Papas caras, tabaco barato
Fernando Marcet Manrique
Hace unos meses pasó una noticia medio de puntillas por los medios de comunicación insulares. Una sentencia había resuelto que el “Lidl”, cadena de supermercados, no pudiera implantarse en Lanzarote por sobrepasar el límite de metros cuadrados disponibles en la isla para este tipo de instalaciones. En su momento yo fui uno de los que tampoco le dio demasiada importancia al tema. Una franquicia menos. No es algo por lo que a priori uno montaría revoluciones.
Así pensaba yo, así me lo enseñaron, como la china de la noche hache. Hasta que estuve de vacaciones en Francia este verano. Para ponerles en situación diré en primer lugar que en Francia el sueldo mínimo interprofesional supera los 1.200 euros. Como lo leen. Ese es el sueldo mínimo. Así, por comparar, diremos que en España apenas llega a los 600 euros. La mitad. Y supongo que estarán al tanto de que en Lanzarote los que tienen un sueldo que supere esos 1.200 euros son unos auténticos privilegiados.
Sería de esperar que en Francia, dado que los sueldos duplican los de aquí, los precios fueran a la par. Y de hecho así es en bastantes cuestiones. Pero no en todo.
En efecto, tomarte una caña en un bar francés no te baja de los tres euros, la entrada del cine está por los diez, una cajetilla de tabaco supera los cinco euros…, precios que significan el doble o más de lo que tenemos aquí. Es justo, si ganan el doble, pues que paguen el doble. Sin embargo, estos ejemplos expuestos llaman al engaño. Porque volviendo al tema que me ocupaba, en Francia hay muchos supermercados de esos llamados “Lidl”. Supongo que habrá otros de similares características, pero en este artículo estoy hablando de estos en cuestión porque ésta era la firma que pensaba implantarse en Lanzarote. Pues bien, yo tuve la oportunidad de entrar en uno de ellos. En Francia, en el país de los 1.200 euros. Y pásmense. Al menos yo me pasmé. Los precios eran mucho más baratos que los de nuestros supersoles, hiperdinos y demás. Pero los precios de todo. Lácteos, pan, chocolate, champú, pilas… todo era más barato que aquí.
Les puedo asegurar que lo sé porque soy uno de esos a los que le cuesta llegar a fin de mes y se ha pasado por todas las grandes superficies de la isla buscando los precios más baratos. Así que sé de qué hablo. Aquel Lidl que había en Francia, a las afueras de París, tenía precios mucho más baratos que los que aquí tenemos. Con sus 1.200 mínimos al mes, cualquier francés puede hacer una compra mensual que le salga bastante más barata que a cualquiera de nosotros. Es cierto que con lo que se ahorra no se puede ir de marcha todos los fines de semana a coger una borrachera, a menos que se quiera gastar aún más de lo ahorrado, pero sí que se puede hacer buenos viajes de cuando en cuando… para beber barato ya están las Canarias.
¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que, ciertamente, en Francia hay muchas cosas más caras que aquí, pero lo básico, léase comida y vivienda, tiene unos precios similares cuando no inferiores a los nuestros. Al turista le da la impresión de que todo es muchísimo más caro porque sólo come y bebe en restaurantes o bares. Pero la vida del francés medio es muchísimo más desahogada que la nuestra porque la relación sueldos–precios es mucho más ventajosa en lo que se refiere a gastos básicos.
Somos nosotros los que lo tenemos todo al revés. Y díganme si no es opuesto a la lógica que los lujos y los vicios los tengamos tirados mientras la comida y la vivienda están sólo al alcance de las economías más pudientes. El tabaco, el cine, el alcohol, el perfume…, en esos productos tenemos los precios más bajos de Europa. Pero en lo que se refiere a la comida y la vivienda (¿acaso hay algo más básico que eso?) nuestros precios superan incluso los de Francia. La cosa tiene su lógica. Como nos cuesta llegar a fin de mes por culpa de la hipoteca y la cesta de la compra, entonces nos damos al tabaco y al alcohol, que para eso son muy baratos. Magnífica forma de construir una sociedad próspera.
Y lo peor de todo es que nos tienen engañados con el cuento de que los precios de la comida son más caros por eso de la doble insularidad y etcétera, etcétera. Desenterrando las noticias de aquellos meses he podido leer que los señores del “Lidl” aseguraban poder ahorrar a cada consumidor en torno a los dos mil euros anuales en comida. Casi nada.
Así que estamos en lo de siempre. Los únicos a los que no les interesaba que dicha empresa se instalara en Lanzarote eran los Marciales de toda la vida y demás aprendices de cacique lugareños. Los que llevan enriqueciéndose a costa de todos los demás gracias al monopolio que ostentan ominosamente. Y que consiguieran que todo un órgano judicial les diera la razón resulta bastante preocupante. Algo me dice que una inspección fiscal externa a dicha sentencia seguramente encontraría bastantes irregularidades. Llámenlo intuición de residente en zona turística (en Marbella había muchos como yo) ¿Que no hay metros cuadrados suficientes? Supongo que los están reservando para hoteles y campos de golf.
Pedro G
10:16 am · 17 Julio 2006
Quizá acabemos por ver que no está tan claro, ni mucho menos, que el insularismo empresarial que nos llevan vendiendo ya varios años sea tan positivo para el conjunto de la población, que el hecho de que los empresarios locales controlen su Cámara o que intenten hacerse con un puerto autónomo es de lo más lógico para sus intereses, que no son otros que cerrar la Isla a la competencia foránea para mantener el oligopolio. Porque hay que ser bastante ignorante para no darse cuenta de que la tan publicitada carestía de la cesta de la compra en Lanzarote, con relación incluso a las otras islas, tiene una explicación evidente: los superiores márgenes comerciales que cargan los empresarios locales. Pese a lo cual, aún hay quien piensa que la batalla por la Cámara o por la autonomía del puerto es un objetivo que beneficia al conjunto de la sociedad. En realidad, es un ejemplo de cómo nos comen el coco.
alfil
11:28 am · 17 Julio 2006
Yo también tengo la impresión de que lo de la cámara de comercio no es sino una forma más de asegurarse de que todo el pastel sigue quedando bien repartidito por los de siempre, sin que pueda venir ninguno de fuera a arrebatar migaja alguna. Y claro, cuando desaparece la competencia los que salen perdiendo son siempre los consumidores.
Rea
11:30 am · 17 Julio 2006
En curenta años de andadura, más o menos, los Marciales han hecho un imperio, con hotel y todo. Eso no se realiza con precios razonables ni con buenas prácticas empresariales, ni con márgenes razonables. No obstante es un mercado libre, y si no nos gusta nos vamos a la competencia. Lo olvidaba, no hay competencia.
Juanjo
4:35 pm · 17 Julio 2006
Es cierto lo que dice el articulista. Pero se le olvidó mencionar un detalle de los supermercados Lidl. No encuentras un dependiente ni por casualidad, y la mercancía más que colocada está dispersa. Los buenos precios son producto de que casi no tienen personal. Yo lo preferiría para Lanzarote aun así, pero sólo quería precisar cómo consiguen tan buenos precios.
Fernando M.
10:22 am · 18 Julio 2006
Es cierto que apenas tienen personal. Y no solo eso, además te cobran cada bolsa que necesitas para llevarte la compra. Pero aun así, me parece que sería una opción recibida como agua de mayo por más de un lanzaroteño, yo el primero. Los que pudieran permitírselo siempre podrían seguir comprando en los otros supermercados de toda la vida.
Silvia
1:32 pm · 18 Julio 2006
Los artículos de primera necesidad en Lanzarote no sólo son carísimos sino de una calidad ínfima, y de manera muy especial los alimentos frescos como frutas y verduras. Pero no creo que vayan a ser los empresarios los llamados a poner el remedio. Sólo se podrá paliar esta situación si la iniciativa ciudadana confluye en una asociación de usuarios que canalice las demandas de la población.
Zingarina
9:12 pm · 18 Julio 2006
Para empezar decir que no soy una entendida en el tema, más bien todo lo contrario, pero me gustaría apuntar una cosilla. Ni en Francia se vive tan bien ni en Lanzarote tan mal (y lo digo por experiencia, que para eso residí en Francia durante un año). Es cierto que en Lanzarote la comida está por las nubes y que en muchos otros sitios existen cadenas comerciales que abaratan los precios enormemente, como bien dices, Fernando, el lidl es muestra de ello. Pero tampoco creo que sea esa la solución. Donde yo vivo ahora hay más de un lidl y ¿qué quieres que te diga? aún siendo yo misma una de tantas que casi ni llega a final de mes, no crompo alli prácticamente nunca. En el lidl toda la comida es rara, y sí, hay yogurets, por ejemplo, muy buenos, aunque sean de dudosa procedencia y estén hechos con dios sabe qué, pero la calidad es bastante pésima y me temo que ESO es lo que debería importar. Con esto no quiero decir que mejor marciales caros que lidls malos, para nada, sino más bien que procuremos que bajen los precios y dejémonos de grandes marcas chupasangres.
Fu Mao
10:54 am · 19 Julio 2006
Zingarina acaso sabes de donde vienen los yogures del hipermar?