Jueves, 27 de Septiembre de 2007

‘Happy hour’

Felipe López

Con las anécdotas de España Directo circulando por la televisión comunitaria se abría la hora feliz en el bar de los apartamentos turísticos Agapito de Puerto del Carmen. De seis a siete de la tarde. ¡Caramba! Vaya horas que eligen. Bien que funcionaba el happy hour en Agapito.

Individuos en solitario, parejas y tríos de hombres rosaditos por el sol se atiborraban a jarras de cerveza. “Hei, Manolo, tres”, acertó a decir el gracioso del grupo cuando liquidaron su ronda y abordaban seis jarras para tres tíos. Frente a este espectáculo sociológico decidí apurar mi café con leche en mi momento de descanso de tanto trabajo. En 20 minutos el camarero sirvió casi 30 jarras para seis personas.

No sé qué le dijo Paulino Rivero al Rey cuando éste último le preguntó sobre la situación turística en las islas. Siempre sabemos lo que pregunta Juan Carlos, pero no el desarrollo de las conversaciones. Por lo tanto, resulta frustrante desconocer el análisis que tiene en mente el presidente del Gobierno de Canarias.

En general, salvo algún peninsular despistado que esté aquí de turismo, el turista que llega a Lanzarote se mete en el apartamento u hotel y su único esfuerzo se produce durante la mañana, cuando a codazos lucha por el mejor sitio para la hamaca en la piscina. Nada tengo contra este tipo de turista. Es lo que hay, el modelo que hemos escogido que nos llegue con tanta cama de más que hemos construido en la isla. “Camarero, otras cervezas porfa”. El happy hour, uno de los grandes inventos de la humanidad.