Jorge Marsá
He escrito sobre la Cultura, la agricultura, la ganadería, la pesca y los edificios porque son las cuestiones más recurrentes entre quienes en la Isla reivindican la necesidad de mantener vivas las tradiciones y las enseñanzas de nuestros mayores para afrontar el presente y futuro de la sociedad insular. Esta postura típica del nacionalismo cultural se extiende mucho más allá de la frontera del nacionalismo político.
Desde esta perspectiva creo que debe entenderse, por ejemplo, el artículo titulado “Historias de la isla desmemoriada”, en el que Mario Ferrer describe los criterios que le han guiado a la hora de acometer la redacción de Lancelot. Edición especial 25 aniversario. La reivindicación de la que hablábamos, que no resta mérito a su buen trabajo, queda bien explicitada: “En la experiencia de los seres que transitaron la milagrosa topografía del siglo XX de esta ínsula reseca donde se pueden encontrar las llaves maestras de nuestro devenir”.
Así ha sido, efectivamente, a lo largo de casi toda la historia de la humanidad, durante la cual las sociedades eran mucho más dependientes del pasado que en la actualidad. En consecuencia, los conocimientos de la tradición constituían en ellas el grueso fundamental del saber colectivo y se consideraba a las personas de más edad como las depositarias de ese saber.
Las sociedades ricas de la actualidad son distintas, y bien podrían caracterizarse por su menor apego al pasado, por vivir el presente pensando en el futuro y por hacerlo de forma claramente individualista, es decir, por una libertad desconocida hasta la fecha. Y tiene su lógica que en estas sociedades los mayores hayan dejado de ser considerados los depositarios del saber colectivo, porque son bastantes los aspectos en los que los ciudadanos más experimentados se muestran en clara desventaja frente a los nuevos conocimientos que impulsan a los más jóvenes. Y esto es así hasta la exageración: no por casualidad se habla hoy de que la sociedad, especialmente las empresas, está dejando en el camino a gentes cuya experiencia no debería ser despreciada. Es cierto, pero es un síntoma de lo muy distinta que en este sentido es la sociedad actual frente a las del pasado: el saber de nuestros mayores ha perdido buena parte de su preeminencia. En unos casos, para bien; en otros, no tanto.
Es verdad que hay quienes perciben esta nueva realidad como una amenaza. Se acude al pasado y la memoria para exorcizar los demonios del presente. Y así podría entenderse lo que escribe Mario Ferrer en su artículo: “Lanzarote tiene la urgente necesidad de aprovechar cualquier resquicio que permita parar y mirar atrás. Toda aportación en ese camino es poca, incluso esta guía rápida de lo sucedido en estos últimos 25 años, que se presenta humildemente como un apoyo más para volver a nuestro tesoro más lujoso y olvidado: la memoria”.
Lo de menos es que la memoria, como la tradición, tenga escasa relación con la Historia, lo que llama la atención es que se la considere como “nuestro tesoro más lujoso y olvidado”, lo que no deja de ser un síntoma del vértigo que provocan los desafíos del presente y el futuro que se anuncia. “Parar y mirar atrás”; vano intento, como siempre, de detener la arrolladora transformación social.
Lo curioso de este fenómeno, de la amplia aceptación del nacionalismo cultural –incluso entre quienes tan alejados están de su vertiente política como creo que están tanto Miguel Fierro como Mario Ferrer–, es que son hoy muchos entre los que se consideran progresistas los que defienden la postura que siempre distinguió a los conservadores: la defensa de la tradición y de la necesidad de conservar las enseñanzas y los valores de antaño frente a las degeneraciones de hogaño. Hasta hace bien poco, eran los conservadores quienes se dedicaban a cultivar y realzar el pasado, y su objetivo era claro: frenar a aquellos que pretendían acabar con las viejas costumbres, a los progresistas que se afanaban por socavar las tradiciones sobre las que se asentaba la sociedad para construir un futuro que auguraban mil veces mejor. Quizá no toda, pero tenían razón. También en Lanzarote, cualquier tiempo pasado fue peor.
Así era entonces: el pasado el territorio preferido de los conservadores; el presente y el futuro, patrimonio de los progresistas. Hoy no se sabe ya quiénes son los conservadores y quiénes los progresistas. Aunque de lo que sí podemos estar seguros es de que poco se avanza cuando la mirada está siempre pendiente del retrovisor, que por mucho que insistan, no son la memoria y el saber de la tradición las mejores armas para construir el futuro de la sociedad insular.
Miguel Hernandez
10:13 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
De los tres artículos, este es el que me parece más controvertido, aunque probablemente cualquier nacionalista discreparía conmigo. ¿Cualquier tiempo pasado fue peor? Hasta cierto punto y dependiendo de a quienes cogamos como ejemplo. Desde luego, para quienes hoy día viven en casas terreras rodeados de todos los lujos imaginables, sin problemas para llegar a fin de mes, etc, etc, seguramente para estos, nunca el ser humano ha vivido tan bien como actualmente. Pero para otros muchos, ahogados por una hipoteca para pagar una casa de paredes de papel, teniendo que tirar de arroz y espaguettis porque la cesta de la compra no da pa más… para esos es posible que este mundo no sea el mejor de los posibles, y probablemente añoren otros tiempos en los que las cosas eran más sencillas, aunque por supuesto todo dependeria de la situación en la que los pusiéramos en ese hipotético pasado. Pobres y ricos siempre los ha habido, gente que vive bien y gente que vive mal, toda la vida. La pregunta sería, ¿hay más gente viviendo mal ahora o había más gente viviendo mal hace años? ¿Cómo podriamos medir esto, con qué clase de regla? Millones de personas se mueren de hambre hoy, millones de personas se morían de hambre ayer, millones de personas morirán de hambre mañana. La evolución es un hecho, y los seres humanos hemos evolucionado, pero creo que tener una fe ciega en que esa evolución es siempre a mejor, porque sí y ya está, es una fe muy poco recomendable.
A este respecto, el conocimiento del pasado es absolutamente imprescindible. No para quedarnos anclados en él, sino simplemente para tener una referencia desde la que movernos. Conocer la historia nos permite tener una visión global de lo que somos y hemos sido. Nos permite establecer comparaciones para poder decidir racionalmente en qué cosas hemos mejorado y en cuales hemos ido a peor. Por poner un ejemplo, conocer la historia nos permite ponernos en guardia ante todos aquellos que van por ahí diciendo que su raza es la que debe prevalecer. ¿Cuánto tardaría en surgir un nuevo Hitler si olvidáramos lo sucedido antes y durante la segunda guerra mundial? No podemos desechar el pasado como si fuera un trapo sucio. De acuerdo con que tampoco debemos quedarnos en el rollo nostálgico imaginando que las cosas antes estaban mucho mejor, pero lo contrario sólo nos llevará a repetir los mismos errores una y otra vez y, en última instancia, dejar caer en saco roto las experiencias de millones de personas que pisaron este mundo antes que nosotros.
uno mas
10:30 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
Para Marsá cualquier tiempo pasado fue peor, porque a el le debe ir muy bien. No es un artículo controvertido es una patinada que no puede demostrar que la cultura conejera no valga para nada.
Jorge Marsá
11:21 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
No propongo, ni mucho menos, olvidarnos de la Historia. Lo que digo es que no parece muy sano que el conjunto de la sociedad ande tratando de sustituir a los historiadores, mirando hacia atrás en lugar de centrar sus esfuerzos en el presente y en la consecución de un futuro mejor. Y ello no obsta para que sea yo un aficionado a la lectura de libros sobre el pasado, y me parezca de perlas que otros cultiven esa afición.
Y si fueran más los que la cultivaran, si se conociera el pasado reciente, no habría necesidad de negar afirmaciones como ésta: “Pero para otros muchos, ahogados por una hipoteca para pagar una casa de paredes de papel, teniendo que tirar de arroz y espaguettis porque la cesta de la compra no da pa más… para esos es posible que este mundo no sea el mejor de los posibles, y probablemente añoren otros tiempos en los que las cosas eran más sencillas”. Si se añoran esos “otros tiempos” debe ser porque no se conocen, porque tambien para quienes pertenecían al mismo estrato social que los hoy “ahogados por una hipoteca” eran claramente peores que los actuales.
Miguel H.
11:55 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
Esa es una afirmación un poco peliaguda, ya que no existe nadie que haya vivido en dos épocas distintas perteneciendo a un mismo estrato social. Para empezar tendríamos que ponernos de acuerdo acerca del método usado para equiparar un estrato social actual con uno del pasado. Luego tendríamos que escoger dos ejemplos que pudieran considerarse emblemáticos para uno y otro… y por último, tendríamos que preguntarles acerca de su nivel de satisfacción o felicidad. Hoy hasta los que menos tienen, hablando de sociedades primer mundistas y sin irnos a los extremos, tienen televisión, frigorífico, coche, lavadora etc, etc… ¿pero somos más felices? ¿estamos más satisfechos? ¿o por el contrario vivimos en un permanente estado de ansiedad por no poseer todo lo que nos dicen que debemos poseer?
Tal vez, Jorge, estés equivocado y hasta esas personas que para conseguir agua potable tenían que recorrer un montón de kilómetros eran más felices que nosotros con nuestras hipotecas. Sólo tal vez. Ahora, si tú me dices que la felicidad o nivel de satisfacción de las personas se ha de medir por lo que poseen, y no por lo que necesitan, entonces está claro que hoy día hasta los de estratos sociales más bajos deberían ser mucho más felices que incluso los más ricos de otras épocas. ¿Qué regla usamos para establecer comparaciones a la hora de decir en qué época se vivió mejor? Los libros de historia son buenos para darnos datos objetivos acerca de las posesiones materiales de unos y otros, pero las novelas e incluso los poemas escritos en otros tiempos tal vez sean más eficaces a la hora de establecer cuando y quienes vivieron mejor. No estaría de más cultivar eso también.
Plácido
13:30 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
Con esto de las condiciones de vida de nuestros antepasados pasa como con las de los cubanos en su isla: que muchas personas, por motivos interesados, están dispuestas a poner en duda lo que son las más absolutas obviedades. Todo para intentar mantener una conclusión prefijada de antemano.
Que se tiene cierta simpatía con el regimen castrista, pues relativiza la importancia de cosas como la libertad de prensa, el derecho a libre asociación, a la libertad de pensamiento y expresión… En aras de no dejar que a uno se le caiga la ilusión de que otro mundo es posible, nada mejor
Que se está descontento con
raquel
13:36 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
Por supuesto que estoy agobiada con la hipoteca, pero no veas cómo andaban mis padres a mi edad incluso sin hipoteca, de mis abuelos ni les cuento y de más para atrás mejor no hablar. A lo mejor el dinero no da la felicidad y los pobres de antes vivían tan felices.
Plácido
13:41 | 20 Diciembre 2006 | Permalink
Con esto de las condiciones de vida de nuestros antepasados pasa como con las de los cubanos en su isla: que muchas personas, por motivos interesados, están dispuestas a poner en duda lo que son las más absolutas obviedades. Todo para intentar mantener una conclusión prefijada de antemano.
Que se tiene cierta simpatía con el regimen castrista, pues relativiza la importancia de cosas como la libertad de prensa, el derecho a libre asociación, a la libertad de pensamiento y expresión… En aras de no dejar que a uno se le caiga la ilusión de que otro mundo es posible, nada mejor que una buena pátina de maquillaje a la realidad.
Que se está descontento con el estado actual de cosas, pues se relativiza el valor de un grifo de agua, de una carretera asfaltada, de la democracia, de la posibilidad real de elejir… total, ¿elejir para qué? … en el caótico mundo actual, tan rápido….tan materialista… es el alma del hombre la que está enferma y perdida. Las opciones solo nos despistan de este hecho. En el campo, con jornadas de sol a sol, tendríamos tiempo otra vez de encontarnos a nostros mismos, sin pseudosensaciones, sin la zanahoria del consumismo.
Pues nada chicos, ¿por qué no se animan? los primeros, solo tienen que trasladarse a la isla caribeña -y renunciar a sus derechos como españoles- y los segundos lo tienen algo más difícil, pero bueno, un pseudopasado al menos se podrán montar.
félix
20:53 | 6 Enero 2007 | Permalink
Que bueno, que torrente de ideas contrapuestas y sin embargo si cojemos un poco de aquí y otro de allá tal vez encontraremos las respuestas. No las daré yo pero mirad, en otro artículo que no recuerdo, pero que viene al caso, expreséalgo así: cuando vivía en Lanzarote, hace ya muchos años, dejábamos la puerta de la calle abierta (C/ Figueroa) y un vecino podía entrar hasta la cocina preguntando si había alguien, pero poníamos una pantalla de plástico en el televisor para ver, no sé qué demonios de imágen que asemejaba el color, o eso queriamos creer. Ahora nadie se da cuenta de que su televisión está hasta saturada de color; esto es tan común como que salga el agua por el grifo de la ducha cada mañana, en vez de subirla con una bomba eléctrica desde el algibe hasta un depósito y luego ya veriamos. Ahora, la “tele”, TDT, VCD, DVD y toda esta parafernalia nos entra como si fuera parte de la creación, la tenemos tan asumida que ya no percibimos este cambio. Mis hermanos se gastan un pastón en sus respectivos sistemas de vigilancia privada, la abuelas van con los bolsos cosidos al cuerpo, no para que no se les roben, sino para que no se caigan al suelo cuando les den el tironazo, y así suma y sigue. Una amiga de Soo, pudo sacar su carrera porque mi padre les compró un candil y una botella de gas butano y luego luchar por conseguirle una beca. Sin embargo la leche de ahora no sabe a nada. Y ya no canso más perdón.
félix
20:55 | 6 Enero 2007 | Permalink
P.D. ¿Pero no iva de Tradiciones y de Cultura este artículo?