Miércoles, 26 de Septiembre de 2007

Fermina

Antonio García

En la fotografía que no inauguraba el Islote de Fermina del pasado mes de abril, el ex consejero de Turismo del Gobierno de Canarias, Manuel Fajardo Feo, aseguró que una vez instalado el portón de entrada al inicio del puente del Islas Canarias-Fermina, este trozo de suelo público se incorporaría a la red de espacios públicos de la ciudad de Arrecife.

La puerta en cuestión lleva más de un mes en su sitio, pero no se abre. Miras al horizonte y no ves a ningún operario. Entonces, ¿qué pasa? ¿Cuestión burocrática-administrativa? Puede. El Gobierno canario, ejecutor de la obra, debe entregar la intervención a la administración encargada de velar por su funcionamiento, el Ayuntamiento de Arrecife, y ésta, a su vez, sacar a concurso la explotación para cuidado y mantenimiento de sus jardines y del lago-piscina, el bar-restaurante, etc.

Como es sabido, las cosas de palacio van despacio. Desde hace meses se escucha la cantinela de que la explotación del bar-restaurante correrá a cargo de los Centros Turísticos. Me trae sin cuidado quién asuma esa gestión siempre que lo haga con el servicio que se le supone a la pieza en cuestión. Fermina, ahí, en medio de la marina arrecifeña, mirando a El Reducto, al horizonte marítimo, al conjunto histórico del Puente de las Bolas, Castillo de San Gabriel… Verdadera o falsa la habladuría, la cuestión es que tardan en sellar el acuerdo, lo que convierte a Arrecife en esa suerte de lugar en el que, a falta de espacios de esparcimiento, se permite mantener un caramelo como Fermina concluido pero con el portón cerrado a cal y canto.

En Fermina, como en la piscina municipal o el Palacio de Deportes de Argana, se recurre a la denuncia del afán electoralista de los antiguos gobiernos de CC que inauguraba, es verdad, sin inaugurar. Siendo denunciable este engañabobos, es preciso remarcar que lo practican todos, incluidos, cómo no, los productos made in PSOE de Lanzarote. Sin embargo, lo verdadermante sustanciable en mi opinión es que las obras arrecifeñas de la piscina y el Palacio de Deportes cuentan con un plazo de ejecución que condiciona a las empresas. Y estas limitaciones temporales en los casos reseñados se han superado de sobra (diciembre de 2006 era el plazo final para la piscina, por ponerles un ejemplo). ¿Qué hace el Ayuntamiento de Arrecife por apretar las tuercas a los constructores? Aparentemente nada. Y lo que es peor, no informa a los financiadores de estas obras, nosotros ciudadanos, de la tardanza en las previsiones por ejercer los servicios generados, natación (piscina), práctica deportiva (palacio deportivo), ocio al aire libre (Fermina).

Da la sensación de que el grupo de gobierno municipal se agarra al cheque en blanco de los tiempos convulsos de la ex alcaldesa. Cualquier tiempo pasado fue peor… con ella, deben decirse. Y así están, aparentemente tan satisfechos, enredados en cómo abordar la matraquilla del Plan General, el proceso definitivo que les erija en salvadores de la ciudad en el campo mediático. Otra cosa es ponerse el trabajo de faena y mover el culo. De eso, muy poco.