Miércoles, 30 de Mayo de 2007

¡Ay, mi madre!

Jorge Coll

[Lancelot, 29 de mayo de 2007]

Todavía la gente de Coalición Canaria de Lanzarote está con el dedo en la sien dale que te dale para averiguar qué ha sucedido en estas elecciones del 27-M. Todavía creen que están viviendo un mal sueño. Y es lógico que tras el descalabro sufrido en Arrecife, que ha afectado a las expectativas que se tenían de ganar en el Cabildo y de mejorar en el Parlamento de Canarias, estén volaos. No resulta fácil analizar las causas del fracaso de Isabel Déniz cuando el corazón y los sentimientos están por medio.

Porque mucho de eso ha habido en el duro castigo que ha sufrido la alcaldesa por parte del electorado del PIL. Éste, por lo visto, no le ha perdonado que abandonara ni a Dimas Martín ni al PIL. Si a eso le sumamos la dura campaña que se ha realizado contra el Plan General de Arrecife, se podrán entender esos resultados tan adversos para los nacionalistas lanzaroteños. Aunque Isabel Déniz hubiera hecho el mejor Plan General de Arrecife del mundo, construido diez piscinas públicas, cinco ciudades deportivas, 30 parques infantiles o regalado billetes de 500 euros no hubiera salido bien parada de estas elecciones. Los votantes del PIL la quisieron castigar y lo hicieron. Votar con el corazón tiene estos problemas. No se valora lo que se ha hecho e Isabel, digan lo que digan, ha sido una buena alcaldesa de la capital de Lanzarote, con sus luces y sus sombras. Filias y fobias al margen, la Déniz ha sido una mujer valiente, con carácter (quizás con demasiado para ser mujer, pensarán algunos), que deja una buena gestión y grandes obras para la ciudad de Arrecife. Una gestión política muy interesante en una situación política muy difícil que no ha servido para llegar al corazón de los ciudadanos.

En la otra cara de la moneda se encuentran los socialistas lanzaroteños, que han sido los ganadores reales de estas elecciones. Lo ha sido sobre todo Manuel Fajardo Palarea, que ha logrado alcanzar cuatro diputados en el Parlamento de Canarias. En cambio, esa sensación de éxito hubiera sido mayor si el candidato a Arrecife, Enrique Pérez Parrilla, hubiera aprovechado mejor la ola de cambio que venía de la mano de Juan Fernando López Aguilar. Y, sobre todo, si la sensación de victoria no se hubiera empañado por la pírrica victoria de Manuela Armas en el Cabildo, donde sólo sacó un punto porcentual más y el mismo número de consejeros que en las anteriores elecciones cabildicias, cuando Zapatero no gobernaba en Madrid. De ahí que ahora lamenten algunos socialistas que Fajardo Palarea no hiciera doblete, encabezando no sólo la lista al Parlamento, sino también al Cabildo.

Lo que no tiene explicación racional es lo del PIL de Dimas en estas elecciones. Más bien, deberán ser los especialistas en fenómenos paranormales y en psicofonías, del tipo del ya desaparecido doctor Jiménez del Oso o de Iker Jiménez, los que lo interpreten y no los periodistas o sesudos analistas políticos. Porque compartirán conmigo que es del “Más Allá” o del “Cuarto Milenio” que un partido político que tiene a su líder encerrado, que se partió en tres, que se quedó sin cargos públicos, sin cargos medios, sin instituciones y sin nada haya vuelto a renacer de sus cenizas como hiciera el Ave Fénix, símbolo de la inmortalidad y la resurrección en la tradición cristiana. Y algo de religión y cristianismo debe de haber en los buenos resultados obtenidos por el PIL porque han servido para castigar a CC, partido al que los pilistas consideran el diablo. Ahora, lo que tendrá que decirnos el tiempo es si el muerto que nos han dejado las urnas, con unas instituciones más divididas que nunca, donde sólo en dos de ellas, Tinajo y Haría, se mantienen las mayorías absolutas de los nacionalistas, va a servir para acabar con la inestabilidad política de la que han hecho gala las principales instituciones en las últimas décadas y para afrontar con garantías los retos que tiene la isla. Que Dios nos coja confesados. ¡Ay mi madre!

P.D. El 27-M, durante la retransmisión en directo de la noche electoral en LANCELOT TELEVISIÓN, pude hablar por vía telefónica con Elena Martín, la esposa de Dimas Martín. Confieso que me emocioné al comprobar que sigue siendo una gran señora. Y ella sabe por qué lo digo. Suerte.