Lunes, 29 de Octubre de 2007

Liderazgo social

Vicente Llorca

[Canarias7, 27 de octubre de 2007]

Allá por el año 2000 el ahora portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, Diego López Garrido, publicaba un artículo en el que analizaba la crisis que entonces sufría el PSOE y en el que sostenía que el reto de esta organización pasaba por abrirse a la sociedad para proponer un discurso político que diese respuesta a los nuevos tiempos. En ese escrito destacaba, también, que lo trascendente no debía ser el líder, sino el liderazgo social, intelectual y político de las ideas progresistas.

Cuatro años más tarde de que se hicieran públicas estas reflexiones del, en aquellos días, secretario general de Nueva Izquierda, el PSOE retornaba al poder y lo hacía abanderando un discurso en el que se insistía en que la democracia de los derechos iba a sustituir la democracia de los intereses, se retornaba a la sociedad, se promovería la participación y se iba a vincular a los ciudadanos con los políticos, los diputados y diputadas, y sus decisiones. En suma, la ciudadanía iba a ser la gran protagonista en este tiempo en el que lo que iba a primar sería el liderazgo horizontal, como manera de corregir el divorcio existente entre una gran mayoría y las organizaciones políticas, a la vista de que aquellas se habían decantado claramente por lo privado frente a lo público. Era como si hubiese revivido Emiliano Zapata y su contundente sentencia: «Un pueblo grande no necesita grandes hombres». Anunciaron, en resumidas cuentas, el inicio de un viaje en dirección a un sueño, que, sin duda, es la más hermosa de las emociones, aunque también puede encerrar el peligro de una inmensa decepción. Esa que tanto temía aquel anónimo que en la noche del triunfo electoral grito: «¡No nos fallen!».

La acción de gobierno ahí está y tiempo habrá de analizarla pero lo evidente en estos días es que aquellas veleidades horizontalistas están en desuso y lo que queda es una campaña de culto a la personalidad del líder, al que se le otorga la condición de hacedor de todos los bienes y conquistas logradas, hasta el punto de que la Z eclipsa incluso las siglas del partido centenario. ¿Hay que recordar que las libertades no se otorgan sino que se conquistan? Una vez más se impone la endogamia y se apela a las emociones antes que a la razón. El yo se impone al nosotros. Nada nuevo. ¿Ya han olvidado que un líder es mucho más fácil de corromper, sea por la vía de la adulación o la denigración, que toda una colectividad? ¿A cuenta de qué ese empeño en soportarse sobre proyectos personalistas y no sobre la fuerza de las ideas? Una cosas es atender a las leyes del marketing y la publicidad y otra sumirse a ellas.

El crecimiento y consolidación del sistema democrático no se puede soportar sobre las cualidades de este o aquel redentor, ¿o podemos decir caudillo?, llámenlo Mazinger Z o el primo de Zumozol experto en cambio climático, tan dados a entender la política como una permanente campaña electoral y, en consecuencia, condicionada siempre por un horizonte temporal muy corto.