Jueves, 31 de Mayo de 2007

La doble tragedia del bipartidismo español

Roberto L. Blanco Valdés

[La Voz de Galicia, 30 de mayo de 2007]

Hay bipartidismos de dos tipos: aquellos en los que el dominio de los dos grandes partidos lo facilita un sistema electoral que convierte las mayorías relativas de sufragios en mayorías parlamentarias absolutas; y aquellos en los que esas dos fuerzas completan mayoría, cuando les hace falta, apoyándose en un partido bisagra, que lo es porque, al ocupar el centro, puede pactar a su derecha y a su izquierda.

Como en España somos muy originales, nuestro bipartidismo no se incluye en ninguno de esos grupos. Y esa es nuestra tragedia. Las elecciones del domingo han vuelto a demostrarlo.

La primera manifestación de la trágica patología del peculiar bipartidismo hispano es que uno de los dos grandes partidos, el PP, sólo puede gobernar en los municipios y en las autonomías donde obtiene mayorías absolutas. Hasta ahora ha logrado hacerlo sin esa mayoría en el Estado, pero en ningún sitio está escrito que no pudiera acabar sucediéndole en las Cortes lo que ya le pasa en muchos ayuntamientos y podría pasarle ahora en algunos parlamentos regionales: que estando –como en Galicia– al borde de la mayoría absoluta, no gobierna, haciéndolo en su lugar quienes se quedan muy por debajo, mediante pactos entre ellos.

Aunque es cierto que el PP es en parte responsable de esa situación, por su empeño histórico de meter a toda la derecha en un partido, la pura verdad es que en la actualidad los populares no tienen aliados porque casi todos los demás partidos territoriales están en la izquierda o en el nacionalismo radical.

De hecho, es esa evidente circunstancia la que marca la otra cara –también trágica– del bipartidismo que sufrimos. Y es que el PSOE, que tiene muchas más dificultades que el PP para lograr mayorías absolutas, las alcanza muchas veces pactando con los únicos aliados disponibles: los nacionalistas radicales. Tales pactos pueden tener una importancia relativa en el ámbito local, pero ya hemos visto sus desastrosas consecuencias en ciertas autonomías y en España.

Tras las elecciones del domingo, el PSOE, que ya depende de partidos independentistas en Galicia y Cataluña, podría pasar a gobernar en Baleares con un conglomerado de nacionalistas radicales, y en Navarra, ¡lo que ya sería el acabose!, con una coalición, Nafarroa Bai, cuyo objetivo es la anexión de esa región al País Vasco.

Con lo cual el panorama sólo puede ser feliz para los nacionalistas y para ese reducido grupo de dirigentes socialistas a los que únicamente les importa estar en el poder, sea cual sea el precio que hayan de pagar. Esa ha sido, a la postre, la gran aportación de Zapatero a la política española.