La multa de los niños

20 de Abril de 2006 · (Sociedad)

Ramón Pérez Niz

Contaba en una reunión familiar mi experiencia en un curso que la FCM organizó allá por el año 1998. Se llamaba “La ciudad de los niños”; impartido por Francesco Tonucci sobre un proyecto realizado en la ciudad italiana de Fano. Venía a cuento porque hablábamos de la cantidad de conductores maleducados que hay en Arrecife: aparcan en doble fila, encima de la acera, unos circulando a altas velocidades, otros con su machacona música a todo volumen… Acabamos concluyendo que los coches habían invadido el espacio público y cambiado totalmente la relación entre los ciudadanos y su ciudad. Entonces les conté lo de la multa de los niños.

Hace unos días, cuando venía con mi hijo del colegio, un coche que se encontraba aparcado encima de la acera nos impedía el paso y tuvimos que rodearlo por la calzada. Mi hijo, acordándose del cuento, sacó un bolígrafo y escribió en un trozo de papel: “Es usted un maleducado por aparcar encima de la acera. Firmado Guille, 11 años”. Después lo colocó en el parabrisas del coche.

Cuando llegamos a la esquina de la calle, volvimos la cabeza y vimos al conductor dentro y a su compañera que cogía la nota y la leía. Sonreímos pensando la sorpresa que se llevaría, seguro que por lo menos en los próximos días no se le ocurrirá aparcar de esa manera.

Tonucci decía que la multa de los niños no era para sancionar una infracción cualquiera del Código en la calle, porque ésta es tarea de los policías municipales, sino sólo cuando el comportamiento del conductor genera obstáculos que limitan la libertad del peatón. En especial se utilizan en este tipo de casos, que enfrentan a los niños con el inútil riesgo de bajar a la calzada. Los adultos se avergüenzan cuando encuentran este reproche infantil en el parabrisas de su coche y no suelen reincidir en la infracción.

Sería una buena propuesta para que se impartiera en los colegios y seguro que ayudaría a mejorar la conducta de algunos conductores en el espacio público.

7 Comentarios

  1. raquel

    11:06 am · 20 Abril 2006

    Un bonito cuento (da igual que no sea de ficción) el que cuenta Ramón Pérez Niz, y muy ilustrativo de la potencia que puede tener la “inocencia” de los niños aplicada al espacio urbano. De lo que no estoy segura es de si nuestra alcaldesa y la teniente-alcaldesa llegarán a comprender la moraleja del cuento.

  2. Leocadio

    11:11 am · 20 Abril 2006

    Bonito cuento, efectivamente. Raquel, seguro que Déniz y Nuria Cabrera no han comprendido la moraleja. Es más, como usan tanto el coche (los problemas de no vivir en la ciudad que se gestiona), seguro que en algún momento habrán sido carne de cañón para posibles multas de chinijos.

    Felicidades a Ramón por el artículo. Esperemos que sea el primero otros tantos.

  3. Delia Cabrera

    11:42 am · 20 Abril 2006

    Suena tan encantadora esta propuesta de convertir a los niños en pequeños policías, imponiendo multas simbólicas que despierten la mala conciencia del ciudadano. Y no digo que, como aprendizaje para los propios chavales, no sea útil, pero como de lo que se habla es de auténticas infracciones, propongo que las multas también sean de verdad. Me parece que sería un sistema más eficaz para erradicar el incivismo, del que tantos ejemplos podemos citar. Si se llevase a cabo, claro está; si, como en muchos otros casos, las leyes se aplicaran, porque haberlas, haylas; y no hay necesidad de inventar nada nuevo ni cargar a los chinijos con nuestras responsabilidades.

  4. Oswaldo Martín

    12:02 pm · 20 Abril 2006

    Son ejemplos como estos los que deberían constituir norma. No está de moda cumplir con las leyes por mucho escenario mágico que estas contemplen. Y es con tanto cafre suelto sólo resulta imaginable una corriente de opinión y acción contudente como la aludida por el autor y esperar a que las autoridades hagan cumplir la ley.

  5. Tasarte

    9:08 pm · 20 Abril 2006

    Ramón: Como está el patio, un gesto de civismo es una temeridad. Lo normal es que el conductor se baje del coche y te la arme, llegando la cosa a mayores. Se ve a diario, y menos mal que aquí aún no se estila llevar armas de fuego, como por Andalucía…(hace unas semanas “balearon” a un pobre hombre).
    Ejemplos de malos hábitos en los conductores hay muchísimos. Uno que me preocupa y vivo a diario, es el de la velocidad. La Via Medular, entre la rotonda del Registro de la Propiedad y la del Cabildo, es un circuito de carreras, donde los aficionados a la moda “tunning” ponen a prueba sus máquinas. Un pie en el asfalto y eres hombre muerto. Pronto lo veremos. La Policía Local, ausente, y sus superiores arreglando el Plan General…

  6. El Voyeur

    9:19 pm · 20 Abril 2006

    Estimado Tasarte, como me había dado cuenta de su sugerencia (será porque yo también lo vivo a diario) le adelanto que la próxima semana verá usted una foto en este blog.

  7. Mario Ferrer

    2:35 pm · 21 Abril 2006

    Je. je… que buena es la historia!

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