¿Jueces neutrales o a neutralizar?
Francisco J. Chavanel
[Canarias Ahora, 17 de abril de 2006]
Los jueces Cobo Plana, Miguel Ángel Parramón y Javier García, son heterodoxos; ello les convierte en peligrosos a un sistema que propicia el privilegio. Hace dos meses parecía que el mar se abría en dos ante nuestros asombrados ojos; ahora aquellos garzones o han saltado del barco, o están desorientados, o no se atreven a avanzar más. Los que creíamos que el nivel de corrupción descendería con una Fiscalía dedicada al efecto, y unos magistrados valientes juramentados en llegar hasta el final, entonamos en esta hora decepcionante la canción del equivocado; lo único que cambiará es la estética de la quincalla.
A Cobo Plana le llevaban buscando las cosquillas desde que empezó. Esas tonterías que se dicen ahora sobre su presunta parcialidad en el conflicto concursal, sólo pretenden ocultar lo esencial: el juez era molesto para el 50% del PIB grancanario, y éstos movieron cielo y tierra hasta desgastarlo. Si Cobo hubiera asumido una actitud neutral, es decir, pasiva, limitándose a certificar la quiebra de la UD Las Palmas sin exigir responsabilidades a sus autores, hoy sería un tipo ascendiendo por la cuerda de las recompensas. Queda como legado suyo que el club se salvará pese a todo, pues sería escandaloso que los firmantes del documento que posibilitará el aval aprovechasen la depresión de Cobo para hundirlo.
A Parramón también le pasa algo. Toda esa montaña de energía inicial puesta al servicio del esclarecimiento del caso Eólico la contemplamos frenada, como si de repente se hubiera percatado de un riesgo inesperado. Su actuación en el asunto José Antonio Martín soliviantó a una buena parte de la Judicatura. Martín era parte del sistema, se le tenía por serio, por uno de los patrones de la casa. Parramón está como si mirara hacia abajo. Hacia el escenario b, donde Celso Perdomo y sus celsitos movían cantidades ridículas, sin que ni siquiera se les haya vinculado con quienes daban las órdenes en el PP. Es como si alguien le hubiese sugerido que distinga: que una cosa son los crímenes del contenedor y otra los políticos.
A Parramón lo aguardábamos en Megaturbinas de Arinaga, donde los Esquivel, Arnáiz y los Soria, fraguaron el estrangulamiento de los intereses públicos a favor de los privados. Tiene un contrato lesivo entre Arnáiz y los Esquivel, y tiene una reforma en la casa de Perdomo pagada por la empresa de los Esquivel. Suficiente. Pero el juez sigue con la mirada gacha y medita. ¿Sobre la conexión de los actos heroicos con los meramente estúpidos?
A Javier García se le congela el caso Faycán. La detención del delegado de Dragados fue su k8. Nadie se explica cómo ciertos empresarios no han sido llamados a declarar cuando es imposible entender a Toñi Torres sin sus santiagos. O sea, que mientras mordemos el anzuelo debatiendo sobre lo que es correcto o no en Justicia, la denominada operación Manos Limpias comienza a mostrar el vientre hinchado de lo enfermo.