Viernes, 28 de Septiembre de 2007

Después de la Semana Europea de la Movilidad, algunos argumentos

José Trujillo y Luis Arencibia

Son muchos los que alegan que los días, semanas o años reivindicativos, una vez que pasan, se quedan en poco más que agua de borrajas. Sin entrar en la discusión, por nuestra parte, una vez pasada la Semana Europea de la Movilidad, retomamos el tema que nos ocupó la semana pasada: la conveniencia de un servicio público de bicicletas para Arrecife y los núcleos cercanos. Con la intención ahora de apoyarnos en algunos argumentos que nos respalden.

Para empezar, y en relación con la cierta perplejidad que produce a algunos la iniciativa, esto es lo que pasa cuando se teclea “servicio público de bicicletas” en Google. Y esto otro, cuando se pone “bicicletas públicas”. Como se podrá comprobar, la iniciativa se está propagando como la pólvora, y la lista de ciudades con un sistema en funcionamiento empieza a ser amplia: Cartagena, Barcelona, Plasencia, Gijón, Córdoba, Pamplona, Burgos… Además, dentro de poco serán ya multitud, en cuanto los proyectos que hay en camino se concreten. En esa situación están Hospitalet de Llobregat, Murcia, Lugo… Cabe esperar, por tanto, que de aquí a un par de años lo extravagante será no haber puesto en marcha en la ciudad que uno gestiona una iniciativa tan rentable en todos los aspectos.

Respecto a la población necesaria para que algo así tenga sentido, en primer lugar, si sumamos los habitantes de los núcleos comprendidos entre Puerto del Carmen y Costa Teguise, nos damos cuenta de que estamos hablando del sesenta por ciento de la población de derecho de la isla, más concretamente de 76.043 habitantes. Esto representa casi el doble de la ciudad extremeña de Plasencia, la cual ya cuenta con su sistema público de bicicletas. Si nos limitamos, para empezar, a Playa Honda, Arrecife y urbanizaciones intermedias, estamos en 65.518 personas. Lo que supone aproximadamente la población de Ciudad Real, capital que ya tiene también el suyo.

Precisamente, la distancia que separa Playa Honda de Arrecife, unos tres kilómetros, es la distancia media que recorre en cada trayecto el usuario del sistema en Barcelona, según se desprende del balance que hizo el alcalde de esta ciudad el pasado martes. Para ello el ciclista invierte –-con unos cuantos semáforos de por medio– 17 minutos en días laborables y 20 en festivos. Teniendo en cuenta estos tiempos, quien se desplace de Playa Honda a Arrecife a determinadas horas, sabe que alguien que haga el mismo trayecto en bicicleta –-junto al mar, sin atascos y sin necesidad de buscar aparcamiento– bien puede llegar a su destino prácticamente al mismo tiempo que él.

Otra prueba de que el sistema puede ser, sobre todo, práctico, es que en el caso de la ciudad condal la mayoría –-el 57%– lo usa para ir al trabajo, al cual uno acude, por regla general, con el tiempo justo… Según palabras del director de Servicios de Movilidad, el usuario medio “no tiene por qué ser un joven de 25 años alternativo que va en bici a todas partes; más bien es alguien mayor de 35 años, que puede llevar traje y que usa este vehículo en combinación con otro medio de transporte público”.

Por último, con los kilómetros recorridos en Barcelona –¡seis millones!– se han ahorrado a la atmósfera 960 toneladas de dióxido de carbono. Nuestras cifras quedarían a años luz de esas, pero cierto sentido añadiríamos a nuestro título de Reserva de la Biosfera si contribuyésemos restando un par de toneladas frente a uno de los problemas más graves de la humanidad a día de hoy: el calentamiento global. A día de hoy, nuestra aportación con iniciativas de este tipo está a cero. Todo es empezar.