Todos para afuera (y los de dentro en 30 m2)

21 de Abril de 2006 · (Arrecife)

Fernando Marcet Manrique

Es cosa sabida que en las botellas de un litro no caben dos, por mucho que lo intentemos. Este solía ser el argumento de grupos más o menos fascistoides para justificar su xenofobia o rechazo absoluto por “la gente de fuera”. Aquí y en todas partes. Ahora bien, olvidándonos de las etiquetas y mirando el asunto lo más centradamente posible, sin temor a que nos tachen de esto o de lo otro, hemos de reconocer que en Lanzarote nos enfrentamos a un problema real. Esto viene a cuento porque, según parece, y a la chita callando, está prosperando entre nuestros tecnócratas la idea de subir los edificios “parriba”, porque se nos están quedando pequeños.

A mí la situación me resulta de lo más rocambolesca, toda vez que en Lanzarote existe menos del 30 por ciento de ocupación de las viviendas ya existentes. Así que no sé si nos enfrentamos a un problema de necesidad de camas o simplemente de mejor aprovechamiento de las que ya hay.

Quieren hacer edificios más altos. De diez plantas y de doce… y luego de quince y de veinte. Para que “los que no podemos” vivamos hacinados bien juntitos los unos con los otros, mientras “los que pueden” tengan una casa en Tahíche, otra en la Asomada, otra en Playa Blanca y otra en Órzola… una para cada estación del año.

No sé… a mí todo esto no me gusta un pelo. Recientemente estuve de viaje por Marsella, en Francia, y me di cuenta de lo que había sucedido por aquellos lares… algo muy parecido a lo que empieza a pasar aquí. Los franceses con dinero, y aun los que no tenían tanto, habían salido de la ciudad para irse a vivir al extrarradio, mientras que en los grandes edificios de la ciudad sólo quedaron los inmigrantes menos pudientes y en general todos los que no podían permitirse comprar una casa fuera. ¿Resultado? Marsella parecía una ciudad en guerra. En plena Francia, en pleno siglo 21… basura por las calles, edificios medio en ruinas… un auténtico desastre.

Sería fácil echar la culpa de eso a los inmigrantes y quedarnos tan anchos. Seguro que a más de uno le agradaría tamaña conclusión: los franceses salieron de Marsella porque los inmigrantes les hacían la vida imposible. Pero si nos miramos un poco a nosotros mismos, veremos que aquí la gente se ha ido buscando casas fuera de Arrecife aun antes de que hubiera inmigración. El que puede se compra o se construye una casita en cualquier lado. Le va añadiendo habitaciones, una piscinita… y lo que en principio era la casa de veraneo se convierte de pronto en vivienda habitual.

Si a estos ingredientes le añadimos edificios enormes que favorezcan el hacinamiento y la formación de guetos culturales… pues ya tenemos el plato bien servido. Marchando un modelo Marsella para Lanzarote… con toda su guarnición.

A lo que voy es que si el dinero, o lo que es lo mismo, la gente con dinero, sale de las ciudades, lo lógico es que las ciudades queden abandonadas. Ya sabemos cómo funcionan las cosas… al no haber gente pudiente que presione para que se hagan mejoras, los esfuerzos para su mantenimiento serán mínimos. Y si los mismos políticos que deberían hacer de la ciudad un lugar mejor resulta que viven en caserones en las afueras… ¿de verdad van a implicarse seriamente en dicha mejora?

El futuro al que nos enfrentamos está claro: por un lado una ciudad de Arrecife llena de grandes edificios y repleta de gente pobre, por el otro un montón de pueblos nuevos construidos sobre malpaís y formados por caserones con piscinas. Ni pensar quiero en las consecuencias de todo tipo que tendrá un modelo así.

Creo que deberíamos dejar de una vez de ver Lanzarote como una naranja a la que exprimir lo más posible y empezar a pensar en un modelo de convivencia y crecimiento racional, digno, sostenible, igualitario y solidario. Y esto va sobre todo para los más adinerados… que los pobres, inmigrantes o no, bastante tienen (tenemos) con llegar a final de mes.

8 Comentarios

  1. Leocadio

    9:22 am · 21 Abril 2006

    Demasiados frentes en el artículo, Sr. Marcet.

    Esa ocupación tan tradicional del interior lanzaroteño, mucho dinero en las tres últimas décadas, y la escapada de Arrecife de los arrecifeños. Muchas dificultades para ciudad moderna, habitable…

    Me deja en la duda con las construcciones en alto. En la capital las veo necesarias, siempre y cuando la ganancia en el suelo se destine a mogollón y variados equipamientos públicos.

    El futuro que usted relata tiene remedios. El asunto es tener la cabeza firme y un par de esos bien puestos para evitar los negocios de ocupar el interior de la isla y llenarla de segundas residencias.

  2. Rafael Cano

    11:34 am · 21 Abril 2006

    Me parece un artículo estupendo, porque tiene razón en que lo que se proponen es que los pobres tengan que vivir apiñados mientras los ricos vivirán en sus lujosas casas, y que la ciudad se puede acabar conviertiendo en el lugar donde se alojan los guetos. Diran lo que quieran, pero las clases siguen existiendo.

  3. Jorge Marsá

    12:08 pm · 21 Abril 2006

    Creo que el artículo es bueno y me resulta de interés, sobre todo, porque comparto el criterio de que uno de los grandes problemas de Arrecife es que ha sido abandonada por los más pudientes, por los que más pudieron haber hecho para que la ciudad fuera lo que no es: una ciudad.

    También me parece pertinente la utilización del ejemplo de Marsella para ilustrar la “guetización” que sufren las ciudades cuando se estratifican sus barrios en base a la extracción social de quienes los habitan. Sin embargo, no creo que este problema esté relacionado con la altura de los edificios. Desconozco el caso marsellés, pero si hablamos de París, por ejemplo, diríamos que los ricos y los ilustrados con posibles viven en unos pisos de lujo en el mismo centro de la ciudad, y que sólo los horteras con posibles se van a vivir a las urbanizaciones de las afueras.

    En Arrecife es que se han ido prácticamente todos la ciudad: los ricos, los ilustrados, los horteras con posibles y hasta los menos afortunados que eligieron construirse su casa en los barrios. Y no me parece que se esté diseñando un modelo para Arrecife basado en la altura, porque junto a las torres que se plantean en Garavilla (que seguro que no están pensadas para que vivan en éllas los pobres) se diseña toda una zona de adosados en Francisco Javier.

    Soy de la opinión de que el debate sobre la altura de los edificios debería plantearse en serio, con sus ventajas y sus inconvenientes, pero ligado a criterios de sostenibilidad. Y aquí no hay duda: es más sostenible ocupar el menor territorio posible en una isla como Lanzarote y es más sostenible que la gente y sus servicios se concentre que no que se disperse. En fin, que mi discrepancia con Fernando Marcet está en la relación que establece entre construir en altura y la segregación social urbana, que existe, desde luego, pero que no creo que esté ligada al factor altura. En cualquier caso, me parece mejor que bien, por lo inhabitual que resulta, que alguien plantee los problemas de ciudad no sólo en base a criterios arquitectónicos o al diseño de determinados lugares sino teniendo en cuenta las notables diferencias entre los distintos grupos sociales a lo hora de habitar la ciudad.

  4. Celso

    12:58 pm · 21 Abril 2006

    Siempre he sido defensor de esa cultura de casitas terreras pero pisando tierra debo confesar que es preciso abordar este debate porque se hace necesario crecer en alturas, no digo en toda Lanzarote, ni mucho menos, aunque sí en Arrecife.

    Parriba las viviendas y en el suelo muchos espacios abiertos para todos.

  5. Celso

    12:59 pm · 21 Abril 2006

    Quizá con esa calidad de espacios abiertos para todos los que se han ido vuelvan a Arrecife y los que estamos en ella no nos desquiciemos con la ciudad.

  6. fernando marcet

    4:20 pm · 21 Abril 2006

    Es cierto que la relación altura de los edificios-pobreza no está muy clara. Puede haber edificios muy altos solo asequibles para gente con mucho dinero, lo mismo que puede haber zonas de casas bajas susceptibles de convertirse en barrios bajos y/o guetos culturales “antiintegración”. Reconozco haber sobredimensionado esta relación. Por supuesto, estoy de acuerdo con que si el hecho de construir grandes edificios trae consigo que el espacio ganado en las ciudades va a ser utilizado para poner parques, zonas verdes en general, canchas de fútbol y baloncesto…etc… yo seré el primero en lanzar vítores por los edificios altos… de cien pisos si hace falta. Pero lamentablemente esa no es la pinta que tiene la cosa… los pocos solares que van quedando siempre serán mucho más rentables edificando que construyendo un parque… y los dueños de esos solares no se van a conformar con menos. Porque los dueños de esos solares ya viven tranquilitos en sus caserones fuera de la ciudad… ellos no ganan nada poniendo un parque en arrecife, ni aunque le pongan su nombre. Por eso decía que son precisamente estos señores con dinero, los dueños de los solares y demás, los que deben hacer el esfuerzo de no exprimir más a la isla, aunque pierdan unos millones. Porque al final ese egoismo se volverá, más tarde o más temprano, contra ellos mismos.

  7. Marta

    4:51 pm · 21 Abril 2006

    Como dicen por ahí, muchos frentes abiertos. Que cada cual se vaya a vivir donde quiera. En el campo, se pierden la vecindad, los niños todo el día en el coche, la compra que no se ha hecho y un poco disfrute de la situación. Los que nos vamos fuera de nuestro país, o a otra ciudad a vivir, buscamos las viviendas mejor situadas,¡como bobos!Los pisos hay que alquilarlos, por aquello de no venderlos, y los inquilinos se buscan en la población que hay. Las camas turísticas en demasía necesitan d elos inmigrantes que los sirvan, y por eso vienen, y estos pagan su renta. Otras costumbres, otras dinámicas y otras formas de vivir en comunidad, que habremos de asumir.

  8. Marta

    4:57 pm · 21 Abril 2006

    La gente pobre, como dice el autor, no vive en grandes edificios. Si puede pagar algo lo hará donde le caiga más barato: adosado, apartamento en Pto del Carmen o rascacielo. Otra cosa es que por una mera cuestión de limitación de suelo, haya que ir pensando en situarse en vertical, y no digo quince o veinte plantas. Digo cinco como máximo y con una adecuada relación de edificio y espacio público, además de servicios. La promoción de adosados de una inmobiliaria que acaba de instalarse en el Miramar(golfos donde las haya) para construir en Arrecife, es una auténtica barbaridad por el consumo de suelo que supone, y el fracaso de ese modelo en entornos urbanos.

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