Viernes, 26 de Octubre de 2007

Felicidades

Fernando Marcet Manrique

Felicidades, gente. Felicítenme a mí también, abracémonos todos como una gran cofradía. Lo hemos conseguido. ¿Ven? Ya no son un problema. Ya no tenemos que preocuparnos por si nosotros tenemos muchos o si en Tenerife tienen menos, o si en la península no los quieren, o si desde Fuerteventura nos los mandan. Ya no hay necesidad de discutir acerca de si los metemos en Güime, en Arrecife, en Teguise o en Guacimeta. No, ya no hace falta. Concebimos un plan, el mejor de los posibles, y surtió efecto. Vaya si lo hizo. Frontex es todo un éxito. Felicidades.

La verdad es que cuando le damos al coco, pocas cosas se nos resisten. Lo bueno es que nos inspiramos en la vida cotidiana, así se nos ocurren las genialidades. Lo de Frontex, por ejemplo, nos vino a la cabeza aquel día que vimos una mosca dándose de leñazos contra un cristal transparente. El insecto insistió e insistió, como si tuviera que pasar al otro lado a cualquier precio, hasta que murió de agotamiento ahí mismo, junto al cristal. Y entonces se nos ocurrió. ¿Por qué no hacemos lo mismo nosotros? ¿Se imaginan? Ni obligación de darles cobijo, ni tener que pasar por el engorro de averiguar si son mayores de edad para saber si podemos repatriarlos o no…, simplemente colocamos un cristal y esperamos que el mar haga el resto. Así de fácil.

No me digan que no es la solución perfecta. La solución definitiva. Con el Atlántico ni siquiera hace falta cavar fosas comunes, que tan mala prensa tienen. Ellos se mueren solitos y luego se van al fondo, sin ruido, sin molestar a nadie. Lo que yo les diga, el Frontex es la mejor ocurrencia que hemos tenido desde los tiempos de Adolfito.

Claro, que siempre suceden accidentes, es inevitable. A veces un inoportuno barco de pescadores se encuentra en el momento equivocado, en el lugar incorrecto, y se arma el follón. Cadáveres en un cayuco, un superviviente que narra su conmovedora historia, los rescatadores se la cuentan a los periodistas, y ya la tenemos montada. Afortunadamente esto no pasa con demasiada frecuencia, lo normal es que el Frontex cumpla su cometido con sigilo y absoluta discreción, que es lo que a todos nos interesa. ¿No ven como últimamente llegan muchos menos? ¿No se han dado cuenta de que ya no existe la alarma social que hace apenas un año nos amenazaba un día sí y otro también? Pues eso. Hemos conseguido nuestro propósito, lo que queríamos, ni más ni menos. Que nos dejaran en paz, que se murieran tranquilos allá lejos, en sus casas, en el mar, da igual, pero lejos. Que no vinieran a incordiarnos a nuestra tierra, eso era lo que deseábamos y eso es lo que tenemos. Así que no consintamos ahora que lacrimógenas historias de marineros nos agüen la fiesta, y sigamos celebrando por todo lo alto nuestro espléndido Estado del Bienestar, que bien ganado lo tenemos. Vuelvo a repetir, felicidades, amigos y amigas, somos unos cracks.