La ciudad y sus habitantes: de la gestión de sus recursos

18 de Marzo de 2006 · (Arrecife)

Manuel Perdomo y Ramón Pérez Niz

[En el año 2002, se publicaron una serie de artículos con el título genérico de “La ciudad y sus habitantes”, firmados por Manuel Perdomo y por quien realiza estas líneas. La vigencia de lo allí expuesto, las similares dinámicas de la población y la clase política gobernante en torno al espacio público, me invitan a considerar la conveniencia de volver a publicarlos, esta vez, en La Opinión de Lanzarote, con la esperanza de que sean de utilidad. Ramón Pérez Niz.]

El Arrecife actual nace sin idea de capital y, por ende, sin la de ciudad. El emplazamiento de sus viviendas discurre a lo largo de las vías que provienen del centro, el norte y el sur de la isla. Provienen, más que llevan. Provisto de las mejores condiciones naturales para el fondeo de los barcos, el desarrollo del puerto de Arrecife hizo que aquel núcleo ribereño surgido con cierto orden casual se consolidara apenas sin cambios ostensibles durante el siglo XIX, configurando el que se recuerda hasta los años sesenta.

Parece aquel período el momento más brillante de la ciudad, que a finales de esa centuria arrancaría la capitalidad a la Villa de Teguise. Es entonces cuando se escriben las mejores páginas de la arquitectura local, mostrándose en su paisaje un repertorio de edificios que en ningún otro momento se ha igualado. No obstante, tampoco hay idea o vocación de ciudad. Ni entonces, ni después, ya en los sesenta, cuando el siglo XX se abre paso a golpe de derribos y demoliciones. Tímidamente se dan algunas respuestas con la creación de un parque urbano a finales de los cincuenta y con la construcción de la avenida de la Mancomunidad, años después.

Si bien la ciudad tiene sus límites perfectamente definidos, no hay un proyecto que establezca las líneas de su expansión: la previsión de infraestructuras, la reserva de suelo para dotación sanitaria, escolar o de zonas verdes… de tal manera que es la improvisación el eje en torno al que gira la política de quienes durante decenios han dirigido el destino de la capital.

Nunca, hasta la aparición en escena de un grupo de carácter social, Ciudadanos por Arrecife, se habló de criterios para la intervención en la ciudad. Después, tampoco se ha vuelto a poner en evidencia la necesidad de establecer unos criterios con los que actuar en la ciudad y su litoral. Este tipo de estrategias sólo ha tenido presencia en la política de la anterior alcaldesa, durante su frugal paso por la alcaldía. Aquella propuesta para elaborar participativamente un Plan de Capitalidad se fue al traste con el cambio político.

Así que no hay idea de ciudad. Ni puede haber consenso en torno al vacío. Y porque participar en su construcción no es preguntar puerta a puerta sobre asuntos de orden estético, ni dejar las decisiones exclusivamente en manos de los técnicos. Ni siquiera se sabe cómo articular, en el supuesto de que se deseara hacerlo, un proceso de participación ciudadana. Algo tan sencillo como establecer qué es lo que se desea, hasta dónde se quiere llegar, qué requisitos ha de tener la ciudad anhelada… Habría que recordar el reto impulsado por la Fundación César Manrique en lo concerniente a sus tres propuestas para la marina de Arrecife, materializadas en unas maquetas en las que se recogía el sentir de un amplio espectro de la población.

Si existieran unos criterios, la redacción de un proyecto amparado en la participación se convierte en una sencilla tarea. Para el éxito de la empresa sólo se necesita un talante abierto y disposición para escuchar lo que los ciudadanos aspiran en relación con el uso de sus espacios comunes.

En la contribución de los promotores de edificios públicos o privados, la ausencia de talento marca el devenir de la ciudad, dejándose de hacer arquitectura una vez que finaliza la construcción de la Escuela de Pesca o la (entonces) de Artes y Oficios. Lo demás no alcanza a ser ni una mala copia de otras arquitecturas, configurándose Arrecife como una enorme periferia de alguna gran ciudad, dada la pésima calidad de sus exponentes. En el lenguaje que corresponda a cada período histórico, nada de lo nuevo ha sabido sustituir a lo antiguo, con lo cual la pérdida causa una herida doble: lo que hemos perdido acentúa la sensación de desarraigo y de no-pertenencia, a lo que se añade que lo nuevo carece de personalidad o de calidad para que en algún momento pase a formar parte de la memoria común.

El Plan General, desarrollista y torpe en el tratamiento de la ciudad antigua, se muestra como una norma ineficaz y, en su uso como herramienta para la ordenación del espacio urbano, se vulnera y modifica para poder justificar lo que es ilegal. La perversión del sistema propicia que la norma se adapte a los intereses particulares.

La ausencia de espíritu democrático, la carencia de ideas para la intervención en la ciudad, el desprecio de otras ideas y propuestas, la corrupción con sus variadas máscaras, la inexistencia de un proyecto integral para los próximos decenios que tenga continuidad a lo largo de varias legislaturas con independencia de la filiación política de los ediles, la suplantación por la empresa privada del poder político, la soberbia de quien gobierna, el inaceptable paternalismo de algunos que en su arrogancia propician una modificación del Plan General sin que ello sea fruto de la voluntad de una mayoría, la permisividad de quienes tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes permitiendo que los procedimientos sean vulnerados… Todas éstas son enfermedades presentes en esta comunidad que hay que erradicar, demanda que nace del derecho de los que habitan un territorio a decidir sobre lo que sienten como propio.

8 Comentarios

  1. tiburcio

    9:57 am · 18 Marzo 2006

    Y se repetirá la historia?

  2. Pedro G

    10:24 am · 18 Marzo 2006

    Estos dos no tienen abuela. Está claro, por eso los piropos se los echan ellos mismos:

    “Nunca, hasta la aparición en escena de un grupo de carácter social, Ciudadanos por Arrecife, se habló de criterios para la intervención en la ciudad. Después, tampoco se ha vuelto a poner en evidencia la necesidad de establecer unos criterios con los que actuar en la ciudad y su litoral”.

    Pues nada, que no tiene solución la cosa. Como el “proyecto de ciudad” era propiedad exclusiva de Ciudanos por Arrecife, es decir, de ellos, y como Ciudadanos por Arrecife pasó a mejor vida, pues Arrecife está condenada.

  3. Parolo

    11:06 am · 18 Marzo 2006

    Nunca, hasta la aparición en escena de Ciudadanos, se habló de criterios. CRITERIOS. Se habló de mil cosas, de parques, de obras, de infraestructuras, pero de criterios, ni por asomo. Por eso ha sido tan complicado ponerse de acuerdo. Si logramos pactar los criterios, no las obras, esto sería jauja. Estos chicos no tienen abuela, pero no parece faltarles buena disposición e ideas. Yo tampoco tengo abuela . Mis respetos a unos ciudadanos responsables, que no Ciudadanos por Arrecife. Por cierto el articulo es de 2002. Nada parece haber cambiado, ni los derrotistas sin ideas.

  4. Pedro G

    12:00 pm · 18 Marzo 2006

    ¿Qué pasa Parolo, que llevas cacho en esto? Porque buen escudero en defensa de los sinabuela. Normal, como tú tampoco tienes abuela, pues solidaridad corporativa.

    Vale, vale, que hasta la aparición en escena de Ciudadanos, ni proyecto de ciudad ni siquiera criterios había, y lo que decía, que después desapareció Ciudadanos y nos quedamos huérfanos. Pero bueno no niego que tengas razón en que a “estos chicos no parece faltarles buena disposición e ideas”. Sobre la buena disposición, reconozco mi ignorancia, tú pareces disponer de información de primera mano, y sobre las ideas, de acuerdo en que no parecen faltarles, aunque reconocerás que tampoco es que sobren tantas cuando hay que repetir las del año 2002. Pero bueno, como dice el comentarista del artículo de Mario Perez, lo bueno, mejor repetido todos los años.

    Oye, Parolo, que yo también mis respetos a “unos ciudadanos responsables”, que no me saquen a mí del grupo, que bien que me gusta halagar a quien haga falta. Y que, por favor, que no me consideres en el grupo de “los derrotistas sin ideas”, que me buscas la ruina.

  5. merche

    9:10 pm · 18 Marzo 2006

    Un sonotone vamos a comprarle a quines siguen sin escuchar. Lo de CpA pena da mentarlo, y tanto que lo lamento. Quedó en manos de unos sin demasiado entusiasmo que alargaron la agonía de lo que habría que haber finiquitado. Las cosas son en la medida de lo que cada uno es, y CpA eran aquellos que abandonaron, eran quienes creyeron en el proyecto y lo apoyaron, eran todos los que sintieron la causa como suya. Luego transmutó en plataforma no se sabía bien para qué, pero alguna anda colocada, lo cual es una más que poco censurable aspiración simpre que sea para servir, no para servirse. Ella ha olvidado las arengas en la radio y las palabras que nos animaron, hoy suenan huecas. No parece ver que ha perdido la imparcialidad y que ya no ve lo que antes censuraba. Debe ser cosa de la vida.

  6. Leocadio

    10:15 pm · 18 Marzo 2006

    Ni caso a quienes les acusan de no tener abuela. Suena a música celestial y a música clásica. Este tipo de música, la clásica, da cierta pena que suene a clásica porque desgraciadamente, ya ven, cuatro años después los principios y criterios que exponen están de completa vigencia.

    Felicidades por la reflexión.

  7. Severo

    11:49 am · 19 Marzo 2006

    “…derecho de los que habitan un territorio a decidir sobre lo que sienten como propio”. Los únicos que creen que ese derecho existe somos unos cuantos. Desde el Ayuntamiento lo consideran suyo, y los demás somos unos ociosos que pretendemos suplantar la tarea de los gobernantes. Ni se enteran de que se puede compolementar, de que pueden rentabilizar las ideas de la ciudadanía

  8. La Opinión de Lanzarote » 116 errores

    10:40 am · 23 Marzo 2006

    […] “El Plan General, desarrollista y torpe en el tratamiento de la ciudad antigua, se muestra como una norma ineficaz y, en su uso como herramienta para la ordenación del espacio urbano, se vulnera y modifica para poder justificar lo que es ilegal. La perversión del sistema propicia que la norma se adapte a los intereses particulares”. Este es un fragmento del artículo publicado el sábado pasado en esta libreta electrónica, reproducido de una publicación anterior del año 2002, “La ciudad y sus habitantes: de la gestión de sus recursos”, firmado por Manuel Perdomo y Ramón Pérez Niz. […]

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