Jueves, 25 de Octubre de 2007

Las inmobiliarias a lo suyo

Roberto Allende

El anuncio que hizo ayer Fernando Martín, presidente de la asociación que aglutina a las mayores inmobiliarias españolas — G-14 — es para analizarlo pormenorizadamente.

Para empezar, ubiquémonos un poco. ¿En qué consiste exactamente ese G-14? Aquí encontramos algo de información, siéndonos especialmente útil el “objeto social” que consta en los estatutos de dicha asociación:

Grupo 14, Inmobiliarias por la Excelencia”, cuyo objeto social es “la representación, promoción y defensa de los intereses profesionales tanto de las entidades inmobiliarias españolas cotizadas como de las no cotizadas que desarrollen una actividad significativa en el ámbito nacional e internacional, a fin de impulsar todo tipo de iniciativas técnicas, comerciales o de marketing que sirvan para favorecer la excelencia en la actividad inmobiliaria de sus socios

Las cosas bien claritas, no se vaya a llevar nadie a engaño. Si quieren se lo resumo en dos palabras tan breves como contundentes: Ganar pasta.

Pues bien, Fernando Martín, tal y como nos explicaban algunos medios ayer, por ejemplo éste, dice que el precio de la vivienda no sólo no está bajando, sino que va a experimentar una “subida vertiginosa” en el plazo máximo de dos años.

Es normal que ande el hombre preocupado, no en vano ya hay bastantes empresas del sector que se han visto obligadas a cerrar sus puertas por culpa de esa crisis que según él no existe. Comprobémoslo en google.

Esta contradicción se explica fácilmente. El sector inmobiliario teme que si los potenciales clientes perciben una tendencia a la baja de los precios, estos aguanten sin comprar hasta que dichos precios toquen fondo. De ahí que se apresuren a asegurarnos que no, que ni hablar, que los precios no están bajando. Marketing del de toda la vida. Compren pisos buenos, bonitos y baratos hoy, que nos los quitan de las manos y mañana serán más caros.

Una mentalidad que llega al punto de que muchas inmobiliarias prefieren vender bolsas de suelo o cerrar oficinas y prescindir de personal, a bajar los precios, cosa que podrían hacer tranquilamente revisando un poco su margen de beneficios.

Como los tacaños del cuento, no se dan cuenta de que han estado tantos años apretándonos los tornillos, han inflado tanto los precios, que ya no hay hijo de vecino que pueda permitirse comprar un piso, ni banco que te conceda un préstamo hipotecario en tales términos. No quieren reconocer la evidencia de que bajar los precios es la única solución, y prefieren quebrar o morir empresarialmente antes que pasar por ese aro. Inaudito, pero cierto. Ellos a lo suyo, siguen tratando de convencernos de que los precios están tirados en comparación a como estarán dentro de un par de años.

Pero lo que ya roza el cachondeo puro y duro es el arquetipo de excelencia que nos ofrece el indignadísimo Fernando Martín:

Al presidente del lobby inmobiliario le parece “intolerable” que en España la disponibilidad de los terrenos para edificar se demore “hasta más de seis años”, cuando en otros países como Marruecos o México ese plazo se reduce a un año y medio.

Porque es que a este señor no sólo no le parece que ya haya muchas viviendas vacías en España, no sólo no le parece que nos hayamos cargado bastante territorio para levantar unas casas cuyo único valor es especulativo — pues nadie las habita —, sino que pone el grito en el cielo porque hoy por hoy en España la disponibilidad de terrenos para edificar se demore tanto tantísimo. Y nos coloca a Méjico y Marruecos como ejemplo de buen hacer en este sentido. Sí señor, como para dejar a los promotores inmobiliarios manejando alcaldías u otros gobiernos (directamente o a través de lobbys como el mencionado G-14).