Lunes, 21 de Mayo de 2007

Crudo lo tienen los pobres

Jorge Marsá

El dueño del Centro Canario Nacionalista (CCN), Ignacio González, logró ganarse su trozo de la tarta mediática la semana pasada con una propuesta resumida por medio de un sonoro eslogan: “Pobreza no, petróleo sí”. La sorna, cuando no el desprecio, fue la contestación de sus adversarios políticos. Parece natural una respuesta de esa guisa ante semejante simpleza.

Sin embargo, lo que subyace en la propuesta –obviando la tosquedad de la formulación– es una idea ampliamente aceptada: para eliminar o reducir la pobreza resulta imprescindible incrementar la riqueza. Son muy pocos los que no comparten el criterio de que sólo el crecimiento económico nos permitirá disminuir la pobreza. Razón por la cual, el crecimiento de la economía es el objetivo primordial que comparten todos los partidos políticos con expectativas de cortar bacalao. Dicho de otro modo, nadie se hubiera reído si González hubiera afirmado que para reducir la pobreza en Canarias tenemos que elevar la tasa de crecimiento de nuestra economía.

Lo curioso del asunto es la escasa relación que guarda con la realidad una creencia tan generalizadamente compartida. Resulta innegable que en los países más desarrollados el crecimiento de la riqueza durante las últimas seis décadas ha sido asombroso, y que la gran mayoría de la población se ha beneficiado de ese incremento. De hecho, las rentas reales medias se han duplicado en los países ricos en los últimos 30 años. Pues bien, pese al llamativo aumento de la riqueza, los niveles de pobreza en los países de la OCDE se han mantenido prácticamente constantes. Si prescindimos de las notables diferencias entre esos países, nos encontraremos con que alrededor de un 10 por ciento de la población continúa siendo pobre, y con que esa cifra apenas ha variado en las tres últimas décadas.

La otra forma en que suele formularse la idea que nos ocupa puede resumirse de este modo: la mejor manera de reducir la pobreza es creando puestos de trabajo. Tampoco contada así se compadece con lo que nos muestra la historia económica reciente: el número de empleos creados por las distintas economías de los países ricos ha sido ciertamente notable, pero la cantidad de ciudadanos que viven en condiciones de pobreza no ha disminuido. (En Canarias, son unos cuantos los que acuden al fenómeno de la inmigración para explicar la paradoja… y los que procuran olvidar que ocurre tres cuartos de los mismo allí donde los inmigrantes apenas llegan).

En resumen, puesto que el crecimiento económico –y del empleo– ha sido innegable y de consideración, cualquier persona sensata llegaría a la conclusión de que algo falla en la creencia de que ese crecimiento es la única solución para erradicar la pobreza. Y falla porque se acude a la economía para explicar lo que, en realidad, no es un problema económico: hemos llegado a acumular riqueza más que de sobra para eliminar la pobreza. La forma en que se reparte la riqueza en una sociedad es una cuestión claramente política, y las significativas diferencias que en el terreno de la igualdad muestran los países ricos no obedecen al mayor o menor éxito de sus economías, sino a las decisiones políticas que se tomaron sobre la redistribución de la riqueza.

Así que, resulta estúpido, por supuesto, sostener que el petróleo que pudiera existir en las costas canarias nos permitiría acabar con la pobreza. Pero, como la experiencia demuestra, tan estúpido como afirmar que un mayor crecimiento de la economía canaria reducirá la pobreza en nuestra sociedad. Y bien que insisten.

PD: Si alguien está interesado en acabar de verdad con la pobreza, no tiene más que acudir a soluciones más apropiadas. Pero mientras no quieran saber nada, ni a derecha ni a izquierda, de subir los impuestos y de la renta básica de ciudadanía, casi mejor que se ahorren las prédicas.