo que hace.

Se trata de curiosas actividades envolventes que rodean a la persona que las lleva a cabo, la engullen, adoptan su forma y, a partir de ahí, no es la persona la que habla, sino una especie de espíritu global de esa actividad, su portavoz, el alienígena. Es como si The Blob, la masa viscosa y terrorífica de la película, pudiera adoptar la forma de su comida. Uno no puede decir:

– ¿Por qué escribe poesía y qué es para usted la poesía?

– Pues mira, de joven empecé a hacer versos porque ligabas más con cierto tipo de chicas. A partir de ahí me divertía la cosa y además me reunía con otros poetas para ponernos ciegos. El caso es que con el entusiasmo hice mi primer libro de poemas, y como me pedían artículos y todo esto me permitía el contacto con gente interesante pues seguí. Además motiva eso de ponerse a jugar con las palabras y tal… Y la poesía pues no sé, supongo que es la novela de los vagos.

Eso es imposible, lo mínimo que el poseído puede decir es:

– Ya de joven devoraba ocasos. Había un impulso, el impulso del lirio, de las rosas mustias, el grito de un pájaro que cae herido sobre el tejado, que me hacía sentarme a escribir. Escribía tanto como lloraba. Mis propias lágrimas se transformaban en palabras. Más ocasos aquí. Y si me permite una aurora. Estaba asfixiado por una atmósfera donde en lugar de amanecer había una línea temporal plana e infinita, carente de amor. La poesía, que venía de las hojas, del olor a pan recién hecho, me salvó. La poesía es mixtura yuxtapuesta de realidades insoslayables. Es abeja en la flor, pero también desgarro del alma. Bálsamo y veneno. Sea.

Cierto es que esto pasa con otros artistas, pero suele tratarse de parte de un discurso necesario para mantener el mercadeo tal y como está el patio, o de los argumentos de un verdadero loco o un imbécil. Y normalmente exponen sus ideas no en boca de la pintura o de la literatura con mayúsculas, sino de lo que la pintura o la literatura suponen para ellos, aunque desvaríen como el que más. En el caso de los poetas lo dicen en serio, levitan, pontifican y en lugar de hablar como individuos parecen diluirse en la poesía como algo superior a ellos, que los transporta. La poesía, actividad encomiable, genera a unos sujetos que asumen esta especie de portavocía demencial:

“La poesía nace de la poesía”, Emerson.

“La historia ha probado la capacidad demoledora de la poesía y a ella me acojo sin más ni más”, Neruda.

“La poesía hace el relámpago y el poeta se queda con el trueno atónito en las manos, su sonoro poema deslumbrado. Creer lo que no vimos dicen que es la fe. Crear lo que no veremos, esto es la poesía”, Gerando Diego.

“La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”, Tagore.

“La poesía tiene que ser humana, si no es humana no es poesía”, Aleixandre.

“No ha habido nunca un gran poeta que no fuera al propio tiempo un profundo filósofo”, Coleridge.

Y así podríamos seguir. Alguien decía que las luchas que se dan entre poetas adscritos a diferentes corrientes son tan agresivas porque creen disputarse la gloria. Afortunadamente estas luchas y estas glorias permanecen en un territorio acotado. Es quizá una misión de la sociedad democrática hacer que no se democratice el pensamiento poético, que un hombre un voto jamás llegue a ser por la vía de lo políticamente correcto un hombre un poeta. La igualdad mal entendida puede hacer estallar la civilización occidental, facilitando que nos coman los moros:

“El bricolaje es el destello de la luz en una alcayata. Esa luz que uno atrapa, y que a su vez se refleja en el martillo. Un doble luz cegadora”, Fernández.

“Un buen trabajo no es poner un tornillo. Es ser tornillo”, Pérez.

“No soy yo quien decide alicatar. Es el muro el que llama al azulejo”, Gómez.

“Lijar es desprender al ser del cuerpo, dejando sólo su alma a la intemperie, ya libre”, López.

“Taladrar es una cópula entre el berbiquí y la pared de la que el cuadro colgado resulta vástago”, González.

“Baco se hace presencia a través del aroma del pegamento blanco, reglas y escuadras se transforman en bacantes”, García.

Por estas razones, y retomando a Platón, también hay que expulsar a los poetas de la democracia, mantenerlos en su reserva, como el lince ibérico, con sus subvenciones, como ahora sucede con los poetas de la experiencia.

Antes de despedirnos, como dicen en los programas, dejamos dos citas que se alejan de esa posesión alienígena. Una es de Borges, otra de Wilde. Borges realiza unas espléndidos prólogos a sus libros de poemas. Tengo la sensación de que era alguien bastante inocente pero con la maldad del niño, alguien que pasó su vida entre libros bastante alejado del “exterior”. Esto se nota cuando habla de poesía, donde mezcla erudición y cierta ingenuidad. El siguiente fragmento pertenece al prólogo de “El Otro, El Mismo”:

“Pater escribió que todas las artes propenden a la condición de la música, acaso porque en ella el fondo es la forma, ya que no podemos referir una melodía como podemos referir las líneas generales de un cuento. La poesía, admitido ese dictamen, sería un arte híbrido: la sujeción de un sistema abstracto de símbolos, el lenguaje, a fines musicales. Los diccionarios tienen la culpa de ese concepto erróneo. Suele olvidarse que son repertorios artificiosos, muy posteriores a las lenguas que ordenan. La raíz del lenguaje es irracional y de carácter mágico. El danés, que articulaba el nombre de Thor o el sajón que articulaba el nombre de Thunor no sabía si esas palabras significaban el dios del trueno o el estrépito que sucede al relámpago. La poesía quiere volver a esa antigua magia. Sin prefijadas leyes, obre de un modo vacilante y osado, como si caminara en la oscuridad. Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto”.

Y por último –no podía faltar si de citas se trata– Óscar Wilde, cínico y lúcido, aunque curiosamente siempre buscando la ingenuidad que le arrebataron. Eso sí, éste tenía calados a los poetas como nadie:

“Un gran poeta, un verdadero gran poeta, es la menos poética de las criaturas. Pero los poetas menores son deliciosos. Mientras peores son sus versos, más pintorescos son ellos. El mero hecho de haber publicado un libro de sonetos de segunda mano hace a un hombre completamente irresistible. Viven la poesía que no saben escribir. Los otros escriben la poesía que no se atreven a realizar.”