Luis Arencibia Verdú
La impactante campaña puesta en marcha por el Plan de Drogas hace unos años en la que un gusano se introducía por la nariz de un consumidor de cocaína, no impidió lo que se veía venir: el triunfo arrollador de esta sustancia y su consumo a edades cada vez más tempranas.
Aun en el supuesto de que este tipo de campañas tuviera posibilidades de éxito en alguna ocasión, ésta en concreto nunca lo hubiera conseguido, por embustera e irresponsable.
Porque ésta y otras campañas preventivas en drogodependencias están fundamentadas en todos los prejuicios y falsos mitos que la sociedad tiene acerca de las drogas, y no en la realidad que los consumidores o aspirantes a consumidores se encuentran, nunca mejor dicho, en las narices. Y claro, cuando se está más preocupado en no alarmar a la opinión pública que en abordar la realidad… el resultado no puede ser más que una bobada.
Algunas de las perogrulladas políticamente correctas que las campañas no se animan a superar –-para prejuicio de los destinatarios de las mismas y de los contribuyentes en general que pagan la factura– son, por ejemplo:
Es imposible mantener un control absoluto del consumo, y sólo este grado de incertidumbre es motivo de peso para no iniciarlo o, en su caso, detenerlo.
Ésta es la afirmación que probablemente más daño ha hecho a la credibilidad del Plan Nacional sobre Drogas y similares. Cualquier chaval se da cuenta en dos días que hay quien usa las drogas de manera más o menos razonable, y que hay quienes descontrolan en diversa medida. Para quien está buscando razones para justificarse, el hecho de que una espectacular campaña del gobierno pase esto por alto –-ocultándole una parte clave de la realidad–, e intente convencerle a través del miedo, es un motivo de peso para… reafirmarse en el consumo. Y una oportunidad perdida para reflexionar sobre él.
Además, al riesgo permanente que significa el contacto con las drogas habría que sumar también los escasos beneficios obtenidos como contrapartida.
Contra quienes tachan los efectos de las drogas de vacuos, improductivos o humillantes, cualquier adolescente podrá preguntar si los placeres dignos y constructivos son aquellos tan socialmente extendidos como volverse histérico viendo el fútbol, engancharse a cualquier programa basura o poner a parir a los demás tomando un café con pastas…
Cualquiera que insista en el consumo es o un inconsciente o un irresponsable. El objetivo de cualquier sociedad, por tanto, debe ser que sus ciudadanos NO consuman.
Impedidas por la presión social a afrontar retos más realistas y eficaces –-como educar en el consumo, informar sin cortapisas…–, las instituciones siguen empeñadas casi exclusivamente en reducir el número de consumidores, cosechando fracaso tras fracaso.
Consumidores ha habido y habrá siempre. En primer lugar, porque cada cual puede hacer con su vida lo que le plazca –-el consumo no es ilegal en España–. Y todo el mundo sabe que miles de personas respetables en todo el país –-políticos, jueces, policías, panaderos, electricistas…– hacen un uso responsable de las drogas sin que ello les aparte de sus obligaciones. ¿No deberían las diferentes administraciones promover esta responsabilidad en todos los consumidores, de forma clara y directa, como forma de velar por su salud?
Por otra parte, en las últimas campañas educativas, con lemas como “Hay trenes que es mejor no coger” parece sugerirse ya la posibilidad de elección: puedes coger o no el tren, pero es mejor que no lo cojas… En los carteles aparece esta paternal frase sobre unas rayas de coca en forma de vía del tren. Parece ser que hasta que el tema esté socialmente más maduro, la cadena de costosas estupideces va a ser ardua y prolongada.
Joven e integrado
9:34 | 25 Enero 2007 | Permalink
La Fundación contra la drogadicción informa que el consumidor es cada día más joves y está perfectamente integrado en su entorno. Quizá esta realidad conforme un buen punto de partida.
Cambia el perfil del consumidor de drogas
Se trata de una persona joven y completamente integrada con su entorno social
La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) advierte que el nivel de consumo de droga se ha generalizado en la sociedad española durante los últimos años. El nuevo perfil del consumidor es el de una persona joven y completamente integrada con su entorno social, según ha señalado este organismo durante la presentación de su nueva campaña de sensibilización social con el eslogan “Cambia tu percepción. Piensa”.
La nueva campaña de la FAD, que durará al menos seis meses y será traducida al gallego y al catalán, tiene como objetivo sensibilizar a la sociedad sobre el cambio que en las últimas décadas se ha producido en los problemas derivados del consumo de drogas y como éstos pueden pasar inadvertidos para la sociedad española en general.
“Los problemas de drogas hoy en día no tienen el aspecto que imaginas, tal vez por eso no los ves”, afirman los dos spots de televisión, la cuña de radio y los dos modelos de gráfica de esta campaña.
Ignacio Calderón, director general de la FAD, explicó que en nuestros días aún persiste el viejo estereotipo de que los únicos problemas que puede causar un consumo abusivo de drogas se enmarcan dentro del ámbito sociosanitario o dentro de los problemas de orden público.
Sin embargo no es así. Según la última investigación de la FAD y Obra Social de Caja Madrid, ‘Jóvenes, valores, drogas’, el perfil del consumidor hoy en día corresponde a una persona joven, completamente integrada con su entorno social, que puede no sufrir a corto plazo consecuencias médicas visibles, pero que está expuesto a sufrir otra serie de problemas íntimamente relacionados con el consumo de drogas como, por ejemplo, fracaso escolar, violencia entre iguales, dificultades de inserción laboral, de socialización o problemas en el ámbito familiar.
Los datos de la última Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Medias indican que, hoy en día, en España se consumen más drogas ilegales que nunca, que los principales consumidores son los jóvenes y que suelen consumir drogas en ámbitos de diversión y ocio.
Calderón también destacó el hecho de que el consumo de drogas “sea un tema del que cada vez se habla menos, y, por tanto, la sociedad cada vez se preocupe menos de él”.
Jorge Marsá
10:51 | 25 Enero 2007 | Permalink
Está uno tan acostumbrado a que el consumo de drogas se trate desde la hipocresía o la estupidez que llama la atención el artículo. Sí, sorprende que alguien escriba con sentido común y que tenga en cuenta la realidad. Y la realidad es que el consumo de drogas ha sido una característica de la historia de la humanidad, siempre y en todas las culturas.
Y parece lógico que así sea, porque la mayoría de las drogas que los humanos consumimos proporcionan ratos y momentos estupendos: el placer de un cigarro, las reuniones de amigos con unas copas, el relajo del porro, la excitación de la cocaina… Como es obvio, el abuso en el consumo de esas sustancias provoca serios problemos a cualquiera. Y es verdad que hay muchos cualquieras que han sido incapaces de controlar su consumo. Pero negar la satisfacción que producen las drogas, a cuenta de los excesos que cometen quienes son incapaces de hacer un consumo razonable de ellas, no deja de ser una estupidez que como sostiene el artículo jamás provocará que desaparezca el consumo. En primer lugar, porque no se adivina por qué tendría que desaparecer; y en segundo, porque nadie se va a creer el exagerado tremendismo que invade esas campañas.
Anabel Medina
10:52 | 25 Enero 2007 | Permalink
Para mí, la mayor confusión en el tema de las drogas es la propia palabra. Me refiero al contenido que socialmente se le atribuye, que resulta más sintomático por lo que excluye que por lo que recoge habitualmente. Y no se trata de que generalmente deja fuera sustancias que, como el alcohol y el tabaco, tienen la capacidad de engancharnos o que perjudican seriamente nuestra salud, sino también a una gran cantidad de las que denominamos con el término genérico de ‘medicinas’, cuyo comercio está minuciosamente reglado y que hemos de ingerir en unas dosis prescritas que, de ser ignoradas, acarrean nocivos efectos secundarios.
Antidepresivos, estimulantes, somníferos y otros muchos fármacos crean dependencia, ocasionan efectos secundarios y alteran nuestro ‘estado natural’, como también alimentos más inocuos como el café, el chocolate o incluso la coca-cola. Así pues, la frontera que estable qué son o qué no son drogas se antoja sumamente arbitraria, como igualmente arbitraria es la que separa las drogas ilegales de las que no lo son.
Luis Arencibia
21:46 | 25 Enero 2007 | Permalink
La verdad es que me cuesta entender donde está la novedad que pretende presentar el estudio de la FAD. Ese perfil se me podría aplicar a mi, y a muchos que yo conocía… hace 12 años!! en el jolgorio discotequero de los primeros años de la veintena. Es más se podría aplicar a varias generaciones hacia atrás: jóvenes… de aspecto saludable… perfectamente integrados a primera vista… ¿dónde está la novedad?
Sara
23:46 | 25 Enero 2007 | Permalink
Además del “perfil”, tampoco parecen nuevas las aportaciones del estudio: las drogas se relacionan “íntimamente” con: “fracaso escolar, violencia entre iguales, dificultades de inserción laboral, de socialización o problemas en el ámbito familiar”. ¿Se pensará que a base de repetir los problemas estos llegan a desaparecer?
Partiendo de la base que la ausencia de consumidores no es una posibilidad. Y que ni siquiera la reducción de estos es un escenario realista… se me plantea una pregunta: ¿por qué en unos casos se manifiestan estos problemas mientras la persona consume habitualmente drogas, mientras que en otros no? Parecen dos, básicamente, las posibilidades: o la persona tenía dificultades previas o está haciendo un uso poco inteligente de las drogas.
En el primer caso, obviamente el problema reside en el consumidor. Al igual que todos no podemos escalar montañas, no todos podemos consumir drogas sin correr serios riesgos. Hay cientos de actividades que no todos podemos practicar… y no por ello se prohíben o persiguen o satanizan.
Respecto al mal uso, el planteamiento aún vigente (aunque algo atenuado) de las instituciones implicadas es: “como el objetivo es el NO consumo, a los consumidores, ni agua”. Pero, si hay y habrá miles de consumidores, ¿no deberían estas instituciones velar también por ellos? A nadie se le debería poder despojar de sus derechos en un país como el nuestro. Y si se considera que bien empleados están los millones en campañas para conseguir abstemios, ¿por qué no consideran igual de bien empleados otros tantos millones para promover el consumo razonable?