Miércoles, 20 de Junio de 2007

Los ayuntamientos empresa

Fernando Marcet Manrique

“Deben entender el Ayuntamiento como una gran empresa en la que los vecinos son los clientes a los que satisfacer”. De estas palabras, cuando un alcalde las pronuncia, se desprende entre todas las posibles una interesante cuestión. Y es que concibiendo el Ayuntamiento como una empresa, en lugar de como un mero órgano de gestión, se está apelando a la maximización de beneficios, algo de lo que me temo están muy necesitados todos los consistorios insulares. Es decir, ya no se trata tanto de hacer un buen trabajo para tener a la gente contenta, que también, sino sobre todo de hacer un buen trabajo para optimizar los recursos y que con menos se pueda lograr lo mismo o incluso más de lo que se conseguía antes.

Y no es que yo esté en desacuerdo con esta idea, que ya digo me parece interesante. En efecto, un Ayuntamiento no deja de ser una empresa. Están los que la dirigen, los que trabajan en ella y los clientes de los que ésta depende. Hay una balanza de ganancias y de pérdidas, hay un producto que se ofrece y un precio que se paga por él. Pero se me ocurre que, de todos modos, existe una diferencia sustancial respecto a las empresas.

¿Alguién concibiría una empresa en la que hay unos señores, directamente vinculados a quienes han de regirla, que ponen todo su empeño en dificultar la labor de estos, reprochando constantemente sus resoluciones, sean cuales fuera, con el único objetivo de llegar ellos a sucederles en el mando? Ni mucho menos. No hay empresa en el mundo que tenga nada parecido a una oposición política como las que tienen los ayuntamientos.

Las empresas normalmente encuentran la motivación para superarse en la lucha competitiva contra otras empresas, en su constante relación con la clientela real y potencial, pero jamás han de batallar contra ellas mismas de ese modo que lo hacen los grupos de gobierno contra su oposición. Y otro tanto cabe decir respecto a ámbitos políticos mayores.

¿Quiénes se equivocan, las empresas o los Ayuntamientos? ¿Deberían los grandes empresarios insulares buscarse unos cuantos enemigos (seguro que los encuentran) y ponerlos en puestos relevantes para que se dediquen a entorpecer su trabajo un día sí y otro también? Me parece a mí que no.