Siempre la paz

23 de Mayo de 2006 · (Sociedad)

Fernando Marcet Manrique

Hay quien sostiene que todo ser humano debería vivir una guerra para saber valorar la paz en su justa medida. Nosotros, los nietos del franquismo, sólo conocemos la guerra por lo que hemos visto en la televisión. Por lo que las pelis americanas nos han contado. Por lo que leímos en libros. Y a veces da la impresión de que esta paz nos incomoda, por los denodados esfuerzos que hacemos por truncarla.

“Es mejor morir de pie que vivir arrodillados”. Esta frase, que en un contexto determinado tenía un cierto aire de pureza y hasta de romanticismo, es una frase en cuya esencia está la misma esencia de nuestro desastre. El exceso de orgullo, el tomarnos demasiado en serio, el poner nuestras ideas por delante de cualquier vida, incluyendo la nuestra y la de quienes nos rodean.

Yo les diré otra frase. Seguramente no suene tan bien como la otra, ni tenga tanto “feeling”, pero la diré, no obstante: “Es mejor vivir de rodillas que matar a tu propio hermano”. Para esto hace falta mucho más coraje, mucho más orgullo, sin duda mucho más del que tan socarronamente hace gala la otra… y ya puede ser del mismísimo Che.

Se nos olvida que la paz es la base de todo. Sin paz no hay comida ni amor ni agua ni tele ni teatro ni cine ni futbol ni escuela ni coches ni árboles ni playa ni vivienda ni carril bici, ni grupos de rock ni concursos patéticos ni prensa del corazón ni leche por las mañanas ni nada de nada.

A los que ondean banderas y cantan himnos y se emocionan ante la diferencia, la exacerban y la aclaman yo les diría como mi abuela: “Una buena guerra les hacía falta”.

Porque ellos confunden la diferencia cultural con la endogamia reaccionaria. Confunden el amor a su tierra con el odio a lo de fuera. Se ofuscan, alzan las manos, escupen con la cara encendida cuando alguien insinúa la menor crítica a su tierra… sobretodo si ese alguien es de “fuera”. A esos les pondría American X una vez y otra, y otra… hasta que lo entendieran bien… hasta que supieran que la clave de la sana convivencia consiste en dejar de estar cabreados… constantemente cabreados por todo. Son los cabreados los que alzan manos y a los que se les pone la carne de gallina ante trapos de colores. Es imposible que alguien con sentido del humor deje de partirse de risa ante los gestos patéticos y grandilocuentes. Niños jugando a ser adultos.

La filosofía oriental dice que el hombre debería ser como la caña de bambú… cuanto más flexible, mejor. Y dice también que esa es la base de la felicidad. En cambio, la rigidez de ideas, el aferrarnos a “lo nuestro” y a lo que supuestamente somos es la forma más segura de acabar enfurecido. Enfurecidos contra nosotros mismos, contra el mundo, contra todo. No es que el hecho de que esto lo diga la filosofía oriental lo convierta en una verdad universal; si la filosofía oriental dijera que comer neumáticos usados es bueno para el colesterol, yo sería el primero en mandar a tomar viento la filosofía oriental. Pero me parece que la historia humana ha demostrado y sigue demostrando lo acertado de esta hipótesis en cuestión. Hitler era un gran cabreado, Mussolini estaba siempre cabreado, Franco cabreado, Stalin cabreado, Bin Laden cabreado… y George Bush me parece que tampoco es la alegría del huerto.

Soy nacido en Las Palmas, aunque lleve toda mi vida en Lanzarote. No sé si será suficiente motivo para que me digan aquello de “con lo bien que te acogieron en esta tierra”. Tengo tanto en común con Benito Pérez Galdós como puedo tenerlo con Mao Tse Tung. Nacimos en la misma isla, pero ahí acaban las similitudes. Somos dos seres humanos nacidos en épocas distintas, probablemente con opiniones distintas sobre muchas cosas. Ahora bien, ¿en base a qué debería ofenderme porque alguien hablara mal de Galdós? Tal vez me entristecería hasta cierto punto que un gran escritor como él fuera maltratado, igual que cualquier otro gran escritor. Pero, desde luego, el hecho de haber nacido en la misma isla que yo no le hace ni mejor ni peor a mis ojos. Son sus obras las que para mí lo hacen valioso. Sus obras, no su lugar de nacimiento. Y si tuviera que elegir entre un coreano amigable y un canarión fascistoide, me quedaría sin dudarlo con el coreano. No sé si estaré diciendo algo demasiado irritante para algunos.

Sabido es que la naturaleza pena el incesto y la endogamia en general. Los mejores especimenes siempre serán aquellos que posean una carga genética más variada. Los otros se atrofian, tienden a desaparecer. Por eso hace falta un mínimo de algunos miles de individuos para garantizar la supervivencia de cualquier especie. Con menos cantidad, la variedad genética no queda garantizada y la extinción es inevitable.

Pues bien, la endogamia cultural también existe. Aquellas sociedades que se obstinan en permanecer impermeables a las influencias externas caen rápidamente en el fanatismo, el integrismo y en el cabreo cotidiano. El cabreo cotidiano conduce a la guerra constante. Y la guerra constante conduce al exterminio.

Así pues, opino que está bien hacer gala de ciertas tradiciones, conservar algunas costumbres, o al menos recordarlas. Pero en el preciso instante en que se cruza la fina barrera en la que defender la tradición conlleva matar o morir por ella, o siquiera insultar por ella, y hay que elegir entre “defender lo nuestro” o pelear contra el resto del mundo, personalmente, me quedo con la paz. Porque sin paz no hay ni tradiciones ni vida. Sin paz no hay nada.

10 Comentarios

  1. Carlos Punto

    12:53 pm · 23 Mayo 2006

    Hace un día tan hermoso…

    Seguro que viene alguien y lo jode.

  2. S.G.

    1:13 pm · 23 Mayo 2006

    Amén.

  3. Leocadio

    2:55 pm · 23 Mayo 2006

    Me parece un texto bastante esclarecedor con respecto a lo que se lleva hablando en este blog desde hace unos días.

    Mi coincidencia con usted, sr. Marcet.

  4. Tasarte

    6:41 pm · 23 Mayo 2006

    ¿No nos conduce el nacionalismo a un abismo como el que usted señala y rechaza?
    ¿Es el momento de aparcar “lo nuestro” y abrirnos a lo telúrico?
    Sr. Marcet, tiene una pluma ágil y enriquecedora. Un verdadero deleite.

  5. Ramón Pérez Niz

    6:53 pm · 23 Mayo 2006

    Yo también me quedo con la paz, Fernando. Un gran artículo, enhorabuena.

  6. CSL

    9:50 pm · 23 Mayo 2006

    La frase, que yo sepa es de La Pasionaria y se pronunció en plena guerra civil. Por otro lado no considero que vivir arrodillado sea vida. En todos los momentos se debe luchar por la paz, pero hay momentos en que tienes que dar un puñete sobre la mesa o una patada en el culo de quién pretende acabar contigo y con la libertad.
    ¿Qué quieres PAZ O LIBERTAD? yo lucho por las dos, pero si tengo que renunciar a la Paz para conseguir la Libertad, renuncio. Lo que no haría es renunciar a la Libertad por tener Paz.

  7. Fu Mao

    10:43 pm · 23 Mayo 2006

    La paz es muy bonita hasta que se pasa hambre u otras penurias.

  8. Fu Mao

    10:43 pm · 23 Mayo 2006

    Y no olvidemos que nuestra paz se suntenta en la miseria de otros.

  9. Silvia

    2:24 pm · 24 Mayo 2006

    Recordar a Gandhi y el proceso de descolonización de India es una forma muy clara de visualizar que la guerra no es el único recurso para alcanzar la libertad. Y la pregunta ¿paz o libertad? es una falacia, porque no se puede plantear una elección entre dos términos cuando uno de ellos es condición de la existencia del otro. ¿O alguién piensa que puede haber libertad sin paz?

  10. fernando marcet

    2:39 pm · 24 Mayo 2006

    Decir que el comentario que puse en el artículo de Natalia, donde nombré a gandhi, lo escribí sin haber leído antes este de Silvia.

    Y estoy de acuerdo en que Gandhi nos brinda un excelente ejemplo de que la libertad se puede conseguir de una forma no solo mucho más “sana”, sino también mucho más eficaz que la guerra. En Africa los distintos clanes, naciones, tribus, llevan luchando por supuestas libertades desde tiempo inmemoriales… y sin embargo no dan la impresión de ser muy libres. No, no hay libertad sin paz. No se si esto lo dijo gandhi, pero la siguiente frase es una verdad como hay pocas: “no hay caminos hacia la paz, la paz es el camino”.

    Por cierto, no sabía que la frase era de la pasionaria, gracias a csl.

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