Sábado, 20 de Enero de 2007

Leal y Nuria, ¡ay mi madre!

Jorge Coll

[Lancelot, 19 de enero de 2007]

Las crisis en los partidos se sabe cómo empiezan pero no cómo terminan. Y los socialistas de Tenerife creían que, como ocurre con los perros, cortándole la cabeza a Leal se acababa la rabia. Pero la rabia continúa con más virulencia en una parte del PSOE de Arrecife, que no comulga con las formas adoptadas en el descabalgamiento de Leal y su gente. La rueda de prensa celebrada en la propia sede del PSOE por un numeroso grupo de cargos orgánicos y públicos de la corriente de Leal escenificó a las claras la división que sufre el partido en Arrecife, por mucho que desde la dirección del partido en Lanzarote se trate de ocultar o minimizar la realidad.

Y la realidad no es otra que, a escasamente cuatro meses de las elecciones, el PSOE lanzaroteño vive una importante crisis que nada bueno puede suponer de cara a esos comicios, en los que los socialistas se juegan tanto. O bien los estrategas del descabalgamiento de Miguel A. Leal midieron mal sus fuerzas o bien midieron mal los tiempos. De lo contrario, no se entendería lo mal que se ha administrado la crisis desde la dirección socialista. Ni adrede podría haber salido tan mal para los dirigentes ni tan bien para los llamados históricos del PSOE. La teoría que en su día lanzó la vieja guardia sobre que el partido había quedado bajo el mando de unos irresponsables se ha extendido cada vez más entre la opinión pública. Y así las cosas, todo hace indicar que después de las elecciones del 27 de mayo los socialistas de siempre deberán coger de nuevo las riendas del PSOE en Lanzarote. Son ya muchos los que apuestan por que Pérez Parrilla volverá a ser el líder del partido si finalmente se hace con la Alcaldía de Arrecife.

Curiosamente, habrá que renovar a los presuntos renovadores con los históricos, lo que para muchos -y con razón- significará que para este viaje no hacían falta alforjas. Hay que reconocer que Leal no es santo de devoción de muchos militantes socialistas, sobre todo de los del PSOE de toda la vida, de aquéllos que salieron del partido que organizó en Lanzarote el ya olvidado Agustín Torres. Más aún, muchos creen que Miguel A. Leal no representa el espíritu socialista que debe primar en el PSOE. Pero lo que no se puede negar es que Leal es hoy el mismo que hace ocho años, cuando apoyó a Enrique Pérez Parrilla como presidente del Cabildo de Lanzarote y gobernó con él a lo largo de dos legislaturas. Al igual que es cierto que Leal es el mismo que compartió tantas veces mesa y copa con el que hoy es el líder del Partido Socialista en Lanzarote, Manuel Fajardo Palarea. Por eso, no vale que ahora se haya puesto en funcionamiento el ventilador de la porquería para esparcir dudas sobre las actuaciones de Leal con el objetivo de justificar la imposibilidad de que éste y su gente sigan en el PSOE. De momento, es verdad que no se atreven a afear públicamente la conducta del que fuera “jefe” de la todopoderosa Agrupación Local de Arrecife. Y no se atreven porque tienen miedo de que les salpique. Hasta ahora, el asunto se limita a lanzar insinuaciones en pequeños círculos de propagandistas prosocialistas. Pero los habrá que tiren la piedra contra Leal y escondan la mano más pronto que tarde.

Y cuando llegue ese momento, las cosas se pondrán feas. Muy feas. Los que conocen a Leal saben que éste no se amilana. Por el contrario, saben que por mucho que se le amenace indirectamente con que se le echará encima a la Fiscalía Anticorrupción si sigue incordiando, el ex secretario de la Agrupación Local de Arrecife tiene bigote y arrestos suficientes para defenderse a puñetazos. Y por eso se lo están pensando en Tenerife. Pensando hasta dónde se puede llegar. Saben que en una guerra abierta con Miguel A. Leal, los del guante blanco no la tienen todas consigo. Ya veremos lo que ocurre pero es innegable que lo que LANCELOT dijo, hace ya seis meses, sobre que el asunto de Leal iba terminar peor de lo que algunos creían se está cumpliendo a rajatabla. Y todavía no ha llegado lo peor. ¡Ay mi madre!