Jorge Marsá
[Publicado también en Basta Ya]
Llevamos ya mucho tiempo discutiendo sobre el nuevo Mediterráneo descubierto por el presidente del Gobierno, sobre la poción mágica para resolver cualquier conflicto: el diálogo. Y en esas seguimos: la semana pasada, los socialistas intentaban en el Parlamento europeo sacar a Batasuna de la lista de organizaciones terroristas, porque tenerla allí sería contraproducente para “una estrategia de apertura y diálogo”. Y este fin de semana Zapatero insistía en que mantiene intacta su determinación de dialogar en cuanto se olvide la violencia.
Poca importancia tiene lo que ocurra en el terreno de la realidad. La fe no atiende a razones. Y como se ve, es auténtica fe lo que algunos tienen en que el diálogo es la solución al conflicto. Sin embargo, el problema no se limita al “conflicto vasco”, al terrorismo, a los medios que algunos utilizan para conseguir sus fines. Por eso, lo que se propone es un diálogo sobre la cuestión política, sobre los fines perseguidos –que son los de todo el nacionalismo vasco–. Y entonces, uno se pregunta: ¿qué hemos estado haciendo desde el final de la dictadura sino dialogando con el nacionalismo vasco? Bueno, dialogando, negociando y haciendo en cada momento las concesiones que se consideraban imprescindibles para aplacar las exigencias de los nacionalismos ibéricos.
Parecía razonable hacer concesiones al nacionalismo catalán y al vasco en 1978, para que la Constitución tuviera el respaldo de la más amplia mayoría. Aunque ya en aquel momento, se vio que ni siquiera el impresentable privilegio económico otorgado al nacionalismo vasco era suficiente para que apoyara la Carta Magna. Desde entonces, a cada concesión, o a cada descentralización del poder político, después del pertinente e interminable diálogo, el nacionalismo ha respondido siempre de la misma forma: estación de paso. El nuevo Estatuto de Cataluña ha sido la última prueba: tanto los nacionalistas moderados como los radicales lo consideran provisional, y nos dicen claramente que es cuestión de tiempo, y no de mucho, que se pongan a apretarnos nuevamente las clavijas.
Llevamos treinta años dialogando. Pues bien, algunos siguen pensando que el problema es que no hemos dialogado lo bastante, que es cuestión de insistir con el ungüento mágico. Los psicólogos sociales han estudiado bien el fenómeno, y han utilizado en ocasiones el ejemplo de la solución propuesta por los generales estadounidenses para la guerra de Vietnam: bombardear el Norte. Tras cada fracaso, ellos renovaban la fe: se ha bombardeado poco, hace falta bombardear más. En efecto, mantuvieron incólume su fe, se fueron incrementando los bombardeos hasta… perder la guerra.
Volviendo a “lo nuestro”: resulta difícil no pensar que es pura ingenuidad, cuando no completa estupidez, persistir en la creencia de que mediante el diálogo se podrá alcanzar un acuerdo para poner fin a un “conflicto” con quien vive gracias a su existencia. Después de tres décadas, debería estar bastante claro que carece de sentido pedirle que colabore a sofocar el incendio a quien encuentra en el fuego su razón de ser. Y ya se puede dialogar lo que se quiera, y durante el tiempo que se quiera, que el nacionalismo no dejará de avivar la hoguera. No puede dejar de hacerlo: si se apaga el fuego, se apaga el nacionalismo.
Pero Zapatero parece ser de los que creen que la fe mueve montañas y, en consecuencia, su propuesta coincide con la de aquellos generales estadounidenses: lo mismo, pero más; y está dispuesto a bombardearnos con su fe todas las veces que haga falta… hasta ganar la guerra. Y contra la fe, ya se sabe, pocos remedios hay. Así que de poco servirá el pertinente recordatorio, que nos ofrecía días atrás Rosa Díez en su blog, del fallecido dirigente socialista Mario Onaindía: “¿Qué es hacer política en Euskadi? Exponerte a que un energúmeno te pegue un tiro por la espalda, un imbécil lo justifique diciendo que sus fines son legítimos y un idiota diga que esto se arregla dialogando”.
Daniela
10:37 | 22 Febrero 2007 | Permalink
Y si el diálogo no vale para intentar arreglar el problema, ¿cómo lo podríamos hacer?, ¿a garrotazos?
Robaina I
11:36 | 22 Febrero 2007 | Permalink
No es cuestión de garrotazos sino de que estamos hartos de que nos tomen en el pelo o nos tengan siempre enredados en lo mismo y lo explica muy bien artículo.
Dialogante
13:58 | 22 Febrero 2007 | Permalink
El texto rebosa de verdades como puños pero me hago una pregunta: ¿es el estado policial la única solución al conflicto vasco?, si no hay diálogo, ¿qué nos queda?
y por cierto, no tergiverse ni mezcle las cosas sr Marsá, cuando habla usted de ese diálogo que han mantenido los nacionalistas con el gobierno central, se olvida de que parte de la modernización de España ha sido gracias al desarrollo del estado de las autonomías, de lo que se deducen dos cosas, la primera que no es el Estado el que negocia con la periferia, es el Estado mismo el que negocia consigo mismo para su perfeccionamiento, y prueba de ello es que la mayoría de las competencias que en los 80 pedían los nacionalistas catalanes y vascos hoy se disfrutan en la mayor parte de este país, y lo segundo, todo lo anterior pertenece al funcionamiento democrático de un país tutelado por una Constitución, ¿porque mezcla usted democracia con terrorismo? ¿porque vincula un texto sobre el fracasado proceso de paz con la vida democrática de los últimos 30 años en este país?
Asimétrico
14:35 | 22 Febrero 2007 | Permalink
Marsá, como siempre, tan costructivo. Gracias por ofrecer alternativas tan brillantes. De tus argumentos se derivan tres posibilidades:
1ª. Opción: enfrentamiento con el nacionalismo (vuelta al estado centralista o ni una “consesión” más) y sus electores-delincuentes. Su propia ideología los deslegitima al no coincidir con la de Marsá y otros muchos. En esta casa sólo manda el cabeza de familia. Viva la bronca y el conflicto. Si no te gusta, siempre te quedará Miami. No vamos a permitir una visión dinámica, diacrónica y asimétrica del Estado. La historia siempre la escribieron los vencesores.
2ª Opción: retirarle el derecho a voto a todos aquellos que defiendan un modelo estatal asimétrico. Les cosemos una estrella en la ropa o aplicamos algún tipo de solución final.
3ª Conceder la independencia a todas las comunidades que así lo decidan democráticamente. Constituir una España (al estilo de la Yugoslavia serbia) más cohesionada y uniforme.
¿O quisiste abrir otras puertas que mi estulticia me impide ver?
pp
16:42 | 22 Febrero 2007 | Permalink
La solución de Marsá es el PP
pesaditos
18:42 | 22 Febrero 2007 | Permalink
Siempre hay alguno con la misma matraca, y con la misma falta de ideas, si no le gusta el artículo que lo diga y siquiere diga por que y si no tiene nada que decir que se calle.
LANZAROTE FUTBOL
21:40 | 22 Febrero 2007 | Permalink
SELECION DE LANZAROTE (INFANTIL)
La selecion infantil de lanzarote va a tener que preparar el equipo pa la copa de canarias.
De lo 20 equipo que hay en lanzarote en el grupo infantil y 92 jugadores infantiles,el selecionador (AGUSTÍN HERNÁNDEZ )de la selecion de lanzarote (infantil) ,de eso 92 jugadores va a tener que elegir a 20 jugadores para la SELECION INFANTIL DE LANZAROTE.
JUGADORES INTERESADOS:
luis (torre la vega),raul (maritima),sara (maritima),hugo (maritima),tarik (lanzarote),manuel (lanzarote),henry (lanzarote),hector (lanzarote),juanjo (harias),jose (teguise),shara (la vega),tony (la vega),kevin (titeroy),matias (playa honda)……
alcíbiades
22:54 | 22 Febrero 2007 | Permalink
La verdad es que si gran parte la modernización de España ha sido cosa de las autonomías yo he debido estar viviendo en Burkina Faso. ¿Qué querrá decir Dialogante? Asimétrico pone a la Mula Francis como referente.
En el País Vasco no hay recetas mágicas, pero hay mucha gente que lleva amenazada 25 años (sí, 25 años sin poder hablar, moverte, reírte libremente en tu pueblo, donde te nacieron o te llevaron o donde te ha salido de las santas pelotas vivir) y no dicen que no al diálogo. Han confiado en ZP pues si el Presidente del Gobierno te mira a los ojos y te lo pide, pues en principio no parece lo suyo decirle que no.
Lo cierto es que llevamos unos meses raros, máxime después de las píldoras del 30 de diciembre en la T4. Por ello es bueno leer lo que dicen aquellos ciudadanos, de los que el grupo que escribe en Basta Ya es uno de los mejores ejemplos. Como es bueno leer a Onaindía o a Teo Uriarte hablando del PNV, los pata negra.
Se acaba de publicar “Contra Cromagnon” de Félix Ovejero. Otro que debe ser de los que hablan como el ABC.
Asimétrico
7:23 | 23 Febrero 2007 | Permalink
No, Alcibiades, dejen el victimismo del ABC. Ovejero habla como el partido que fundó junto a otros: Ciudadanos. Nada que objetar, simplemente discrepo. Cada ciudadano -¿o yo no lo soy?- leerá a quien le apetezca. El hecho de leerlos, además, no signica que vaya a estar de acuerdo con ellos. Menuda chorrada.
Viva el futbol
12:58 | 23 Febrero 2007 | Permalink
Yo a tony y a kevin no los ponía en la selección que van mal por banda izquierda
Jorge Marsá
20:07 | 24 Febrero 2007 | Permalink
Artículo publicado hoy en la edición del País Vasco de El País:
El pentálogo de Vitoria
José María Ruiz Soroa
Rodríguez Zapatero ha hablado por fin y nos ha dejado unas a modo de tablas de la ley, con cinco mandamientos para el futuro de la relación con el terrorismo. Por lo menos así las ha tomado la opinión publicada en los medios, que celebra la claridad del discurso presidencial en comparación con la ambigüedad de los anteriores. Mucho me temo, sin embargo, que este entusiasmo por la aparente claridad de los preceptos sentados no resiste un análisis reposado de los términos del discurso presidencial. Sucede, en efecto, que el verdadero sentido de los textos sólo se obtiene a veces “cepillándolos a contrapelo”, como decía Walter Benjamin. Es decir, sacándolos del contexto interpretativo preconstituido y forzándolos en su desnudez para que revelen su secreto, por mucho que éste no sea el que se desea escuchar. Este es el método que les proponemos.
En cuanto al fondo de la negociación, persiste el esquema ambiguo y borroso de premio político a cambio de paz. Si se lee a contrapelo, muestra aspectos que suponen, más que otra cosa, un alivio para ETA-Batasuna. En primer lugar, Rodríguez Zapatero proclama que el PSOE (entiéndase “el Gobierno”) está por “un acuerdo plural entre partidos para fijar el futuro político de esta tierra”, pero que “no dará un paso adelante mientras subsista la violencia”. Si se lee a contrapelo, esta proposición nuclear muestra algunas vetas de sentido que, más que otra cosa, suponen un verdadero alivio para ETA-Batasuna. En efecto, al decir el presidente que el futuro político del País Vasco requiere de un renovado acuerdo ínter-partidario, y que este acuerdo no tendrá lugar en ningún caso hasta que cese la violencia, está implícitamente confirmando que mientras ETA/Batasuna no decidan incorporarse al acuerdo, éste no tendrá lugar. Y excluir a priori la posibilidad de un acuerdo político sin ETA-Batasuna es tanto como conceder a éstos la llave para abrirlo. Sin vosotros no hay acuerdo, sois imprescindibles, así que tranquilos: ése es el mensaje subterráneo. Al renunciar a un acuerdo entre el 90% de ciudadanos vascos demócratas (e incluso a amagar un movimiento en esa dirección), se otorga graciosamente al 10% radical el protagonismo absoluto en la apertura del proceso. No sólo esto, sino que, además, la oferta no está sujeta a plazo de caducidad: os esperaremos tanto como haga falta, se dice a los radicales terroristas. Y por último, se establece con firmeza una relación condicional entre el fin de la violencia y el acuerdo político inclusivo, un do ut des en toda regla: si abandonáis la violencia haremos un acuerdo político que os incluya.
Esta relación entre “fin de la violencia” y “acuerdo político inclusivo” plantea el problema típico de todas las obligaciones con contraprestaciones recíprocas, un problema que la ciencia jurídica ha explorado a fondo desde hace siglos: la cuestión difícil del sinalagma contractual, es decir la relación tanto genética como funcional que se establece entre las dos prestaciones comprometidas. Determinar cómo afecta el cumplimiento o incumplimiento de una de ellas a la otra, o qué ocurre en los casos de cumplimiento defectuoso o incompleto, el asunto del orden temporal de cumplimiento, los efectos de su reciprocidad, etc. Desde esta experiencia secular se puede señalar con bastante seguridad que la imprecisión en la definición exacta del sinalagma acarrea inevitablemente un defectuoso funcionamiento del esquema negociador en el futuro, pues alienta los forcejeos de cada parte para renegociar a su favor las prestaciones recíprocas inicialmente mal perfiladas. Y todo hace temer que, en nuestro caso, existe esa mala definición de las prestaciones, puesto que sus términos incurren en una ambigüedad significativa. En efecto, a ETA-Batasuna se le oferta un “acuerdo político inclusivo sobre el futuro de esta tierra”, expresión muy inconcreta. En primer lugar, porque habla de “esta tierra” en lugar de citar un ámbito institucional determinado, lo que difumina su alcance exacto. Y en segundo, y más importante, porque los destinatarios de la oferta pueden legítimamente suponer que si se les ofrece un acuerdo es porque se aceptarán en algún grado sus pretensiones (si no fuera así, ¿qué acuerdo sería ése?). Y si se les induce a creerlo, probablemente forcejearán más adelante para incluir el máximo de ellas. La predicción es que si no se celebra el acuerdo que una parte supone, tampoco se dará el fin de la violencia que la otra espera, al igual que no se entrega una mercancía sana cuando se recibe moneda devaluada
La otra definición del sinalagma es la de las condiciones para abrir el diálogo. Y en este punto sólo tenemos una frase de Rodríguez Zapatero: “Para hablar de paz hay que olvidar, y para siempre, la violencia”. Los practicantes del wishful thinking entienden que el establecimiento de un nuevo proceso de diálogo requiere, según el presidente, “el cese completo y definitivo” de la violencia (a subrayar que la palabra “completo” la añaden los exégetas, pues no figura en el original). Sin embargo, es dudoso que el sentido de esta frase sea algo más que la retórica ampulosa que utiliza Rodríguez Zapatero para disfrazar sus intenciones. Porque, si para hablar de paz se requiriera de verdad el “olvido” de la violencia, no podría entablarse el diálogo hasta finales de siglo en el mejor de los casos, teniendo en cuenta los precedentes (los españoles estamos todavía construyendo el olvido de la violencia de la guerra civil de hace más de setenta años). Ironía aparte, no parece serio que se pretenda deducir de una frase tan cargada de retórica la precisión concreta de los requisitos exigibles a ETA-Batasuna para la apertura de un nuevo proceso de diálogo. Y como el presidente no es tonto, ni habla por hablar, sólo cabe pensar que esa vacuidad ampulosa esconde una decisión consciente: la de reservarse de momento la concreción de esos requisitos, de forma que tenga las manos libres para obrar en función de las futuras circunstancias.
La conclusión de este análisis a contrapelo es, entonces, la de que, en cuanto al fondo de la negociación, persiste el esquema ambiguo y borroso de premio político a cambio de paz, el mismo que demostró sus carencias en Barajas. Y en lo que respecta al tiempo, el presidente se reserva la decisión en cuanto a su oportunidad, envolviendo esa reserva en nubes de retórica. Vamos, que nada ha cambiado, por mucho que se afirme lo contrario. O precisamente por ello.