En busca de otro milagro
Jorge M. Coll
[Lancelot, 9 de junio de 2006]
Lo he contado alguna vez, lo cual comienza a mosquearme por aquello de que repetirse mucho es reflejo de envejecimiento prematuro y, sobre todo, de falta de imaginación e ingenio. Nada más bajar del avión desde Barcelona, tras terminar periodismo en abril del 83, fui casi directamente a La Villa para cubrir el famoso y accidentado pleno en el que Dimas Martín iba a ser proclamado alcalde de Teguise. Para estrenarme como periodista no estuvo nada mal la experiencia.
La Guardia Civil se vio obligada a entrar en el abarrotado salón de plenos para desalojar por la fuerza al numeroso y alterado público. Un centenar de personas, mayoritariamente simpatizantes del PSOE, que no dejaban de lanzar sobre la mesa plenaria monedas e incluso billetes de cien pesetas como símbolo de protesta, mientras abucheaban e insultaban enardecidos por la rabia al hoy líder del PIL. No era para menos, pues Dimas Martín les había birlado a los socialistas la alcaldía que éstos habían ganado en las urnas. “Empieza bien la legislatura, con la arcas llenas de dinero”, fue la ocurrente salida de un pícaro Dimas Martín al comenzar su improvisado discurso de investidura, que pronunció nada más obtener el bastón de mando y mientras estaba rodeado de dinero. Una imagen que el gran reportero gráfico José Luís Rojas inmortalizó para la posteridad en LANCELOT.
El líder del PIL había conseguido que un concejal que se había presentado en las listas del PSOE, Alfonso Tolosa (ya fallecido), le votara como alcalde de Teguise. También lo hicieron los concejales del PP y los del extinto CDS. Nadie sabe a ciencia cierta cómo lo consiguió, aunque fueron muchas y dispares las especulaciones que recorrieron Lanzarote. La prensa de aquel entonces bautizó la operación política como Pacto de las Tuneras porque, por lo visto, Martín y Tolosa firmaron el acuerdo al atardecer y escondidos tras unas tuneras en Guatiza, algo poco creíble, por cierto. Pero daba lo mismo, lo importante era vestir la historia de cierto misterio e intrigas que luego marcarían todo lo que se movía entorno a Dimas. Así comenzaba la leyenda de este hombre que deslumbró a todos los lanzaroteños con su inagotable imaginación, a veces simplemente descabellada y otras, realmente osada. Un hombre que se metía en los mayores líos políticos y no políticos imaginables y que lograba salir milagrosamente intacto cuando no reforzado por ellos. Parecía tocado por un manto protector especial que incluso hizo pensar a una parte del pueblo lanzaroteño que era el enviado de alguna divinidad griega.
Porque lo cierto es que Dimas Martín consiguió que la gente más necesitada y olvidada de la isla, agricultores, ganaderos y pescadores, viese en su figura, por fin, a un político cercano, del pueblo, que se preocupaba de los más débiles. O, al menos, eso parecía por mucho que luego la mayoría de sus proyectos se quedaran en poco, fracasaran o no sirviesen para salvar al sector primario. E, incluso, a pesar de que se viera involucrado en operaciones más o menos irregulares que normalmente servían para sacarlo de los apuros económicos en los que se metió para pagar cebollas, leche o campañas electorales. Si había prometido a los agricultores que iba a pagar las cebollas a 40 pesetas el kilo, las pagaba, aunque luego no le quedara más remedio que tirarlas o malvenderlas. Con un lenguaje directo, populista y con ciertas dosis mesiánicas consiguió embelesar a los lanzaroteños. Pronto, su fama saltó a otras islas hasta el punto de que algunos sondeos detectaron que la figura de Dimas Martín estaba entre los diez políticos más conocidos de Canarias. Sin embargo, el cántaro fue tantas veces a la fuente que terminó rompiéndose. El último pronunciamiento del Tribunal Supremo confirmando la sentencia de ocho años de cárcel y 15 de inhabilitación por el caso del Complejo Agroindustrial parece definitivo. Su gran obra, la que lo catapultó al estrellato político terminó por hundir su carrera. De todas formas, Dimas todavía tiene esperanzas de que un milagro lo salve de Tahíche. Ojalá.
Rafael Cano
11:12 am · 10 Junio 2006
“Nadie sabe a ciencia cierta cómo lo consiguió” [que le votarán los de otros partidos para la alcaldía de Teguise]. “Operaciones más o menos irregulares”. Pues así lo consiguió, con operaciones que nada tenían de “más o menos irregulares”, sino que era directamente ilegales. Es decir, lo consiguió a base de delinquir, como los tribunales han puesto de manifiesto en repetidas ocasiones. Pero Jorge Coll prefiere suavizar los hechos, son demasiados años conviviendo con el delincuente… y se le coge cariño. Son demasiados años compartiendo “cosas”… y se crean fidelidades.
Quizá lo que podría haber escrito Jorge Coll era sobre ese joven que volvió a la Isla con su recién estrenado título de periodista, con el propósito de hacer periodismo, para que al final… tuviera que hacer el Lancelot. Las decepciones de la vida. Claro que hay quien no sólo se olvida de lo que algún día pensó, sino que se adapta a las “necesidades” de la vida… y del negocio con una facilidad verdaderamente significativa.
tigreton
12:47 pm · 10 Junio 2006
Pues yo creo que el retrato del personaje que Coll hace no ha estado mal del todo. Qué pena que lo haya estropeado con ese “Ojalá” final. Parece mentira que con una sola palabra todo un artículo cambie de un signo a otro. Y la de amigos satisfechos que se habrá asegurado (y de publicidades para su revista) gracias a ese simple y nimio “ojalá”.
WAR
4:41 pm · 10 Junio 2006
Jorge M. Coll, vete “pal carajo”, en plan colega, no te lo tomes a mal, vete “pal carajo”. Con este artículo y otros similares en el Lancelot sabemos de qué pata cojeas, claro que hay que pagar a los empleados y sacar el negocio adelante, bueno lo de pagar a los empleados sí, pero de aquella manera, y con esos contratos que son de juzgado de guardia, en esto último sólo eres igual o un poquito peor que el resto de los empresarios de los medios de comunicación, pero dejemos este tema.
La descripción que haces de la azarosa y desventurada vida del pobre Dimas parece una mala caricatura del personaje real, casi consigues que me de pena el pobre hombre, ¡joder la mala suerte que tiene !, él que siempre ha luchado por su pueblo y que sin saber cómo se veía siempre metido en problemillas, problemillas que apuntan alrededor de dos mil millones de las antiguas pesetas estafados aquí y allá, calderilla… . A cuántos dejó de pagar y a cuántos nunca pagó ni pagará nada, y a cuántos les dio un cheque en fechas de elecciones diciendo: si gano cobras. En Tahiche, y no en la cárcel, yo conozco a algunos que nunca hablarán porque les da vergüenza reconocer su error y a otros que todavía hoy le votarían con la esperanza de cobrar algo, la ignorancia es así de jodida, aunque es peor aún, y hace más daño, la ignorancia ilustrada, la que es capaz de defender lo indefendible a cambio de unos posibles eurillos, y lo que no sabremos ¿verdad Jorgito?, pero claro, tú , periodista de pro que conoces como nadie los entresijos de está isla nos quieres enseñar la verdad, el camino, ¿o más bien estarás como siempre mercadeando con las medias verdades y presto como buitre a sacar tajada de donde sea, incluso de un posible cadáver político, importándote una mierda la información , la verdad y el periodismo?. La pela ,es la pela, verdad Jorgito, ¿y tú te llamas periodista?. Alardeabas de ser el director más joven de un medio de comunicación en España, llámate juntaletras y gracias, y deja ya de contaminarnos con esa cosa que se llama Lancelot, bastante mierda hay en Lanzarote, para que aún contamines tu más, y que conste que sólo me refiero a la línea editorial de tu medio, que varía según quién o quienes paguen, no a tus trabajadores, ellos no tienen ninguna responsabilidad, bastante tienen con aguantarte.
Y dices que en su momento San Dimas era uno de los políticos más conocidos en nuestra comunidad; yo estaba estudiando el La Laguna cuando el “fenómeno” Dimas eclosionó en el firmamento político de Canarias, y claro que le conocían y que vergüenza me daba a mí ser conejero, porque se le conocía ya en ese momento por sus desmanes y su arte para el chanchullo político y la “compra” de voluntades para dar giros políticos inesperados, o por tirar cebollas y leche y no pagar a la mayoría de los afectados, ¡claro que era conocido!, pero por dejar una imagen en toda Canarias sobre Lanzarote que todavía perdura, una isla de políticos y empresarios corruptos y lo peor, un pueblo corrompido por el ejemplo dejado por sus dirigentes. Aunque no sean todos los políticos ni todos los empresarios culpables, para muchos de nuestros paisanos, esta isla es jauja, pero en mal sentido claro. Y yo culpo a todos los medios de comunicación que como el tuyo a cambio de subvenciones y chanchullos económicos callaron, ( no estaría mal que la fiscalía anticorrupción le diese una “manita” a los medios, a más de uno le da el patatús, ¿verdad Jorgito?, tranquilo que no ibas a estar solo) y callaron como lo que eran…, siervos al servicio del dinero, vuestro silencio y vuestras medias verdades y mentiras completas, ¡cuánto daño han hecho a Lanzarote! Cállate, Jorge M. Coll, cállate. Gracias.
PACE
10:21 pm · 10 Junio 2006
And I blame to all the mass media about that as yours in exchange for subsidies and economic grafts they kept silent, (it would not be bad that the district attorney’s office anticorruption was giving to him(her) a “manita” to the means, it(he,she) gives the swoon to more of one, truth Jorgito?, calm that you were not going to be alone) and they were quiet as what they were …, serfs to the service of the money, your silence and your half truths and complete lies, I damage how much they have done Lanzarote! Keep silent about you, Jorge M. Coll, keep silent about you. Thank you.
Lucas
11:27 pm · 10 Junio 2006
Im-presionante, Jorge, im-presionante…. porque impresionante es en realidad una palabra compuesta… a pesar de lo que diga la RAE. En todo caso, Jorge, ¿cuánto me cobrarías por proclamarlo a los cuatro vientos?
Hija de agricultor
10:11 am · 13 Junio 2006
Cuando leí su artículo titulado “En busca de otro milagro” volví a mirar la fecha de publicación, pues pensé que debía estar leyendo un Lancelot de hacía años, pero las frases finales dejaban claro que su artículo era reciente.
Sorprendida aún de que alguien puede pensar que Dimas ha sido un buen político (aunque lo respeto pues sobre gustos e ideologías no hay nada escrito), lo que me parece vergonzoso (entre otras cosas de su artículo) es que usted se atreva a escribir lo siguiente: “Si había prometido que iba a pagar las cebollas a 40 pesetas, las pagaba, aunque luego….” “Luego nada” señor Coll, el señor Dimas debe aún muchísimo dinero a los agricultores de la isla. ¿Quién le ha contado a usted esa versión? Seguro que el propio Dimas, que a base de vivir contando mentiras ya se cree su historia (el secreto de los grandes mentirosos que hacen creer a los demás que lo que están diciendo es cierto).
Pero le aclaro que aún rondan por Lanzarote muchos pagarés, y esta sí es una verdad, porque la he vivido yo. Y a mí permítame la duda de que tal vez a la agricultura le hubiera ido mejor en Lanzarote sin la presencia del señor Dimas.
Usted puede seguir suspirando para que Dimas no vaya a la cárcel, mis suspiros serán para que algún día los agricultores, y otros muchos más (me consta) reciban lo que por derecho les corresponde, y no es otra cosa que lo que merecen por haber trabajado como nadie.
Y yo también voy a decir OJALÁ, ojalá no vuelva a ver al señor Martín desempeñando ningún cargo público en esta isla. Aunque luego quedan todos los títeres como usted que además tienen la oportunidad de escribir disparates en medios públicos.
Se habla en muchas ocasiones de periodismo comprometido, el suyo perdió la primera sílaba y simplemente se prometió al político más dañino de esta isla