La sostenibilidad, según Adán
José A. Alemán
[Canarias Ahora, 7 de junio de 2006]
Adán Martín aprovechó el Día Mundial del Medio Ambiente menos tres cuartos para advertir que las islas se irán a hacer puñetas como siga el baile. Dijo que “las desmesuras se pagan siempre a medio y largo plazo”. Una gran verdad, aunque no estoy yo seguro de que el presidente haya localizado donde radica la desmesura.
Es desmesurado para Adán el crecimiento poblacional. Del zapatazo y a golpe de inmigración nos hemos ido a los dos millones de habitantes. Fenómeno con el que, dicho sea de paso, nada tienen que ver los cayucos, que es problema distinto al de esta “crisis demográfica” de que habla CC al constatar que el grueso del incremento de población lo integran personas no nacidas en Canarias.
Adán se ocupa de la cuestión para reclamar la comprensión de Madrid y situar las responsabilidades fuera de su campo. Sin embargo, esa “crisis demográfica” se debe en buena medida a la política del Gobierno canario perpetuadota de un modelo económico que nada tiene que ver con esa sostenibilidad que tan bonita queda de referencia en los discursos.
Es cierto que las islas, por el hecho de serlo, tienen grandes limitaciones físicas, de espacios disponibles y de recursos naturales; una capacidad de carga limitada. Comenzamos a ser muchos, pero aún no sabemos cuántos podemos llegar a ser. Por eso debe hablarse en ellas más que en otros sitios de sostenibilidad, palabro recurrente mal o nada definido por nuestros mandarines. Entre otras razones, la principal, porque son ellos quienes alientan y apoyan, cuando no promueven, macroproyectos reñidos con cualquier idea de sostenibilidad.
Son estos macroproyectos el auténtico “efecto llamada” que el PP reduce, para mortificar a Zapatero, a la regularización de sin papeles. Son los que atraen a trabajadores de fuera cuando la población nativa resulta insuficiente. Equilibrar proyectos e inversiones respecto a los recursos humanos disponibles y atemperar la incorporación e integración de quienes van llegando sería la madre del cordero; pero en lugar de eso, sólo se mira a los intereses del dinero más o menos caliente que realiza sus inversiones allí donde le cuadre y reclaman mano de obra del exterior. La llaman. El caso de El Cotillo, en Fuerteventura, es el primero que me viene a la cabeza como ejemplo de insostenibilidad: una población reducida, relegada a la marginación y pérdida de identidad y referentes por los miles de camas que alguien decidió poner allí. Con ese modelo de funcionamiento seguiremos echándonos a la boca más de lo que podemos revolver.
La cuestión es quién le pone el cascabel al gato de la sostenibilidad. No es fácil pero para intentarlo están los mandarines. No basta la referencia protocolaria del Día del Medio Ambiente. Hace falta algo más que discursos.