Miércoles, 7 de Febrero de 2007

Nadie habla del clima

Ángel Tristán Pimienta

[La Provincia, 6 de febrero de 2007]

Se acercan las elecciones y son muy pocos los que hablan del principal problema del planeta: el cambio climático. Los ingenuos o ‘enterados’, encantados de llevar la corriente incluso a las leyes elementales de la física y a los principios más obvios de la matemática, han quedado en el más preclaro de los ridículos.

Ya los malos augurios sobre el cambio climático no es cosa de unos cuantos excéntricos reunidos en Kioto y que se pusieron de acuerdo en decir tonterías para hacerse famosos, que era la doctrina emanada por los cerebros en marketing e intoxicación de algunas de las multinacionales más importantes del sector energético.

La evidencia de que el hombre está causándole un daño irreversible al planeta, rompiendo sus delicados equilibrios, es apabullante y deja a los nihilistas medioambientales y a los papanatas pegados al petróleo y a sus intereses, como George Bush, a la altura del betún. Al presidente norteamericano le crecen los enanos: el superávit que le dejó Bill Clinton lo ha convertido en un tremendo déficit cuyo efecto soportarán los estadounidenses durante años; su irresponsable política exterior está multiplicando los conflictos… y la carrera atómica por parte de países que, como Irán y Corea del Norte, se sintieron amenazados por la superpotencia; la estúpida guerra de Irak, una histórica chapuza donde nada ha funcionado, ha sido peor remedio que la enfermedad. Ha creado una guerra civil donde no la había, ha multiplicado el terrorismo islámico y, lo que también es de nota, al contradecir el principio estratégico, inventado por cierto por los generales USA en la II Guerra Mundial, de tener en cuenta el ´concepto estratégico global´… abandonaron la lucha contra Al Qaeda en Afganistán. Resultado, peor imposible, con los precios del crudo, encima, batiendo récord.

Al protocolo de Kioto se le han sumado nuevos estudios que representan a la totalidad de la comunidad científica mundial. Frente a la ceguera de la actual Casa Blanca, muchos Estados norteamericanos han decidido aplicar su propia normativa, como California. A ellos se han sumado cientos de ciudades, conscientes de que en esta ocasión la unión no solo hace la fuerza sino que contribuirá a frenar un proceso de consecuencias incalculables si no se controlan las emisiones de CO2. El documental dirigido y presentado por el ex vicepresidente demócrata Al Gore - propuesto para premio Príncipe de Asturias- ha sido un importante revulsivo, que ya es como un ´libro de cabecera´ sobre el problema más aterrador al que se enfrentan los humanos. Informes de comisiones multidisciplinares de distintos países han alertado también de las consecuencias de no frenar en seco el uso de combustibles fósiles y de no apostar por un mecanismo combinado de ahorro más energías alternativas.

En los últimos meses la marea ha cambiado de signo. A estas alturas pocos discuten lo obvio y demostrado científicamente. Que los glaciares se deshielan puede verse en las fotografías; para comprobar que la temperatura ha aumentado, basta comparar las secuencias disponibles; en Laponia el clima cada vez es más suave. Organismos especializados afirman que si persiste el calentamiento los países del Norte de Europa le discutirán los destinos turísticos a los del Sur.

No obstante, los gobiernos no aprietan el freno con suficiente determinación para dar un volantazo. Es verdad que promueven estudios, es verdad que se crean servicios ´ad hoc´, como ha hecho el Gobierno español, es verdad que se han iniciado campañas de mentalización… pero siguen siendo medidas insuficientes. Las ciudades norteamericanas, y muchas europeas, están marcando el mejor camino, a pesar de que tengan que soportar las iras de un sector de la industria que necesita cambiar, pero que se resiste como gato panza arriba. Muchos deben tomar nota de lo que le ocurrió a la Chicago Ice Company a principios del siglo pasado. Ante el descenso de la venta de bloques de hielo, mejoraron la producción, pusieron precios más competitivos, ampliaron la distribución, sustituyeron los carros con mulos por camionetas…. Fracasó a pesar de todo, porque lo que tenían que haber hecho era fabricar neveras. En la actualidad pasa un poco al contrario: muchas industrias que utilizan un exceso de fueles o de electricidad producida por materia prima contaminante han de modificar imperativamente sus métodos.

Lo asombroso es que se acercan las elecciones, y en Canarias de este tema no se habla. Porque no interesa. El futuro lo va a cambiar cuatro demagogias simplonas y ombliguistas. ([email protected])