Jorge Marsá
Me hablaba el otro día un amigo de una serie de documentales que está emitiendo TVE-2. No he visto ninguno, pero tengo el recorte del periódico dando cuenta de la presentación: “A lo largo de siete capítulos, Voces contra la globalización permitirá que se escuche a expertos”. Y recuerdo haberme preguntado en qué serían expertos José Saramago, Eduardo Galeano, José Bové o Manu Chao, si en voces o en globalización.
Me hago ahora otra pregunta: ¿existirá alguna relación entre la intensidad de las voces contra la globalización y las expectativas de desarrollo de las sociedades? Soy consciente de que la relación está algo traída por los pelos, pero me resulta curiosa. (Dejo a un lado el África negra, que desgraciadamente se mantiene al margen de la globalización, que no tiene quien la explote).
En Europa, el país por excelencia de las voces contra la globalización es Francia, donde menos del 10 por ciento de la población considera positiva globalización. Son muchos los que piensan que la sociedad francesa es la más anquilosada de Europa, los que suscriben las palabras de Anthony Giddens: “Francia es un ejemplo de lo que se podría llamar ’sociedad bloqueada’. Es un país replegado sobre sí mismo”. No obstante, se comparta o no el juico, lo cierto es que pese al conservadurismo francés –el 75 por ciento de los jóvenes aspiran a ser funcionarios–, poco peligro corre de caer en la pobreza una de las principales economías de la Unión Europea. Estar en una región rica tiene sus ventajas, como sabemos perfectamente los españoles.
El continente en el que las voces contra la globalización encuentran mayor eco es América del Sur. Una región que no puede, en general, considerarse pobre si la comparamos con los datos medios de la riqueza mundial, pero a la que, sin embargo, se le augura un futuro problemático. Son muchos los expertos que piensan que Latinoamérica corre un serio peligro de convertirse en un continente económicamente marginal, si no está ya en ese camino. Allí las voces contra la globalización, las voces de quienes responsabilizan de sus males a fuerzas externas, las voces de quienes culpan a las instituciones internacionales de la globalización y al denominado imperialismo estadounidense de todas sus desdichas son numerosas y gozan de predicamento. Y efectivamente, el futuro no parece muy halagüeño –salvo en Chile y poco más–. De hecho, la actual bonanza económica del continente está basada en la exportación de unas materias primas cuyos precios se encuentran momentáneamente en alza. Pero poco sólido es el futuro que deba sostenerse sobre esas materias primas, tan poco como el que anuncia la escasez de inversiones extranjeras, un sistema educativo atrasado en ciencia y tecnología, una desigualdad que no tiene parangón en el mundo y la inseguridad que acarrea.
La otra región en la que más sobresalen las voces contra la globalización, más directamente aún contra el imperialismo estadounidense, es la que se engloba por su religión, el islam. Los países que disponen de recursos energéticos fósiles los dilapidan sin prepararse para el futuro, y los que no los tienen se muestran incapaces de lograr un desarrollo económico que permita alumbrar la esperanza de un futuro mejor.
Por el contrario, en un continente mucho más pobre que estas dos áreas, en Asia, pocas son las voces contra la globalización, y poco el victimismo. Allí se han puesto a la tarea de protagonizar su futuro y han encontrado en la globalización las oportunidades que lo hacen posible. Son conscientes de cuál es el camino, y de que a ellos compete la responsabilidad de recorrerlo. Después de Japón, el fenómeno comenzó en Taiwan, Corea…, ahora ha llegado el momento de los dos gigantes, de China e India. Estamos asistiendo en Asia al que probablemente sea el proceso en el que más personas están saliendo de la pobreza en menos tiempo a lo largo de la historia. Y cada vez se extiende más la impresión de que el Sur y el Este de Asia están poniendo las bases de un sólido futuro y de que está próximo el momento en el que puedan tratar de tú a tú a Europa y Norteamérica. Así que allí poco entusiasmo muestran por las voces contra la globalización. No tienen tiempo para lamentaciones, porque es mucho el trabajo que tienen.
PD: Para comprobar cómo y en qué dirección trabajan, resulta muy ilustrativa la lectura del reportaje de Georgina Higueras en el último suplemento dominical del diario El País, “Calcuta, levántate y anda”, con un gráfico subtítulo: “Un comunista convierte la antigua capital de la miseria en símbolo del empuje de la nueva India”.
nano
9:36 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
Tuve ocasión el domingo de ver parte de uno de estos documentales. La verdad es que me pareció muy interesante, y me quedé sobretodo con la idea básica que subyacía en el fondo. El consumismo acelerado, ese motor que tenemos continuamente pasado de revoluciones y que acabará por explotar. Lo decía uno de los entrevistados, la única forma de que la cosa pare es que estalle por sí misma, como pasó cuando la crisis del 29. Cuando las materias primas escaseen o cuando la contaminación provoque desastres que ningún dispositivo de emergencia pueda paliar, sólo entonces es cuando pararemos de verdad. Mientras tanto los pocos que somos conscientes de que eso va a suceder, porque la verdad es que no somos muchos, tenemos que aguantarnos simplemente mirando el transcurso de los acontecimientos, como un espectador contempla una partida de ajedrez sabiendo cual de los dos contrincantes será el ganador.
Otro tema, íntimamente ligado, es el de la cocacolización de nuestras sociedades. El compulsivo ansia de comprar y de poseer objetos, motivada en gran parte por el constante lavado de cerebro al que nos someten los medios de comunicación a través de la publicidad. Manu Chao decía algo significativo al respecto, decía que él había estado en los paises más pobres del mundo, y que hasta en aquellos sitios donde comer todos los días era un lujo había televisiones. Podía faltar el agua potable, la comida, la ropa, la vivienda, las infraestructuras más básicas… pero televisiones siempre había. La televisión es la gran sintetizadora de la globalización, su símbolo y su principal instrumento. La televisión homogeniza culturas, pero también acelera el proceso migratorio. Quien sabe, puede que el instrumento por antonomasia de la globalización sea también la principal baza para combatirlo… si es que queremos combatirlo.
Pedro G
10:01 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
“Si queremos combatirlo”. Me parece que de eso va el artículo, de que en America Latina quieren combatirlo, y así les va, y en Asia quieren aprovechar la globalización, y así les va… mucho mejor.
nano
10:05 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
Por supuesto que les va mucho mejor… la pregunta sería ¿cuántos paises más pueden sumarse a este modelo sin que el planeta colapse por sobreexplotación? A mí no me cabe duda de que tal como estamos el colapso será inevitable en algunas décadas, pero si es que encima se suman unos cuantos miles de millones más a este modelo es que no llegamos ni al 2020.
Anabel Medina
10:47 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
El impulso a la globalización proviene del desarrollo acelerado de la ciencia y la tecnología. Y, desengañemonos, este desarrollo del conocimiento es imparable. Más bien, los analistas coinciden en que estamos a las puertas de una nueva revolución tecnológica (biofísica, nanotecnología, etc.) que afectará a nuestras vidas en modos y formas difícilmente imaginables. Igualmente, la creación de riqueza (qué se produce, cómo, dónde, a quien beneficia) y su distribución experimentará grandes alteraciones y será foco de conflictos.
Aun cuando se haya debilitado nuestra confianza en que a medida que el mundo se vaya haciendo más moderno, se hará también más ilustrado, equilibrado y razonable, sólo las personas (como yo misma y todos los participantes que se mencinan) que observan la realidad desde del inmenso privilegio que nos proporciona el cobijo de un Estado del bienestar podemos tener dudas de que el crecimiento del conocimiento científico ha permitido controlar los riesgos de la vida y eliminar a un nivel hasta ahora desconocido los peores males de la humanidad: la guerra, el hambre y la enfermedad. Pero los que están fuera de este mundo rico que se nos antoja banal y venal no tienen dudas: nuestra realidad es su utopía. Y el compromiso de todas las personas decentes sería contribuir a que la alcanzaran.
Ninguno
10:50 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
El artículo es completamente simplificador y, aunque en última instancia se puede defender la idea, como hace el autor, de que un pueblo es responsable de su futuro y su destino, tan sólo es pura teoría que queda bien para escribir artículos y debatir, algo imprescindible, por supuesto, para el avance del mundo. Da la impresión de que se confunde el objeto de la crítica por parte del autor. Parece que lo quiere es criticar la postura de personajes de Occidente, como Bové, Saramago o Chao, dedicados a anunciar los perjuicios de la globalización y el capitalismo tanto en Europa como en otros lugares, pero que disfrutan de las ventajas del capitalismo y sus comodidades, además de una postura económica holgada. Los pobres de muchas partes del mundo no son responsables de la vida que llevan aquellos que dicen defender sus causas. No se merecen, por lo tanto, ser el blanco de aquellos otros que quieren criticar a los primeros. Efectivamente, como dice el autor, la relación en la pregunta que se hace al principio del artículo está traída por los pelos, y de su curiosidad nace una especie de teoría que no se sabe bien qué es lo que quiere decir pero que deja por el camino algunas cosas llamativas. Que diga que América del Sur es “una región que no puede, en general, considerarse pobre si la comparamos con los datos medios de la riqueza mundial”, es que, o se ha pensado poco o simplemente sirve, como parece, para avanzar en la argumentación. Lo que importa para la pobreza no son las regiones, en definitiva, sino las personas. A una persona que no come en una favela (y son muchas), los “datos medios de riqueza mundial” le dicen poco. Para simplificar, la estadística (de la que se extraen los datos medios) es la ciencia que dice que si yo me como dos pollos y usted ninguno, nos hemos comido un pollo cada uno. Sólo un apunte más: ¿se aplaude el hecho de que en Asia se trabaje y no se quejen de su situación? ¿es victimismo denunciar las injerencias de Estados Unidos en América Latina?.
chino cudeiro
10:58 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
Yo no diría tanto. La utopía de la mayoría de esta gente es tener el sustento asegurado. Tener qué comer y de qué vivir, a ser posible con agua potable accesible. Esa es su utopía, y si pudieran alcanzarla sin tener que renunciar a sus tradiciones culturales estoy seguro que preferirían eso antes que venir a un mundo como el nuestro repleto de humo, ruido, egoismo, desconfianza… Dile a uno de esos indios amazónicos que se están suicidando porque están acabando con la selva que para ellos es sinónimo de vida que su utopía es esto que tenemos nosotros.
Anabel Medina
11:43 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
Estoy de acuerdo contigo, Chino. Porque si yo pudiera, también eliminaría de este mundo rico todos los inconvenientes de la riqueza. La cuestión es, ¿cómo se hace? Y la respuesta es: no lo sabemos. No sabemos como quedarnos unicamente con las ventajas y eliminar todos los inconveniente. Y mientras no lo sepamos, no les podemos plantear una elección absurda. Es una inmoralidad.
C. Miguel
13:01 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
Muchos medios de comunicación al servicio de unos intereses concretos, cuando tienen que definir a las personas o colectivos que no están de acuerdo con las bases y forma de la llamada Globalización, las definen como en contra de o antiglobalización, cuando en realidad es una idea distinta de la misma o globalización alternativa.
Esta ideología considera que no todas las decisiones deben ser tomadas por el mercado, es decir, como un proceso impulsado y controlado por empresas multinacionales (EMNs) y las elites integradas por las personas más ricas y poderosas del mundo. Por el contrario proponen una globalización inclusiva, basada en la cooperación y la seguridad, cuyo lema es “Otro mundo es posible”, siendo el Foro Social Mundial, su movimiento más representativo, al cual pertenece entre otros muchos el Nóbel José Saramago.
Según el Foro Social Mundial, la Globalización es un concepto ambiguo y desatinado, apto sólo para ocultar el proceso real de expansión del capitalismo en escala mundial. Él solamente describe cómo operan ciertas categorías como la información a través de Internet, el capital financiero que opera a través de la transmisión de datos y mediante el papel, las tarjetas de crédito y las bolsas de valores; promueve el carácter supuestamente civilizador y progresista de los medios de comunicación generalmente controlados por las grandes empresas de los grandes imperios y otros elementos de la misma naturaleza en escala supranacional. Pero no explica las causas y las contradicciones de esos comportamientos como efectivamente lo hace la teoría del imperialismo y de la mundialización del capital
La economista Miren Etxezarreta indicaba en su Seminario de Economía Crítica que “la globalización neoliberal es bien sencilla de aplicar: liberalizar el comercio y los flujos de capitales, de tal manera que se pueda comerciar con ellos sin ningún control, en todo el mundo, que nadie pueda ponerles condiciones; privatizar porque afirman decididos - claro que sin ninguna prueba - que todo lo público es poco eficiente, flexibilizar el mercado de trabajo - es decir convertir a los trabajadores en un coste variable pudiendo contratarlos a los salarios que a la empresa le parezcan adecuados y despedirlos cuando les convenga -; y finalmente, desregular, es decir, eliminar todas las regulaciones públicas de la vida económica y social para que ellos puedan establecer sus propias reglas
El Foro Social Mundial, considera que algunas de las medidas a tomar para mejorar la globalización son: Fomentar el comercio justo- Industrialización del Tercer Mundo y mejorar sus economías- Condonación de la deuda externa de los países pobres- Tasa Tobin: grava con un impuesto bajo cada transacción financiera, penalizando así los movimientos especulativos, e invirtiendo eso en el desarrollo de países pobres- Disminuir el gasto militar y erradicar el fraude fiscal. En los países ricos estas medidas podrían servir para dedicar más dinero al desarrollo sostenible e intentar superar o acercarse al famoso 0,7 % del PIB, porcentaje dado por la ONU- Disminuir los flujos migratorios. Igual que Europa emigró durante los pasados siglos a América, Australia, Asia…, ahora es justo permitir que muchos ciudadanos de países pobres puedan venir a los países ricos para ganarse la vida y mejorarla. Siendo aun más urgente estudiar medidas para evitar la migración masiva
buena frase
20:14 | 5 Diciembre 2006 | Permalink
Me parece que está muy bien la frase de C. Miguel: “la Globalización es un concepto ambiguo y desatinado, apto sólo para ocultar el proceso real de expansión del capitalismo en escala mundial”. Lo que no entiendo es por qué no se produce un proceso real de expansión del otro modelo económico, el que tienen en Cuba y Corea del Norte, que podía ser la solución para la desigualdad en el mundo: todos pobres.
PETER GRIFFIN
9:10 | 27 Febrero 2007 | Permalink
YO CREO QUE LOS PRINCIPALES DEFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN SON:
La inmediatez de los eventos económicos puede llevar a que la onda expansiva de los efectos de cualquier crisis financiera internacional es más amplia y puede perjudicar a mucha más gente (por ejemplo, la crisis de los mercados asiáticos de 1998). Agrupaciones anti-globalización argumentan además que este sistema aumenta la brecha económica entre los pueblos, al acentuar aún más las diferencias entre los países pobres productores de materias primas y las naciones desarrolladas (más aún, grupos económicos específicos) dueñas de la riqueza, al mismo tiempo que supone una destrucción de la ecología mundial al dejar a naciones subdesarrolladas como fuentes de recursos naturales baratos para países con alta demanda. O sea, la globalización estaría permitiendo que una pequeña élite se enriquezca a costa de todo el resto del mundo. Y desde el punto de vista cultural, se acusa a la globalización de crear una tendencia hacia la homogeneidad: se teme que las culturas locales vayan progresivamente desapareciendo y perdiendo su identidad para dar lugar a patrones de conducta extranjeros, como por ejemplo la difusión del idioma inglés o la adopción de la fiesta de Halloween. Es decir, se va camino a una unidad cultural hegemónica de predominio de Occidente en desmedro de una cultura global basada en la diversidad.