Sábado, 20 de Enero de 2007

Muy deficiente

Francisco Pomares

[La Provincia, 19 de enero de 2007]

La asociación católica de maestros y profesores ´Profesionales por la Ética´ es bien conocida en toda España por ser la principal promotora entre los docentes a la objeción de conciencia como método para negarse a impartir la asignatura de Educación para la ciudadanía, propuesta por el Gobierno del PSOE. Entre los profesores se considera a ´Profesionales por la Ética´ -probablemente con razón- como una asociación cercana al Partido Popular y con una obvia influencia del Opus y la patronal de colegios religiosos.

Pero todo eso no debiera hacernos cuestionar demasiado los resultados del reciente estudio realizado por la asociación y difundido ayer en el que Canarias resulta ser (de acuerdo con un montón de índices, algunos de ellos ciertamente peregrinos o discutibles, como la existencia de más o menos centros concertados), la región española que imparte peor educación a sus jóvenes. A partir de este dato, que a mí se me antoja básicamente cierto (tanto da si Canarias es la peor o una de las cinco peores, a los efectos de este asunto la clasificación es bastante irrelevante), lo más fácil sería establecer un catálogo de responsabilidades y meternos a dilucidar si la culpa de que nuestra enseñanza sea tan deficiente es de la Consejería (o de todo el Gobierno), de los docentes, de los sindicatos, de los padres que no se ocupan una higa de sus hijos o de los propios alumnos. Se trata de un debate estéril, en el que aquí en Canarias nos hemos embarcado con excesiva frecuencia.

Aquí lo importante es decidir si estamos dispuestos a seguir aceptando las actuales tasas de fracaso escolar, o que el 31 por ciento de los jóvenes no concluyan sus estudios de bachillerato, o el creciente deterioro de las relaciones y la confianza entre padres y profesores, la generalizada falta de respeto de los alumnos a los profesores, el desinterés y la apatía de los maestros o la molicie sin justificación de los chicos.

¿No queremos resignarnos? Pues si no queremos, lo primero será aceptar que no nos encontramos ante un problema de recursos. Eso es una falsedad. A lo largo de la historia de esta región, jamás se han dedicado tantos recursos a la educación, nunca se ha tenido un profesorado teóricamente tan preparado y bien pagado, ni se ha dispuesto de las instalaciones y medios como los que ahora tenemos.

El problema, más allá de los discursos sobre la quiebra social y la pérdida de valores, debe resolverse con sentido común y un enfoque nuevo: lo primero, aceptando que la Consejería de Educación no está para resolver los problemas de los maestros, sino los de los alumnos. Esa afirmación puede parecer una perogrullada, pero no lo es: desde hace ya muchos años, en esta concreta región, la gestión de la educación se considera un patrimonio a dirimir entre políticos y enseñantes, y no como un deber y una obligación de los políticos, los docentes y el conjunto de la sociedad para con sus jóvenes. Eso es lo primero que hay que cambiar.