De buenos y malos

9 de Junio de 2006 · (Medio ambiente)

Jorge Marsá

Se acostumbra a decir que nadie tiene más interés en conservar el ecosistema marino que los pescadores, y se acostumbra a creer que los atentados contra ese ecosistema son siempre imputables a grandes empresas y gobiernos. Y contra las creencias, poco pueden los hechos. Porque se demuestra en no pocas ocasiones que las películas de buenos y malos que se montan a partir de las creencias –de la ideología– se compadecen malamente con la realidad.

Por supuesto que los pescadores deberían ser los primeros interesados en la conservación del entorno del que viven. Sin embargo, son los pescadores, los pequeños y los grandes, los principales responsables de la sobrepesca que hoy afecta a la mayoría de los caladeros, hasta el punto de provocar la desaparición de unas cuantas especies.

La semana pasada, se manifestaban los pescadores del Cantábrico exigiendo que se prohibiera la pesca de la anchoa, y esgrimían su ira contra los políticos. Ahora que la cosa tiene ya difícil remedio. Hasta hace bien poco, protestaban por las limitaciones que los expertos y los políticos pretendían instaurar para la pesca de una especie en peligro por la sistemática sobreexplotación de las pesquerías. Arramplaron con todo; y continúan considerándose las víctimas inocentes de la película.

Algo parecido ocurrió con la Reserva Marina de los Islotes. Los pescadores de La Graciosa han sido los grandes beneficiados de esa medida de protección. No obstante, fueron ellos quienes con más firmeza se opusieron a que se restringieran las artes de pesca y las capturas. Deberían haber sido, en efecto, los más interesados en conservar ese ecosistema; por el contrario, fueron el mayor escollo para que pudiera protegerse adecuadamente.

Y ahora la Cofradía de La Graciosa vuelve a cargar contra los encargados de vigilar y conservar la Reserva Marina. Por supuesto, están encantados con que apenas nadie más que ellos pueda pescar en esas aguas –por este lado no ponen pegas–, pero siguen resistiéndose a cualquier limitación que les afecte a ellos. Sabido es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; los pescadores no son excepción, claro está, pertenecen a la misma especie.

Así que los pescadores gracioseros reivindican su derecho a tropezar con la misma piedra cuantas veces les venga en gana. Y a algunos les cuesta entender que la Reserva Marina hay que defenderla, y que los ataques no provienen principalmente de los malos de la película (grandes empresarios y políticos), sino de los buenos, de los nuestros, de los muy autóctonos pescadores locales.

8 Comentarios

  1. aloe

    10:46 am · 9 Junio 2006

    Los buenos de la película de Marsá son las grandes empresas y los gobiernos y los malos los pescadores. Le parecerá normal escribir esa locura.

  2. chafalmeja

    11:24 am · 9 Junio 2006

    Pero como se atreve Marsá a meterse con los buenos de la película, no tiene perdón de Dios. Además todo el mundo sabe que los pescaos los sacan de la reserva marina el Cabildo y Juan Francisco Rosa y que los gracioseros no tienen ninguna culpa de lo que pasa en La Graciosa. Pues sí que es una locura lo que escribe Marsá.

  3. nano

    12:00 pm · 9 Junio 2006

    Pan para hoy y hambre para mañana. O pescado. Esa es la mentalidad de demasiada gente. Lo que pasa es que habría que dar alternativas a los pescadores, si no pescan algo tendrán que hacer.

  4. Fu Mao

    1:53 pm · 9 Junio 2006

    ¿Alternativas?

    Se me ocurre un campito de golf, un hotelito y un parque temático en plan Margaronalandia. Esperando estamos a ver si estira la pata y la congelamos como a Walt.

  5. Isleño

    4:02 pm · 9 Junio 2006

    La provocación esta vez parece ajustarse a cierta realidad, a la realidad de poner a parir a los que trabajan en el sector primario (agricultura, pesca y ganadería) que es lo que le gusta a Marsá, a lo mejor es porque esos trabajadores son todos de la tierra y tienen la identidad cultural de la tierra, que es lo que más le molesta a Marsá. No me resulta muy digno el recurso de poner a parir al eslabón más débil de la cadena, pero cada uno que haga lo que quiera.

  6. Pepe Argana

    11:29 pm · 9 Junio 2006

    Vaya matraquilla que se traen con Marsá, contesten a sus argumentos si quieren, pero dejen de marearnos a todos con su manía. ¿Es verdad que los pescan en el Cantábrico y en La Graciosa son casi siempre los pescadores del lugar? Pues si es que sí, mejor estarían calladitos, porque el artículo da en el clavo.

  7. Lucas

    11:53 pm · 10 Junio 2006

    “los trabajadores de la tierra que tienen la identidad cultural de la tierra”… definitivamente, no hay mejor manera de matar cualquier posible debate. Nuestra tierra tiene que tener UNA identidad cultural. Como los posrtadores de ésta son ELLOS. Pues que hagan los que le venga en gana. Bastante favor nos hacen con preservar el norte identitario que el resto hemos perdido… a ver si se van a hartar cualquier día de estos, y se nos va a llenar todo de Mc Donals…

  8. Desarraigado

    10:43 am · 11 Junio 2006

    Isleño o no conoces la realidad de tu tierra, o no conoces a los gracioseros, de eslabón débil ni de coña, economicamente la gran mayoría de los gracioseros viven bastante bien, la mayoría tiene sus apartamentitos en, para alquilar en la graciosa y fuera de ella y sus “bisnes”, cosa que a mi me parece muy bien, con su trabajo en la mar se lo han ganado, pero también se , a reuniones de pesca en la su isla he asistido, que son unos llorones, por aquello del que no llora no mama, y que si los dejas se cargan la reserva y la Isla, ellos lo que quieren es siempre más y eso a la larga es pan para hoy y hambre para mañana. Además lo gracioseros pescan en la reserva de forma clandestina, y buen dinerito extra que le sacan y no son los únicos, también algúnos de Orzola le sacan provecho a la reserva, con la escusa de que para que pesquen los ricos en yate, pesco yo…, pues eso, que por ser de aquí no cuidan mejor las cosas, porque primero a ser de aquí, se es ser humano y en esa condición caben muchas cosas buenas y otras tantas no tan buenas. El egoismo, la avaricia y la ignorancia no entienden de nacionalismos ni de idiosincrasias patrias.

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